HISTÓRICO
¿EN DÓNDE ESTARÁ LA FALLA?
  • ¿EN DÓNDE ESTARÁ LA FALLA? | ÁNGELA MARULANDA
    ¿EN DÓNDE ESTARÁ LA FALLA? | ÁNGELA MARULANDA
Por ÁNGELA MARULANDA | Publicado el 08 de diciembre de 2012

Soy de la generación de la posguerra, esa que creció en los 50 y 60, en la que solo los hijos mayores estrenaron y a los menores nos tocó todo de segunda mano.

Como la austeridad era un valor y la opulencia se consideraba propia de "nuevos ricos", las mamás reciclaban todo (incluidos los pañuelos desechables que guardaban para luego usar el pedacito que quedó limpio).

Las sobras de la comida del sábado se volvían el calentado del desayuno del domingo.

La ropa de los hijos mayores se remendaba y adaptaba para los menores, quienes no estrenamos sino las medias de nylon a los 15 porque, por fortuna, no aguantaban mucho más que un par de posturas.

También recuerdo la felicidad que sentíamos cuando nos llevaban de paseo el domingo, todos apretujados atrás, mientras papá y mamá iban adelante y a sus anchas, porque ellas no cedían su lugar "para que los niños no peleen por la ventana".

Por supuesto que tampoco tuvimos TV ni dividí ni videojuegos, ni teléfono propio. En el mejor de los casos, de 15 nos regalaban un radio transistor, que teníamos que "compartir con sus hermanos".

No conocimos una habitación privada hasta que nos casamos, y los menores ni siquiera una cama propia porque a menudo teníamos que cedérsela a los primos que se quedaban a dormir.

Tampoco tuvimos más de un par de juguetes, que debíamos compartir con el "hermanito", no por generosos sino porque nos obligaban.

Quizás por eso, todo podía convertirse en un elemento clave para jugar: las cobijas en carpas, las cajas de cartón en cohetes, los tubos de los rollos de papel de baño en telescopios, las escobas en caballos, los palos en espadas.

Y nunca necesitamos un "recreacionista" para que nos entretuviera en los cumpleaños, ni tutores para ayudarnos con las tareas, ni la garantía de un viaje a Disney para que estudiáramos formales, ni que nos regalaran carro porque nos graduamos del colegio.

Me pregunto: ¿Qué será lo que hay que rescatar para que nuestros hijos gocen lo que tienen, aprecien lo que reciben, valoren todos los privilegios con que cuentan, es decir, para que vivan felices y agradecidos por lo afortunados que son?.