HISTÓRICO
En la llanura sobreviven los vaqueros
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    En la llanura sobreviven los vaqueros |
Por Jorge Iván Posada, Enviado especial, Arauca - Fotos Jaime Pérez, Enviado especial, Arauca | Publicado el 09 de febrero de 2013

Rayo es un alazán cerrero y *Julián es un vaquero de 14 años. Hoy es el gran día para este llanero que, por primera vez, domará a un potro bronco que su padre le regaló.

En el rústico establo, *Daniel, su hermano mayor, y *Juan, el mayordomo, le vendan las ojos a Rayo. Resopla, relincha, alza las patas delanteras. Pero Julián le acaricia la testuz, le grita, le sonríe: "¡Rayo, Rayo, Rayo, so, so, so…".

En el hato de la vereda Mata de Piña, del municipio de Arauca, muy adentro en el llano, todo está listo para la faena: la silla en el lomo, el bacado para dirigirlo y la pista, que es la laguna donde habitan 80 chigüiros.

Pese a que El Hato tiene 500 hectáreas, este es el lugar preferido por Julián y Daniel para correr y correr con sus caballos, antes de ir a pastorear, con el sol a cuestas, 400 reses pringadas (cruce de ganado criollo con el cebú indio).

Daniel se agacha, Julián se apoya en su espalda y Juan lo ayuda a subir. Su padre *Horacio Rodríguez —un viejo llanero de ojos negros, de bigote en canas, de palabras que alarga con su acento, y que es uno de los tres propietarios de El Hato— lo espera, al lado izquierdo, encaramado en su caballo blanco. A la diestra, su hermano está presto para perseguir el galope de Rayo. "Uno..., dos..., ¡tres…".

Y brinca como un animal que acaba de nacer, como si tuviera fuego en el gaznate. Julián jala la rienda del jamelgo descontrolado y loco, que corre por toda la laguna tras otros caballos.

"¡No lo suelteee, hijooo, no lo suelteee…", le grita su padre, mientras Julián agarra el cuerno de la silla. Continúa el trote, el agua a los aires, los chigüiros se espantan. El niño empuja las riendas de nuevo, golpea al caballo, se aferra a la crin.

Entonces, la carrera del animal se detiene, la de Julián también; ambos tienen la cabeza embarrada. Julián dejó atrás su sombrero: acaba de domar a un trotador, pudo haber caído, fracturarse la columna y todas las costillas, pero sigue sonriendo el vaquerito.

Empapado de sudor como Rayo, regresa a la caballeriza. Son las 12 del medio día y ya es hora de almorzar, en una de las 50 mil familias que viven de la ganadería en toda Arauca, según la Secretaría de Agricultura del departamento. El sol reverdece la vasta sabana y el pie de monte llanero, pero reduce a los hombres a la fatiga.

Tierra en pocas manos
Mientras el tiempo se detiene para los araucanos, alrededor de un millón 100.000 cabezas de ganado, según Fedegán, se crían y ceban en 19.600 predios de los siete municipios de Arauca: Puerto Rondón, Cravo Norte y Arauca (llanos bajos), Arauquita, Tame, Fortul y Saravena (pie de monte).

Cada uno de los territorios tiene principalmente vocación ganadera: los llanos bajos, donde se encuentra El Hato, para el levante y crianza, y el pie de monte para la ceba. Ese ha sido el único interés de la familia Rodríguez desde que Horacio tiene memoria. Arrear cebúes hasta que cumplan los dos años y luego vender la cuarta parte del ganado.

Su padre sobrevivió a la guerra de los Llanos Orientales, y Horacio a la de bombas y tiros de las Farc, el Eln y los paramilitares. Y allí sigue. Permanece a pie limpio, en las 50 hectáreas que atesora, librando la batalla contra animales de otros dientes: el auge del petróleo, el contrabando de carne de Venezuela, y las presiones de grandes y medianos terratenientes que quieren adueñarse de El Hato.

El panorama, frente a la propiedad y distribución de la tierra en Arauca, es el siguiente: de 2 millones 600 mil hectáreas que tiene el departamento, el 76 por ciento está dedicado al latifundio (un millón 900 mil hectáreas) y el 21 por ciento a la propiedad mediana (546 mil).

Así está establecido en el Atlas de la Distribución de la Propiedad Rural en Colombia, elaborado por el Instituto Geológico Agustín Codazzi en el 2012. En Arauca decir latifundio equivale a un predio mayor de 140 hectáreas (hay predios de 4.000 y más) y la propiedad mediana a una finca entre 20 y 140 hectáreas. El 3 por ciento restante es de propiedad pequeña (entre 10 y 20 hectáreas) y de mini y microfundio (fincas de menos de 10 hectáreas).

