HISTÓRICO
Restrepo es experto en bosques; no en árboles
  • Restrepo es experto en bosques; no en árboles | "Gonzalo tiene un alma joven": Margarita R. Giraldo, ejecutiva de Isagén. FOTO CORTESÍA
    Restrepo es experto en bosques; no en árboles | "Gonzalo tiene un alma joven": Margarita R. Giraldo, ejecutiva de Isagén. FOTO CORTESÍA
POR JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 23 de febrero de 2013

Un programa nocturno que le fascina a Gonzalo Restrepo López, el presidente del Éxito que dejará el cargo en 23 días, es servir un par de wiskis y una vasija de crispetas, llevarlos a la mesita de la terraza de su casa, poner dos sillas y sentarse con su esposa Helene a conversar y a mirar la ciudad.

Este sencillo pasatiempo fue el único que practicaron ellos en el primer mes de conquista, en 2005, cuando se conocieron. "No me invitó a comer ni a tomarnos un trago, sino a pasar tres o cuatro horas de conversación y risas, al anochecer, en repetidas veces". Después de ese período comenzaron a salir.

Ellos se conocieron el 5 de octubre de ese año, cuando la Embajada de Francia organizó un brindis para presentar a un nuevo Agregado Comercial, al que asistieron empresarios de la región y directivos de la Alianza Francesa, donde Helene era la administradora.

Él le manifestó a esa muchacha locuaz y alegre, que quería conocer la Alianza y muy pronto visitó las instalaciones, en el Parque de San Antonio.

Ese día, ella supuso que un lugar que podía gustarle a aquel hombre, tieso y elegante por fuera como suelen ser los empresarios, pero descomplicado y juvenil por dentro, era la azotea.

Y hasta allá llegaron ellos dos abriéndose paso por entre cajas de materiales didácticos en desuso que iban a parar a las escaleras, a falta de bodega, para ver un retazo de ciudad: la avenida Oriental, los tejados del Éxito, la iglesia y el mismo Parque.

En el descenso, según él, ella le ofreció su mano para sortear los obstáculos más grandes de esas escalas invadidas, y ese detalle, no había lugar a dudas, debía ser interpretado como gesto inequívoco de que la complacencia por estar juntos era mutua.

Origen y formación
Gonzalo Restrepo López, uno de los más reconocidos hombres de empresa del momento, gestor de la expansión de almacenes Éxito en Colombia y el exterior, nació en Medellín, en 1951.

Es hijo del conocido empresario Juan Gonzalo Restrepo Londoño, quien fue gerente de Noel, Senador y Ministro de Trabajo; nieto de Gonzalo Restrepo Jaramillo, presidente de Aliadas y del Banco Comercial Antioqueño, y bisnieto de Carlos E. Restrepo, expresidente de la República y gerente de Coltabaco. Total, más que vena empresarial, Gonzalo posee todo un torrente sanguíneo, pues en su casa, hablar de economía debió ser tan común como hacerlo del clima o de las flores del jardín.

Estudiante de Benedictinos, de donde egresó en 1967, desde adolescente se aficionó a la bicicleta, al principio para transportarse entre su casa en El Poblado y el colegio; más tarde para hacer deporte. La fascinación por este artefacto aumentó de tal modo que en algunas conversaciones ha dicho que le parece uno de los mejores inventos de la historia y que le gusta hasta quedarse mirándola.

Cuando tenía 18 años, murió su abuelo. Solo entonces pudo abrir una carta que aquel le dejó como herencia. En ella le decía que debía trabajar y servirles a los demás; que no se trataba de acumular riquezas sino de encontrar el placer de dar, y que la vida requiere sacrificios.

Estudió en Eafit, pero no terminó en esta universidad, sino en la de Syracuse, Nueva York. Y si bien su papá le enviaba el dinero para sostenerse en el estudio, le tocaba trabajar para poder costearse los ratos de esparcimiento, porque, como le enseñó él mismo: "la vida es para trabajar, pero también para disfrutar".

Trabajó lavando tractomulas, a veces sucias de sangre porque cargaban carnes. Le pagaban a dos dólares la hora. También vendió Biblias. Desde entonces se convenció de que no había nada mejor que la plata bien ganada con el propio esfuerzo.

A su regreso, pudo trabajar en Flamingo, como asistente de Gerencia. Pero en el almacén que fía no duró mucho. Gonzalo decidió regresar a Estados Unidos para adelantar un posgrado en Mercadeo, en la Universidad de Georgia, el cual alternó con la carrera de psicología.

