HISTÓRICO
Los pumas tienen su santuario en campos de Carolina del Príncipe
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    Los pumas tienen su santuario en campos de Carolina del Príncipe |
POR JUAN CARLOS VALENCIA GIL | Publicado el 29 de diciembre de 2012

En los bosques de palmas y sietecueros de la vereda La Herradura, a cinco kilómetros del casco urbano de Carolina del Príncipe, viven una hembra y sus tres cachorros pumas concolor, especie ubicada en la categoría nacional casi amenazada de extinción, por parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los campesinos creen que hay más y en otras veredas, como Tenche, pero al menos de estos tienen certeza Alejandro Álvarez Roldán y Carlos Hincapié Rojo quienes, pese a que les han matado animales de su ganado, los protegen y no pretenden cazarlos.

Sin embargo, le piden ayuda a Corantioquia, autoridad ambiental de la zona, pues tampoco quieren arriesgar sus vidas, las de sus familias ni las de ejemplares de sus potreros.

Carnero, ovejas y terneros
Alejandro, concejal de este municipio del Norte de Antioquia, vio por primera vez un puma en 2008, en una caminata por su finca Agua Bonita.

Luego vio huellas del felino, uno de los seis de Colombia, junto al jaguar, yaguarundi y tres especies de tigrillos: ocelote, margay y lanudo.

Su incertidumbre empezó en octubre de 2011 con los ataques contra sus animales. Tenía un carnero y seis ovejas.

"Cerca de un corral encontramos una hembra muerta sin un pernil. Pensamos que eran perros, por estar cerca de la carretera, pero luego se desapareció otra, y así, en un mes, acabó con las hembras y mató al macho. Comía y tapaba; enterraba los restos; los destapaba y dejaba cráneo y columna. Lo otro lo trituraba", relata.

Alejandro y sus trabajadores le informaron a la Alcaldía la presencia del puma, y esta y Corantioquia contrataron biólogos del Grupo de Mastozoología de la Universidad de Antioquia, para hacer un diagnóstico.

Pero siguieron con los terneros. Se devoraron uno en diciembre de 2011 y otros tres en enero, febrero y abril de 2012. Los vacunos desaparecían y después eran hallados muertos, sin partes de sus cuerpos. Ante esto, Alejandro tuvo que sacar 14 terneros de la finca y llevárselos para otra que arrendó en Gómez Plata.

En junio rompieron la malla del galpón y atacó a 28 gallinas, dos pavos y dos gallinetas. Unos quedaron vivos pero, por las heridas que les dejaron las garras, fueron sacrificados.

Y el pasado viernes 21 de diciembre, uno de los pumas entró a la finca vecina Alto de Santiago, de Carlos Hincapié, donde mató otro ternero.

"El ternero lo encontramos el sábado. Cuando mi hermano Santiago y yo llegamos, el puma estaba y se voló. Comió cinco días", detalla Carlos y añade que encerró el ganado en un corral junto a la casa, "por miedo a ese animal".

Lida Giraldo, subdirectora de Ecosistemas de Corantioquia, invita a los ciudadanos a respetar la vida de los felinos y a reportar su presencia a la corporación, en el 01 8000 414 123, y a las alcaldías. En el caso de Carolina es el 863 40 33. La funcionaria añade que Corantioquia trabaja para garantizar la vida de los felinos.

Por su parte, el alcalde de Carolina, Juan José Vásquez, dice que el pueblo tiene zonas de protección por los embalses Troneras y Miraflores, de EPM, lo que contribuye a la conservación de la especie. "Nuestra principal estrategia es indicarle a la población sobre el comportamiento de estos animales", apunta.

Sin ataques a humanos
Juan David Sánchez, uno de los biólogos de la U. de A., afirma que los pumas siempre han habitado allí. No en vano, en la casa de la cultura municipal hay una hembra de puma embalsamada, cazada en La Herradura a principios de la década del 2000. Y se dan conflictos con los humanos, explica, porque los felinos hallan ganado en los que eran sus territorios.

"La captura es la última alternativa porque es lo más costoso y no hay adónde llevarlos. Hay que darle un buen manejo al ganado porque atacan terneros, cabras, ovejas..., que no deben estar en potreros alejados", sugiere. Además, hacer rondas con perros, emitir ruido y no cazar venados, armadillos ni guaguas, presas naturales del puma.

"La solución es una estrategia regional para ganar conectividad entre bosques y aumentar cobertura vegetal", anota.

Entretanto, Esteban Payán, director de la Fundación Panthera, recomienda que los niños del campo vayan a las escuelas en grupo. Eso sí, aclara que en el país no hay registros de ataques no provocados de pumas contra humanos.

"La solución no es dormirlos y trasladarlos, porque así no se atiende la raíz del problema. Se puede poner cerca eléctrica. Lo mejor es dejarlos en su hábitat, en el bosque", concluye.