El 80 por ciento de la tierra está en manos privadas (2 millones 100 mil hectáreas) apareciendo cerca de 13.000 propietarios. El fenómeno es el siguiente: los predios aumentan, lo que equivale a que un alto porcentaje son el "resultado de un mismo grupo de propietarios adquiriendo varios predios", dice la investigación del Agustín Codazzi.

La tierra está completamente fragmentada por unos pocos dueños con grandes latifundios, y existen miles de propietarios con terrenos pequeños, de menos de 140 hectáreas.

Por ejemplo, en Arauquita hay en el registro catastral 5.074 predios, destinados a la ganadería y producción de cacao, plátano y maíz. Mientras que en Puerto Rondón aparecen inscritos 695 predios y en Cravo Norte 612, municipios ubicados en la llanura baja donde pasta el ganado pringado.

El Gini de tierras —se utiliza para medir cualquier forma de la distribución desigual de la riqueza— en Arauca es 0.820. La gran conclusión: si el departamento tiene 280 mil habitantes, según el último censo del Dane (2005), quiere decir, de manera aproximada, que un 4 por ciento de la población (13.000 propietarios) es dueña del 80 por ciento de la tierra. Y eso que no está actualizado por catastro cuántos de esos propietarios viven en la región. En Gini corresponde: la cifra 0 es que todos tienen la misma extensión de tierra y 1 es la desigualdad absoluta. Mucha tierra en pocas manos.

El cuarto lugar de desigualdad en tierras en el país lo ocupa Arauca. En el primero está Meta con un Gini de 0.861, sigue Cauca con 0.838, y luego Valle con 0.828.

La Arauca pospetrolera
*Martha Valle es una llanera que sabe cuándo son las 5 de la mañana y el mediodía sin consultar el reloj. A esa hora retornan a la finca —una casa de ladrillos con piso de tierra, de techo de paja, con tres perros, un jabalí al que le arrancaron los colmillos, tres cuartos, un corredor, el pilón, la fuente de agua, la cocina con fogón de leña— su esposo, sus dos hijos y el mayordomo.
Martha en la mañana mató un chigüiro, cocinó su carne, la desmechó. Hizo un guiso con cebolla, tomate y cilantro, lo mezcló con la carne del roedor. Puso las yucas cocinadas en la mesa, el resto de platos. Toda la familia comió, los hombres repitieron dos veces. "Había una vez un llanero que nunca pudo montar a caballo. No comía chigüiro, no tenía fuerza en los brazos", dice Horacio, sus hijos se revientan de la risa mientras mastican.

Todos se levantan, sacan agua de una tinaja y se la echan en la cara. Horacio, con sombrero y cotizas, se monta en su Toyota land cruiser, modelo 84. En la ciudad de Arauca espera concretar la venta de 10 bovinos para que sean cebados en Tame o en el interior del país. Venderlos ha sido difícil porque la carne que viene de Venezuela es más barata; menos animales están siendo sacrificados en el departamento, denunció Olibardo Mesa Correa, secretario de Agricultura departamental.

Julián, Daniel y Juan montan los caballos. Son las 4 de la tarde, a paso lento cruzan la laguna, la carretera destapada que conduce a la vereda, saltan un potrero hasta encontrar 30 reses. Pastorean, juegan con los terneros, persiguen osos hormigueros y le huyen a los caimanes. Arrean el ganado hasta otro potrero, lleno de alcaravanes. "A los animales hay que cuidarlos. La chapeta (sello que le clavan en las orejas al cebú) les produce mucho dolor, nosotros no se las ponemos y protegemos el hormiguero de los cazadores que le cortan la cola", dice Daniel.

Son las 6 de la tarde y el recorrido termina, el cielo sigue despejado. En semana, Martha vive con sus dos hijos en la ciudad. El mayor estudia Técnica Agropecuaria en el Sena y Julián cursa noveno de bachillerato.

En el último rincón de la Orinoquía colombiana, Arauca, Ecopetrol y la Oxy le extraen 33 mil barriles de petróleo diario al yacimiento de Caño Limón. Hoy en día, este campo es la sexta despensa del hidrocarburo en el país, según la Agencia Colombia de Petróleos. Los cinco primeros pozos también están en los Llanos Orientales (Arauca, Casanare, Meta, Vichada) y aportan el 73 por ciento de toda la producción nacional.

