HISTÓRICO
Los componentes del fútbol
Samuel Calderón | Publicado el 23 de diciembre de 2011
La estructura del fútbol a nivel universal tiene cuatro grupos básicos: directivos, jugadores, entrenadores y árbitros. Alrededor de ellos está la  afición y la crónica deportiva. Ese es el mundo del fútbol en cada país.
 
El componente principal, por supuesto, son los jugadores. Sin ellos no habría nada. Son la esencia del juego, el factor motivador para los hinchas, el atractivo para quienes buscan espectáculo.
 
El jugador empieza su formación desde niño, cuando siente inclinación por el fútbol y comienza a practicarlo. Lo atrae el balón e inicia su etapa de aprendizaje y familiarización jugando con sus amiguitos en la cuadra, en el parque, en el colegio, en el equipo del barrio, en el de la liga de su ciudad.
 
A medida que crece, evoluciona y eso le permite auto examinarse y saber que condición tiene. El que concluye que no tiene la aptitud técnica o física para estar a la altura de sus compañeros, se margina poco a poco de la parte competitiva, porque el proceso de selección es complicado y cada nuevo nivel elimina una buena cantidad del grupo original.
 
Esto demuestra claramente que quien llega a un equipo profesional, es alguien que ha hecho todo el “curso” y que sin lugar a dudas tiene buenas condiciones futbolísticas. Pero ahí entra en juego un factor determinante: la personalidad futbolística.
 
En la medida en que el jugador puede mostrar sus condiciones en cualquier escenario, dentro de cualquier equipo, logra una estabilidad en su rendimiento que lo convierte en un jugador sobresaliente.
 
Por el contrario, cuando el jugador no ha consolidado esa personalidad, tiene altibajos que lo hacen ver como un jugador de menor condición y aunque se sostenga, no sobresale y puede ser desplazado por otro que con menor edad, condición o experiencia, lo supera en personalidad.
 
El entrenador de fútbol generalmente corresponde a otro jugador: el exjugador profesional que se siente con la condición y el conocimiento para dirigir a otros y transmitirles su experiencia y concepto futbolístico, o el exjugador aficionado que dejó de serlo por sentir que no daba la medida o por alguna lesión inoportuna y que resolvió continuar como protagonista en el plan de técnico.
 
El árbitro de fútbol es otro exjugador aficionado, que a pesar de su interés por jugar al fútbol, se dio cuenta rápidamente que sus condiciones no le daban para competir con sus compañeros de equipo o colegio y decidió ser también protagonista, cubriendo de paso una función vital para que se realicen los juegos.
Resumiendo un poco podemos concluir que, jugadores, técnicos y árbitros son personas que han querido el fútbol desde niños, lo han practicado por un mayor o menor lapso de tiempo y han adquirido una experiencia y un conocimiento de su deporte, que les permite tener un mejor desempeño en cada una de sus funciones.
 
Los directivos, por el contrario, en muchos casos no han vivido esta experiencia y eso los deja en inferioridad de condiciones para desempeñar un papel tan importante como el que les corresponde: tomar decisiones.
 
Porque a la dirección de un club profesional, la Dimayor o la Federación, pueden llegar personas con grandes ejecutorias en la empresa privada, o con un gran capital, o muy representativos en sus ciudades, pero con poca o ninguna experiencia y conocimiento del fútbol.
 
Y como en las empresas, en el fútbol no se puede improvisar. No es bueno que de los cuatro componentes básicos que tiene el fútbol, la rama directiva, que debería ser la de mayor jerarquía, sea la de menor conocimiento y preparación en el campo que les concierne.
 
Eso da como resultado decisiones como la que acaban de tomar al destituir a Leonel Alvarez como técnico de la Selección, poco tiempo después de haberlo designado para el cargo.
 
Porque como bien dice mi amigo tumaqueño, Eladio Mideros, “el fútbol es agricultura, no minería”. Esta frase sabia resume en seis palabras lo que debería saber cualquier persona que se dedique a esta función. Hay que sembrar para cosechar. El deporte en general y el fútbol en particular, corresponde a procesos de siembra, que en el caso de nuestra querida Colombia podría producir mayor cantidad de futbolistas, como en muchos casos los ha producido casi por generación espontánea en este y otros deportes.
 
No era fácil encontrar un mejor candidato para dirigir la selección que Leonel. Hizo todo el curso, desde niño hasta jugador profesional, modelo de dedicación, seriedad, profesionalismo y personalidad. Personalidad que lo llevó a tomar la decisión de ser técnico, con tan buenos resultados que en poco tiempo sacó a su equipo campeón colombiano.
 
De allí fue llamado como asistente de la selección. Y quién con mayor conocimiento del grupo y el grupo de él, para reemplazar al técnico anterior a raíz de su renuncia. Oportunidad única para que la Federación iniciara con el mejor candidato, el proceso de formación del Director Técnico de la Selección.
 
Pero la inseguridad que da el desconocimiento, llevó a los directivos a querer asegurar su rendimiento, nombrando a Julio Comesaña, un gran señor y hombre de fútbol, con mucha experiencia como jugador y entrenador, en el cargo de Director de Desarrollo de la Federación, jefe máximo en la parte técnica y simultáneamente asistente de Leonel.
 
Para el primer cargo fue un acierto. Para el segundo una mala decisión.
 
El fútbol es un deporte muy especial, que nos gusta a muchos, pero todos lo vemos distinto. Y es muy difícil para un Técnico, dirigir al grupo que ha trabajado y al que quiere aplicar su concepto futbolístico personal, con la limitación de aplicar lo que le nace pensando en la opinión de su asistente-jefe.
 
Debió ser una situación difícil para los dos, que produjo diálogos en momentos críticos de los partidos, inoportunos desde todo punto de vista. Porque un partido de fútbol es un exámen y cada partido de la  eliminatoria un exámen final. Y los exámenes son situaciones de emergencia para los examinados.
 
En un partido el técnico ve en la realidad lo que ha visualizado en la etapa previa al juego y cuando las cosas no funcionan, salta el automático de la mente para tomar la decisión que la situación exige, sin la condición de convenirla con un tercero. La responsabilidad total es del Técnico y la autoridad y autonomía también deben serlo.
 
Estas consideraciones llevan a la conclusión de que se necesita un mejor balance, un equilibrio entre condición económica y conocimiento. En el fútbol, ya lo hemos dicho, el protagonismo principal es de los jugadores, seguidos de los técnicos. Los directivos y los árbitros son complementos importantes, pero no son las estrellas.
 
Ya muchos exjugadores incursionan en la parte directiva. El señor Michel Platini es presidente de la UEFA y potencial candidato a presidente de FIFA. Lato es presidente de la Federación de Polonia. El señor Franz Beckembauer es presidente del Bayern Munich, el señor Butragueño es directivo del Real Madrid. El señor Daniel Pasarella es presidente de River Plate. Y seguramente habrá otros casos en diversos países y continentes.
 
Es parte de la evolución normal de este deporte y lo mismo debería pasar en Colombia. Sería muy grande el aporte que extécnicos, exjugadores y exárbitros pueden hacer en la toma de decisiones, como elementos básicos constitutivos que son de la organización del fútbol en nuestro país. Pero no como simples consultores, que ya lo han sido, sino como miembros principales de comités ejecutivos. Con este aporte la parte directiva se evitaría situaciones tan incómodas como la que se presenta actualmente.