Arturo Toscanini fue uno de los directores de orquesta más reconocidos del siglo XX porque su música, además de su extraordinaria calidad, fue pionera en llegar masivamente a los hogares a través de las primeras grabaciones de disco y televisión. Mostró su talento precoz a los 19 años de edad durante una gira por Sur América, cuando ante la sorpresiva ausencia del director asumió la dirección de la orquesta, de memoria y sin partitura, a pesar de que nunca había tenido experiencia como director, pues él era violoncelista.
Era capaz de visualizar las partituras y memorizar la música de cada instrumento; en algunas grabaciones se le escucha susurrando la melodía de alguno de ellos. También es recordado por un perfeccionismo enfermizo que mantenía en permanente zozobra a los músicos, pues no toleraba la menor desviación, era un dictador de la partitura. Se dice que tal era el nivel de estrés, que entre los 100 músicos de su orquesta había 102 úlceras, pues todos tenían una pero dos de ellos tenían dos.
Pero existe otra forma de dirección que se antepone al estilo de Toscanini y que se ejemplifica por la ejercida por los directores de grupos de jazz o de salsa. Éstos se enfrentan a melodías no muy bien definidas, abiertas a la improvisación, y su rol es escoger a los mejores músicos, cohesionarlos e inspirarlos para asegurar la calidad de la obra, proporcionarles el ambiente para que cada uno dé lo mejor de sí mismo, y armonizar el desempeño de cada uno para lograr la excelencia colectiva.
El liderazgo tipo banda de jazz es apropiado en coyunturas como las actuales cuando los cambios son acelerados, donde el pasado no provee respuestas, donde no hay partituras y donde los problemas son de tal complejidad que una sola persona no alcanza a acumular las competencias necesarias para sortear con éxito los retos colectivos.
Los líderes políticos, los dirigentes cívicos, los técnicos deportivos y los gerentes empresariales tienen estilos de liderazgo que los sitúan en algún punto entre el estilo de Toscanini y el de los directores de jazz.
Ronald Reagan, por ejemplo, lideró los cambios más profundos en la sociedad norteamericana desde la Gran Depresión. Independiente de su ideología neoliberal, amigos y enemigos lo reconocen como un líder extraordinario que aglutinó diversos intereses privados y religiosos, para enfrentar la amenaza de la Unión Soviética.
Su estilo de gobierno consistió en delegar las actividades administrativas a su equipo. Él mismo definió su función así: "Identificar el problema y poner objetivos claros y alcanzables; hallar las personas adecuadas para resolverlo, quienes obviamente deben compartir la visión propuesta, y luego dejarlas hacer su trabajo, para lo cual hay que delegarles la autoridad y protegerlas de los enemigos". Él se veía a sí mismo como el Gran Comunicador, responsable de comunicar, cohesionar y facilitar la labor de sus colaboradores.
El estilo de liderazgo del presidente Álvaro Uribe se aproxima al de Toscanini. Tiene capacidades igualmente extraordinarias que despliega en cada jornada. Conoce los más diversos problemas mejor que sus propios ministros, está al tanto de lo que ocurre en cada municipio y sabe más de sus problemas que los mismos alcaldes, le presta una atención obsesiva al detalle y tiene una gran pasión por trabajar, trabajar y trabajar.
Bien para el 2010 o para el 2014 los colombianos tendremos que encontrar un candidato para suceder a Uribe y será difícil, si no imposible, encontrar otro igual. El sucesor a lo mejor tendremos que escogerlo de un estilo que se asemeje más al director de un grupo de jazz que al estilo Toscanini.
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