HISTÓRICO
Quemados por pólvora cuentan su lección
Por RODRIGO MARTÍNEZ ARANGO | Publicado el 28 de diciembre de 2012
A Daniel Saldarriaga la pólvora por poco le arruina su carrera de Ingeniería Financiera. Hace seis años, cuando en una finca de Venecia, Suroeste de Antioquia, iba a empezar a las 7:30 p.m. las celebraciones del 31 de diciembre, un taco se le explotó en la mano derecha y lo dejó solo con el dedo meñique.

Para este profesional el accidente fue traumático, porque tenía que empezar prácticas en una profesión en la que siempre tiene que enfrentar el teclado de un computador.

No olvida ese día de 2007 cuando fue a tirar un taco que hacía parte de la pólvora con la que festejaban el Año Nuevo. La mecha, que era larga, se consumió tan rápido que no lo pudo lanzar y le estalló en sus dedos.

Fue trasladado al hospital de Venecia y, de allí, por la gravedad de las lesiones, lo remitieron al Hospital Pablo Tobón Uribe, de Medellín, donde le efectuaron dos cirugías y le iniciaron un proceso de recuperación. Para ajustar, cuando inició prácticas se le infectó la herida y le tuvieron que hacer nuevos recortes en las falanges.

Su vida cambió. Se vio obligado a utilizar solo el dedo meñique de la mano derecha para digitar en el computador y apoyarse de la mano izquierda.

Reconoció que su familia acostumbraba la pólvora para estas celebraciones, pero después del accidente no quisieron saber jamás de estas prácticas.

"Aprovecho para llamarle la atención a la gente que lanza pólvora en estas festividades para que tomen conciencia de los daños que se pueden hacer ellos o a los demás", dijo.

Él salió adelante en su vida, pero lamentó los pocos controles a la fabricación y expendio de juegos pirotécnicos.

Drama en la alborada
En Copacabana, Luis Alfonso González y su familia vive otro drama por la pólvora.

Uno de sus hijos, de 15 años, el pasado 1 de diciembre, en la llamada alborada, se quemó al estallarle 20 papeletas que llevaba en un bolsillo. A Luis Alfonso, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar le inició un proceso y el pasado jueves fue escuchado por un comisario de familia. Espera otra cita en la que definirán la situación.

"El muchacho tiene una edad difícil. Esa noche jugaba con el computador cuando llegó un amigo que lo invitó a salir y luego mi esposa me llamó e imagínese ese golpe".

Los médicos le hacen curación día por medio y está casi recuperado. Al principio no aguantaba el dolor porque tenía la herida en carne viva.

La advertencia de las autoridades a los padres es insistente sobre los peligros de la pólvora y aunque controlar un joven es difícil, deben estar atentos.

Encontraron explosivo
En la urbanización Campiñas del corregimiento San Antonio de Prado, de Medellín, Estela Monsalve aún siente rabia por la forma como sus dos hijos de 15 y 12 años se quemaron con el taco de un volador.

Indicó que faltando una semana para iniciarse diciembre empezaron a tirar artefactos en alrededores de su apartamento y encerró los niños en la noche para evitar que les pasara algo.

Sin embargo, el sábado 1 de diciembre, a la una de la tarde, los dos muchachos salieron a plantar árboles en un vivero que tiene la unidad.

Encontraron varias papeletas que no estallaron, pero al menor le llamó la atención un tubito blanco que aún hacía combustión. El de 15, cuando vio el peligro, trató de arrebatárselo y el artefacto estalló.

"Estaba lavando los platos y escuché una explosión detrás del apartamento y pensé que habían empezado con la pólvora. A los pocos minutos aparecieron mis hijos a punto de desmayarse del dolor y botando sangre de sus manos. Como soy auxiliar de gerontología recordé los primeros auxilios y les metí las manos en un balde con agua fría para mitigarles el dolor. Los vecinos me dijeron que los llevara urgente al hospital porque al niño le peligraba uno de sus dedos", relató la mamá.

Aquí, contó, vivimos otro calvario. "Los llevé al hospital San Rafael, de Itagüí, donde esperamos en urgencias una hora. Cuando el médico los atendió dijo que como no tenían recursos para atenderlos y ellos estaban afiliados a la Nueva EPS había que trasladarlos a la León XIII, en Medellín, pero como no tenía dinero para los pasajes los llevé a la clínica Antioquia. Los atendieron, les calmaron el dolor y les curaron las heridas. Por fortuna no perdieron sus dedos como pensamos inicialmente", narró Estela.

Luego llegó a su casa una trabajadora social de Bienestar Familiar que entrevistó a la madre y a los pacientes y le dio una cita con un juez de familia en Medellín. El funcionario, una vez la escuchó, le informó al ICBF que no era culpable.

Estela se lamentó porque solo se culpa a los padres y en ningún momento a quien fabrica la pólvora ni a quien la vende y a los alcaldes que dan los permisos de comercialización.

Amputaciones
Además de quemaduras, una de las secuelas más traumáticas son las amputaciones, como en el caso de Daniel.

Hasta el pasado viernes, en este diciembre, según el Servicio Seccional de Salud de Antioquia, ya iban ocho personas que habían perdido dedos de sus extremidades superiores.

Uno de esos pacientes es el conductor de chiva, Einer Urrego, a quien a las 8:30 de la noche del 16 de diciembre le estalló un taco cuando se encontraba en una calle céntrica de Urrao, suroeste de Antioquia.

El conductor admitió que estaba borracho cuando ocurrieron los hechos, pero que recuerda poco. Sin embargo, negó que él estuviera manipulado el artefacto, sino otras personas.

Manifestó que gracias a la atención de los médicos del Hospital General de Medellín sólo perdió la falange distal del dedo del corazón de la mano derecha aunque la explosión le afectó otros tres dedos.

"Por ahora voy bien. Me mandaron mucho antibiótico y espero recuperarme porque tengo que trabajar para sostener a tres hijos", puntualizó.

Trauma emocional
La socióloga del hospital San Vicente Fundación, Diana Londoño, indicó que además de las lesiones físicas que presentan los pacientes quemados con pólvora se presentan traumas emocionales, en especial un sentimiento de culpa, sobre todo si hay desfiguración facial.

Esta situación obliga a las entidades hospitalarias a tener un grupo interdisciplinario para atender a los pacientes.

Este equipo, por lo general, está compuesto, además de los médicos especialistas y enfermeras, por sicólogos, rehabilitadores, fisioterapeutas, trabajadora social y, en algunos casos, se requiere de siquiatría.

No se confíe ni se deje llevar por la tradiciones, ninguna pólvora es inofensiva y sus quemaduras pueden dejar secuelas difíciles de borrar. Por lo tanto, busque otro tipo de diversión en las fiestas de Año Nuevo.