HISTÓRICO
Los Beneficios de la Inmigración
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Rodrigo Botero Montoya | Publicado el 09 de noviembre de 2011

Una actitud positiva hacia los inmigrantes favorece y enriquece a la sociedad que los acoge. Incorpora el capital humano, la creatividad, la energía y el deseo de superación de los recién llegados.

Estimula la diversidad, la tolerancia y la movilidad social, además de mejorar el conocimiento de otras culturas y otras naciones. Constituye, a todas luces, una ganancia neta para la nación receptora.

A la inversa, una nación que expulsa a sus minorías étnicas o religiosas, a los inconformes políticos y a los disidentes de distinto orden, se perjudica.

Se cierra a las ideas nuevas y dificulta el progreso científico y cultural. Paga un alto precio intelectual y económico por el intento de imponer determinada hegemonía ideológica y religiosa.

En la época pre-moderna, son notorios los casos de la expulsión de los judíos de España en 1492, y la de los moriscos entre 1609 y 1614.

Con esas decisiones, adoptadas en nombre de la unidad religiosa, España se privó de valiosas habilidades técnicas, financieras y empresariales que quedaron a disposición de otras naciones; a la vez, perjudicó su propia modernización.

Según el historiador José Álvarez Junco: 'Y como los judíos y los musulmanes fueron expulsados, sus sucesores, convertidos por ley en cristianos, cayeron bajo la jurisdicción inquisitorial, al igual que cayó todo sospechoso de albergar ideas innovadoras que pudieran atentar contra el dogma.

Durante más de tres siglos, el tribunal pesaría como una losa sobre cualquier mente pensante del país y apartaría a éste de la revolución intelectual que sacudió a Europa'.

En 1685, el rey Luis XIV, quien no deseaba tener herejes entre sus súbditos, revocó el Edicto de Nantes que toleraba la presencia de comunidades protestantes, y ordenó la expulsión de los hugonotes de Francia.

La medida tuvo el efecto de transferirle conocimientos industriales y financieros a naciones tales como Prusia, Inglaterra y Holanda, además de acentuar el absolutismo como régimen de gobierno.

La República Holandesa, que acogió a los perseguidos políticos, a los herejes, judíos y no-creyentes, pudo aprovechar la intolerancia religiosa europea del siglo XVII. Se hizo rica, poderosa y culta.

Sus editoriales produjeron la mitad de los libros publicados en Europa. Ámsterdam se consolidó como el principal centro financiero del mundo. Se convirtió en una potencia comercial y marítima de primer orden.

La llegada en 1933 del Nacional Socialismo al poder en Alemania, con una ideología de superioridad racial y persecución anti-semita, condujo a una emigración masiva de intelectuales y científicos alemanes hacia las democracias occidentales.

Los que llegaron a Estados Unidos hicieron un formidable aporte a las universidades y centros de investigación. Por ese motivo, se afirma, sólo parcialmente en chanza, que las dos personas que hicieron una mayor contribución a elevar el nivel académico norteamericano en el siglo XX fueron el Senador William Fulbright y Adolfo Hitler.

La inmigración es un tema que Colombia no ha incorporado a su agenda de apertura hacia la economía mundial.

En materia de comercio exterior, se entiende que la liberalización debe hacerse en ambas direcciones y que, para exportar, es necesario importar. También se acepta que además de estimular la llegada de la inversión extranjera directa, es conveniente que las empresas colombianas realicen inversiones en el exterior.

A pesar de los indiscutibles beneficios que ha recibido el país de la escasa inmigración que ha tenido lugar, la normativa al respecto es restrictiva en extremo.

Hace falta cambiar la mentalidad recelosa hacia la inmigración en Colombia por una actitud de bienvenida a los técnicos, intelectuales, y científicos extranjeros que quieran aportar su capital humano a la modernización del país.