Los llaneros, atraídos por el oro negro y las regalías siguen migrando hacia la ciudad, muchos han vendido los hatos, otros los abandonaron por las amenazas de las Farc y del Eln. En la metrópoli ya vive el 35 por ciento de la población total de la región.

Ni los 18 secuestros cometidos por las Farc y el Eln en 2012 contra funcionarios del petróleo, según Terra Consultores, ha detenido el desplazamiento de los llaneros. Eso lo saben el alcalde Luis Emilio Tovar, la Defensoría del Pueblo y la misma industria del combustible.

"Toda la Arauca tiene que saber que esa bonanza petrolera se está acabando y las regalías se redujeron a la mitad por la reforma del 2012. Tenemos que decirle a la gente que desde ya se prepare para la Arauca pospetrolera", dice Tovar. 15.000 desplazados, según el Alcalde, hay en los barrios El Paraíso, en toda la comuna 3, donde también hay milicias del Eln y las Farc.

Solo en 2011 Arauca recibió 548.389 millones de pesos por regalías del petróleo, y después de la reforma al Sistema General, en el 2012 solo obtuvo regalías por 221.191 millones. Así está consignado en el Departamento Nacional de Planeación. Ni ese dinero les alcanza para evitar la migración, el latifundio y para contrarrestar la diluida bonanza del crudo.

Los Guahíbos, en las calles
En las calles de la ciudad de Arauca hay indígenas guahíbos que deambulan descalzos, que gritan, corren y piden dinero en cada esquina. En los andenes, afuera de la plaza de mercado, duermen hasta las 11 del día.

Están arrumados, algunos con el sacol seco en la boca y en la nariz, otros con los labios comidos por el herpes. Los llaneros y nuevos colonos, caminan entre ellos, y siguen dormidos, a 34 grados centígrados, cuando todos le huyen al sol.

La mayoría no superan los 15 años, y según la Defensoría del Pueblo, escaparon siendo unos niños del resguardo de Tame. Una mujer en harapos, con el pelo tieso, de pronto se levanta, mueve su brazo izquierdo y golpea con su codo el mentón de unos de los niños. Se muere de la risa, los demás se despiertan, se estrujan.

Hace menos de dos meses, la disputa de tierras generó el asesinato de dos guahíbos. El 12 de diciembre en Tame, mientras funcionarios de la Unidad de Víctimas y el Acnur atendían a la comunidad indígena de Caño Claro y elaboraban el censo de restitución, otro grupo de guahíbos rivales de la etnia Caño Mico, mataron al capitán del cabildo de Caño Claro. Al otro día, en venganza, los nativos amarraron a un aborigen en Caño Mico, lo flecharon y lo degollaron. Así lo denunció el Incoder, que a la fecha tiene el registro de 271 solicitudes para restituir alrededor de 52.000 hectáreas de tierra en el departamento.

Carne a cinco mil pesos
Otra vez paró el veloz ritmo de los carros, las almacenes cerraron, en las casas y edificios los araucanos se resguardan. Con este sol nadie visita al difunto Rompellanos para elevarle una plegaria por un nuevo trabajo o por un ser querido desaparecido. Nadie cruza El Amparo (Venezuela) ni caminan por el asfalto ni hay un partido de fútbol a punto de terminarse.
Los pescadores dejaron sus canoas en la orilla del río. En el malecón, suena el joropo de Juan Farfán: "Ay, de Arauca salió un llanero cantando, en el caballo más bueno que tenía entre sus caballos. Se encomendó a los santos, pasó por los angelitos y llegó al Caño de Limón". Horacio Rodríguez sale de las instalaciones de la Gobernación, custodiada por la estatua gigante del arauco —ave de las bajas llanuras—.

"No he podidooo vender el ganado. Si a usted le venden un kilo de carneee de nuestrooo ganado, a 9.ooo pesos y la de Venezuelaaa se la traen hasta su casa a 5.000 pesos, la cosa tiene que estar biennn jodiaaa, ahhhh", expresa Horacio con su enojo de vaquero.

La Carne proviene de El Amparo, Elorza y La Victoria, del país vecino, "eso afecta la comercialización y el frigomatadero debido a la carne de contrabando que circula en la ciudad", afirma Jenny Caroprese, secretaria de agricultura del municipio de Arauca.

Horacio prende su vieja camioneta rumbo a Mata de Piña. Sonríe. Por allá sigue su camino el llanero, resistiendo a la rudeza del negocio del oro negro, la presión de los latifundistas y a las extorsiones del Eln y las Farc. Montado en su Toyota o en su caballo blanco, domando la dura jornada de estas sabanas que parecen acorralarlo.

* Nombres cambiados por petición de la fuente