Y a pesar de haber tenido que defenderse lejos del techo materno, "soy mal cocinero. Mejor dicho: en casa, tanto Helene como yo, somos malos cocineros". Aunque, según él, no se le queman los huevos y los jugos no le quedan del todo mal.

En Georgia, Gonzalo tenía la fortuna de compartir la casa con un estudiante brasileño. "El se encargaba de cocinar, cosa que hacía bastante bien, y yo de lavar los platos, lo cual también es importante".

A su regreso trabajó en importantes firmas. Una fábrica de marquillas, en cuya junta compartía con el artista plástico Leonel Estrada y empresarios como Rodrigo Uribe Echavarría. Llevó las riendas de Internaciones, una firma perteneciente a Cadenalco, que se ocupaba de importar licores para distribuirlos en Almacenes Ley.

También fue gerente de Caribe Motors, vendedora de autos, y de Caribú, una empresa de bluyines.

En 1990, Gustavo Toro Quintero, el fundador del Éxito, lo llamó a trabajar a su lado.

"Él es un hombre de gran visión —quien habla es Guillermo Valencia Jaramillo, de la Junta Directiva del Éxito. Con él se reúne nuestro personaje los sábados en su finca de Rionegro, a tomarse unos tragos y hablar de lo humano y lo divino. Es un ritual infaltable, como una misa—. Recuerdo que un día me encontré con don Gustavo Toro y me dijo que estaba pensando en llamar a Gonzalo para la presidencia del Éxito. Y me pidió una opinión. Le dije: ‘no puede encontrar una mejor persona’". Gonzalo tenía entonces 39 años.

Familia
Pero entre tanto, a este hombre de 1,87 metros de estatura no se le ha ido la vida solamente trabajando. Tiene dos hijas, Elisa y Anaïs. Por la primera, de un matrimonio anterior, tiene una nieta levemente mayor que Anaïs, de 19 meses.

Con Anaïs, como sucedió con Elisa, al llegar a casa se transforma en un niño. Se deja quitar los zapatos y sentarse en el suelo para tomar un café de mentiras.

Por otra parte, fiel al legado de su padre, de que en la vida no todo debe ser trabajo sino también diversión, tiene algunas actividades que llenan su vida de gozo. Los viajes. Tal vez sean su mayor pasión. No digamos esos de trabajo, a los que a veces va con Helene, y no le dejan tiempo de recorrer ciudades ni disfrutar de los paisajes, pues se la pasa a las carreras, yendo a exposiciones y juntas. No, los viajes de placer. Estados Unidos, Europa. En ellos se detiene aquí y allá con su cámara fotográfica, otra de sus pasiones, a hacer retratos de enamorados, de vendedores, de mujeres que van, de paisajes urbanos o rurales; pero no de iglesias.

La bicicleta, su otra pasión, la está colgando lentamente. "Me lesioné una rodilla hace años y el movimiento no es el mismo, aunque todavía puedo subir el Alto de Las Palmas". Y pensar que no se lesionó en la cicla, sino al caer de unas escaleras. Ahora juega golf. Le va mejor en los tiros largos que en los cortos y cuenta con poder practicarlo muchos años.

Para pasar más tiempo con Anaïs y su esposa Helene, es que decidió dejar su silla en la Presidencia del Éxito. Y aunque va a liderar dos fundaciones sociales, una en Colombia y otra en Francia, está convencido de que estas ocupaciones le cederán más tiempo.

Tiempo que él desea emplear también para leer. Exagerado, dice que leerá hasta quedar ciego. Como presidente, lee todos los días doce documentos de mercadeo, pero "soy experto en bosques, no en árboles", dice, refiriéndose a que lee más generalidades que novelas o asuntos específicos. En adelante leerá obras de Emile Zola y Victor Hugo. Lo esperan en el estante.

No está seguro de escribir. "Si yo fuera escritor, sería más como Hemingway que como García Márquez —y explica—: más lleno de vivencias que de recursos narrativos y del lenguaje".

Los amigos creen que Gonzalo es aplicado y constante. Tal vez sean estas las características que le ayudan a conquistar sus sueños.

La periodista Ana Mercedes Gómez dice que conoce de él su consagración al estudio del francés, desde hace unos 10 años. Estudia todos los días con una profesora particular. "Cuando consigo un libro, como El Principito, busco la forma de compartirlo con él, porque sé de su aplicación".

Digamos de paso que esta afición por el francés y la cultura gala, sumado a que Helene es rionegrera de madre francesa y vivió en Francia durante su adolescencia, es que nombró a su hija Anaïs.

Gonzalo cree que la vida "también es dejar ir. Se llega a entender que casi todas las cosas son temporales. La vida es más un camino que una llegada".