HISTÓRICO
Más Estado que sociedad
  • Jorge Giraldo Ramírez | Jorge Giraldo Ramírez
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Jorge Giraldo Ramírez | Publicado el 03 de octubre de 2010

En las discusiones académicas sobre la construcción del Estado colombiano se instaló un lugar común, por fortuna cada vez menos cierto, de que en el país había más Estado que territorio. De otra parte, la convergencia entre la ideología liberal, el individualismo cerrero del colombiano y la anomia dominante ha mantenido la imagen de que la sociedad es buena y el Estado malo.

Discusiones teóricas aparte, resulta provechoso mirar los resultados de la quinta y más reciente encuesta de percepción del proyecto "Medellín cómo vamos" a la luz de esta pregunta. Esto es, cómo ven los ciudadanos al Estado local, sus instituciones y servicios, y cómo a la llamada "sociedad civil".

Sectorialmente, dos de cada tres personas expresan inconformidad con los constructores pues consideran que la oferta de vivienda es insuficiente en cantidad e inadecuada en precios. Aunque el transporte servido por privados tiene calificaciones aceptables, la gente siente que se ha vuelto inseguro. Las alertas están dirigidas al taxi, un sector en el que las empresas pueden controlar la calidad de los vehículos y de los conductores. Los servicios de bancos y celular mejoraron sus calificaciones, aunque muy lejos de los que prestan las empresas públicas. La educación pública ya igualó a la privada en satisfacción de la gente con el servicio.

Probablemente las respuestas más relevantes son las que se encaminan a detectar cuáles son las instituciones que más contribuyen a mejorar la calidad de vida de los habitantes de Medellín. Las tres mejor calificadas son estatales: la Alcaldía (47), EPM (31) y el gobierno nacional (29). Entre la sociedad civil las mejores son: las iglesias (24), las juntas comunales (21) y las universidades (16). Llama la atención el bajo aprecio por la empresa privada (10), aunque muy superior a las ONG (6) y ni se hable de los partidos políticos (3).

Con excepción del cuidado del metro, el habitante de Medellín se autocalifica mal en civismo. El comportamiento de los conductores es el peor de todos (38), seguido del de los peatones (31). En cuanto a respeto de las normas, las peores calificaciones se refieren a las ambientales (24), el cuidado de los bienes públicos (23) y las de tránsito (20). Respecto a valores las cosas son peores. El 44% de la gente considera que no hay respeto por el derecho a la vida, el 30% que no se respetan las diferencias de orientación sexual y el 28% que no se respetan a los niños ni a los desplazados.

En contra de la idea de que el antioqueño tiene una autoestima muy alta -o que es casi argentino, como dice un colega del sur- los paisas se ven a sí mismos como discriminadores. La gente siente que en Medellín se discrimina más por condición económica (83), por ser desplazado (78) o tener distinta orientación sexual (78) y por la edad (76). De lejos, el ámbito en el que la gente siente que se discrimina más es en el trabajo (82).

He ahí un gran reto. Aunque todavía nos falta en materia de eficacia y calidad de las instituciones públicas, queda claro el déficit mayúsculo que tenemos en materia de ciudadanía, civismo y responsabilidad social.