HISTÓRICO
MINIFALDA
  • MINIFALDA | ANA CRISTINA RESTREPO J.
    MINIFALDA | ANA CRISTINA RESTREPO J.
Por ANA CRISTINA RESTREPO J. | Publicado el 01 de enero de 2013

No sé si todavía, en plena misa, les solicitan a las señoritas de minifalda que se "retiren del templo". Ignoro si persiste la escena trágico-cómica de la niña que regresa a la casa con el ruedo del uniforme descosido "a mano" por las monjas del colegio, para que la falda quede por debajo de la rodilla.

(Asumir una prenda de vestir solo como "arma" de conquista es ridículo. Contaban las abuelas que la costumbre de coquetear en misa obedecía a que no había otro lugar para hacerlo: la iglesia y el balcón de la casa solían ser los escenarios del cortejo. Y lo hacían con falda larga).

***

El 2012 cerró con dos noticias especialmente impactantes de violencia contra la mujer: en el ámbito local, Javier Velasco, torturador y asesino de Rosa Elvira Cely fue condenado; y en el plano internacional, Piero Corsi, párroco de San Terenzo (Italia), desató la polémica por una carta misógina que pegó en su capilla.

No volveré sobre los actos de Velasco porque me repugnan, ni transcribiré apartes de la misiva de Corsi (titulada "Las mujeres y el feminicidio, una sana autocrítica, ¿cuántas veces provocado?") por la misma razón.

Un superior le exigió al sacerdote ofrecer excusas públicas y colgar el hábito. Solo acató la primera orden. Mientras tanto, algunas organizaciones de mujeres esperan que Benedicto XVI se manifieste (al momento de entregar esta columna, no ha habido pronunciamiento papal).

La Iglesia católica es un blanco fácil: sería una generalización irresponsable decir que Corsi representa a los sacerdotes, o culpar a la institución religiosa de toda agresión contra las mujeres. No obstante, el escándalo de San Terenzo es una nueva oportunidad para que la Iglesia reconozca públicamente que su discurso ha sido discriminatorio (solo un ejemplo: los espacios de acción negados a las mujeres, como el sacerdocio). El silencio es complicidad.

Quienes han liderado campañas públicas saben lo difícil que resulta cambiar una actitud cultural (como el machismo): transformar o erradicar un hábito o imaginario colectivo es un reto que demanda paciencia y participación desde muchos frentes (familiar, escolar, gubernamental, religioso).

El poder de penetración del discurso desde los púlpitos en un país tan católico como Colombia -no en lo constitucional pero sí en la fe declarada- es un paso definitivo para la transformación cultural.

En toda Italia, asesinaron 98 mujeres en 2012. Entre enero y noviembre, solo en Medellín, hubo 190 víctimas. Delitos ligados a explicaciones absurdas: "crimen pasional", "condición psiquiátrica del agresor", y el habitual "ella se lo buscó" (juicio que recae sobre la mujer por aspectos tan irrelevantes como sus prendas de vestir).

Esperar de la Iglesia católica una reflexión seria, convocante y receptiva, sobre el papel de la mujer en la sociedad no es botar pólvora en gallinazos sino un firme propósito para el año que comienza.

¡Próspero 2013….