HISTÓRICO
El paso de la cebra
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Juan Pedro Villa-isaza | Publicado el 25 de agosto de 2010

Afirman los diccionarios, recordando la piel de las cebras, que el paso de cebra es el lugar por el que se puede cruzar una calle y en el que el viandante tiene preferencia.

Es importante tener en cuenta que la cebra, pobre animal solípedo y salvaje, no tiene la culpa. Además, es posible y probable, partiendo de un defecto en los hábitos sociales y en los comportamientos individuales, deducir que los señores filólogos y diccionaristas están equivocados, y, por lo tanto, que es necesario redefinir la palabra.

En primer lugar, el paso de cebra no es el lugar por el que se puede cruzar una calle porque el peatón no la cruza o no la puede cruzar por dichas franjas paralelas.

No la cruza por la cebra porque tiene afán o pereza. Y no la puede cruzar por dicho paso porque no hay tal o porque está invadida por algún conductor: un motociclista, un automovilista, un taxista o un busero.

En segundo lugar, el viandante no tiene preferencia en el paso de cebra porque la preferencia la tiene el conductor de cualquier vehículo. Si no hay semáforo, cruzar la calle por la cebra es como cruzarla por cualquier lugar. Y si hay semáforo, la preferencia la tiene el ciclista o por lo menos cree tenerla.

No es importante hacer hincapié en el ciclista porque éste es merecedor de otro artículo, debido a que parece estar convencido de que posee incluso más derechos que el automovilista, pero ninguno de sus deberes.

Por supuesto, es posible encontrar por lo menos una persona (peatón o conductor) que haga buen uso del paso de cebra, pero esta es una excepción que no altera la regla general.

Asimismo, existen campañas contra la falta de racionalidad que son necesarias pero, desgraciadamente, insuficientes. Entre éstas, la reciente campaña a favor de la inteligencia vial es digna de admiración y también es merecedora de otro artículo. El estudio se basa en una premisa cuestionable que dice que el hombre tiene la inteligencia vial y que la solución al problema es simplemente usarla (como si tuviera un interruptor que activara dicha capacidad).

Yo, aunque falto de experiencia, propongo que el hombre tiene que desarrollar la inteligencia vial. Sin embargo, la campaña es el resultado de un trabajo muy interesante (y muy sorprendente: por ejemplo, la mitad de los conductores cree que no tiene comportamientos descuidados).

En conclusión, afirmarían los diccionarios actualizados que, recordando la naturaleza salvaje de las cebras, el paso de cebra es el lugar por el que se debería cruzar una calle y en el que el viandante debería tener preferencia.

En general, los guardias de tránsito, que deberían ser el peatón y el conductor, no se preocupan por respetar ni por hacer respetar el paso de cebra, y actúan de modo irracional.

Se trata, pues, de un problema sociocultural y aparentemente trivial, pero infinitamente trascendental, cuya solución es una transformación posiblemente utópica que es responsabilidad de todos y no de pocos.