HISTÓRICO
El agro avanza, pero poco
  • Ilustración MORPHART
    Ilustración MORPHART
El Colombiano | Publicado el 19 de mayo de 2013

Cuando en el Plan de Desarrollo se seleccionó la agricultura como una de las "locomotoras" del país, se pensó que el sector no solo iba a recuperar las tasas de crecimiento históricas sino que alcanzaría niveles cercanos a su potencial.

Dichas expectativas respondían a las amplias posibilidades que ofrece la valiosa riqueza natural del país, como a las experiencias recientes de otras naciones latinoamericanas, como Brasil, Perú y Chile, que han visto cómo, gracias a la implementación de buenas políticas públicas, sus agriculturas presentan desempeños exitosos en términos de producción, exportaciones y condiciones de vida.

En estos tres años de gobierno los resultados que exhibe la agricultura colombiana han estado por debajo de lo presupuestado. Aunque el sector ha vuelto a crecer a tasas positivas, éstas continúan siendo bajas. Además, las actividades que crecen, como es el caso de la ganadería, no son la mejor expresión del potencial disponible.

El mayor crecimiento ha facilitado que el desempleo rural se mantenga bajo y que la pobreza rural disminuya. Sin embargo, el subempleo, la informalidad y las brechas con las ciudades siguen altos, lo que implica que los avances sociales aún no sean contundentes.

Durante los años que Juan Camilo Restrepo estuvo a cargo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR) el énfasis de la política sectorial se centró en el problema de la tierra. Ello hizo que la agenda productiva y comercial no recibiera la atención que se merece. Muy seguramente ello afectó la marcha del sector y ayuda a explicar su desempeño.

Sin duda la tierra constituye uno de los factores que más ha impedido el desarrollo vigoroso del sector agrícola. Además, el acceso a este recurso se convirtió en el medio para acentuar la inequidad y la pobreza en el campo. Esto hace válida y pertinente la decisión de intervenir sobre dicha problemática.

Sin embargo, resulta equivocado pensar que le corresponde al MADR cargar con todo el peso de un problema que, por su magnitud y complejidad, requiere del concurso de otras instancias del Estado.

Otro asunto de gran importancia para el desarrollo de la agricultura lo constituye la política comercial. En esta materia el Gobierno ha mantenido los principios de altos niveles de protección y apoyo que, de tiempo atrás, han caracterizado el manejo del sector y han impedido que Colombia exhiba las dinámicas experimentadas por sus pares latinoamericanos.

Las actuaciones recientes del Ministerio, en las que se han entregado generosos subsidios y apoyos a productos específicos, antes que favorecer el propósito de disponer de una agricultura productiva capaz de enfrentar exitosamente los TLC, ocasionan el debilitamiento del sector pues lo hacen cada vez menos competitivo y más dependiente del fisco.

Aunque parte de los recursos de inversión del MADR se han dirigido a impulsar el gasto en bienes públicos, como son el riego, la investigación y la asistencia técnica, los procesos de transformación productiva avanzan muy lentamente pues los recursos son limitados y estos no obedecen a una estrategia definida. En esto es mucho lo que hay que aprender de nuestros vecinos, anteriormente dichos.

Lamentablemente, durante estos años no se dieron mayores avances para dotar al sector de una institucionalidad ajustada a los retos actuales y futuros del desarrollo de la agricultura.

Como se ve, el nuevo Ministro de Agricultura tiene urgentes y complejas tareas que adelantar para asegurar la prosperidad del campo.