HISTÓRICO
“Nosotros hablamos paisa paisa”
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 07 de septiembre de 2013
Están en la mitad de la calle, y eso que a un metro está el andén. Conversan. Él uno es más viejo que el otro. Se nota en las canas. De pronto, le dice:“es que la gente habla mucha cosa. A esos lo que hay es que tenerles miedo”. Se le escucha ese seseo famoso. El que le achacan a los paisas.

No hay diferencia. No que se note en el acento o en las palabras. En Guatapé, el pueblo que tiene las casas de colores, se habla como en Medellín. “Guatapé es muy turística y viene mucha gente y eso influye. Además, está muy lleno de personas de Medellín, que se vienen a vivir acá”, expresa Doris Gómez, que es de Medellín y se fue a vivir allá.

El turismo, por la represa, la piedra de El Peñon y ahora los zócalos, trae palabras que se van quedando, sobre todo en los jóvenes. Algunos extranjerismos se van colando, mal o bien, pero colando. Aunque lo principal es que demuestra una necesidad: ser bilingües.

“Creo que por la parte de turismo ha habido muchos cambios, con extranjerismos. El cambio se nota con los estudiantes. Hay algo que tiene mucho que ver y es el uso de la tecnología”, explica Olga Patricia Zuluaga, profesora de castellano en el colegio del municipio. No piensa lo mismo el también profesor Julio Hoyos. A él le parece que los visitantes no han permeado tanto a los jóvenes, porque no tienen una relación estrecha con ellos. “Eso pasa mucho con los que trabajan directamente con los turistas”.

En Guatapé hubo un cambio importante cuando llegó la represa y aparecieron palabras propias. El hardman, por ejemplo, o el machinero. En qué trabajás vos, preguntaban antes. De machinero, contestaba, orgulloso, el otro. La idea era darle esa categoría, al que manejaba las máquinas, de muy importante. El tiempo también se ha ido llevando esas palabras, trayendo otras viejas y otras nuevas. El profesor Julio precisa que la mayoría de regionalismos han desaparecido, pero hay unos muy arraigados: el pues y el avemaría.

“Hay que reconocer que acá ha habido un cambio. Antes se hablaba un castellano más castizo, estoy hablando del uso de arcaismos, pero eso se está yendo con la gente adulta. Esa tipología se va porque vienen los que están afectados por el embalse, que tiene casi 45 años, y por el turismo. Se va metiendo la jerga citadina, que se ve muy mal en un pueblo. Es que el lenguaje es móvil, va de lengua en lengua, de persona en persona”, precisa Álvaro Idárraga, historiador y escritor del municipio.

Ese lenguaje castizo permanece más en las veredas, sobre todo. También esas expresiones de tradición, que no se van de algunos: ¡Qué bizcocho! ¡Ay mija! Ahí vamos. No me matés. Ni los infernales.

No obstante, hay una palabra que parece ser de Guatapé: bendito. No un bendito común. Un beeendito, arrastradito, cantadito. “Nos gozan mucho por él —precisa Olga Patricia—. La forma en que lo expresamos”.

Algunos reconocen que se ha dado un descuido y que los jóvenes han hecho cambios que a veces son interesantes, pero otras son deformaciones del idioma. Martha Nury Cardona, la bibliotecaria, comenta que se maltrata bastante, sobre todo por parte de los jóvenes, que incluso para escribir tienen su propio lenguaje, con muchas abreviaturas.

Hecho, por supuesto, que no es de Guatapé solamente. “Es la tecnología, que permea. Ellos van adoptando su propia forma de comunicarse. Lo que creo es que es generalizado.

Guatapé está en el oriente antioqueño. “Nosotros —cuenta Álvaro— estamos en un punto de la cultura paisa paisa, que es el antioqueño de oriente, muy acentuado, como el marinillo, el granadino, el peñolense. Es muy paisa”.

Un acento que le ha bajado el tono al arrastrado, pero que todavía es cantado y lento. “En la medida en que la gente se va culturizando se va notando menos, pero el nuestro a veces es muy arrastrado”.

Los tres viejitos de sombrero en la banca del parque. “Nosotros hablamos el español colombiano. Lo hacemos de cualquier manera, muy mal”, dice don Daniel Dazo. “Nosotros hablamos —sigue don Gildardo Jiménez— paisa, paisa. Así como usted. Uno a los gringos no les entiende mucho. La diferiencia son las palabras”.