HISTÓRICO
SANTA TERESA Y LA MADRE LAURA
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    SANTA TERESA Y LA MADRE LAURA |
Por ERNESTO OCHOA | Publicado el 03 de mayo de 2013

Cuando en abril de 2004 fue beatificada la madre Laura (1874-1949), decía yo que la nueva santa, primera colombiana en llegar a los altares, podría y debería ser estudiada bajo muy diferentes facetas que se complementan y enriquecen mutuamente:

a) Como mujer que rompió viejos moldes de apocamiento y sojuzgamiento femenino en la cultura antioqueña, para lanzarse, a menudo sola e incomprendida, a aventuras osadas y riesgosas y para enfrentarse sin miedo a sus opositores de toda índole, incluso a la jerarquía eclesiástica.

b) Como religiosa que entronizó proféticamente concepciones novedosas sobre el papel de la mujer en el apostolado.

b) Como misionera que se adelantó a su época en la defensa y respeto por la cultura indígena, en el acompañamiento y redención del desamparo y abandono en que han vivido ancestralmente nuestros indios.

c) Como mística que tuvo experiencias de Dios muy por encima de una simple vida de devoción.

Y, b) como escritora que dejó, sobre todo en su autobiografía, un inesperado logro literario que la lleva a figurar no sólo entre las escritoras místicas del catolicismo, sino también como exponente literaria dentro de la narrativa antioqueña.

Se ha dicho que la Madre Laura es como una versión criolla de santa Teresa de Ávila, la gran mística carmelita del siglo XVI. Pareciera mucho decir, pero si bien se estudian su biografía y sus otros escritos, no es desentonada ni errática tal afirmación. Porque aunque nunca se acoplan exactamente los paralelismos, el papel de santa Laura Montoya en la iglesia de su época, su aventura de fundadora y el testimonio literario que dejó de sus andanzas y de sus experiencias espirituales sí la emparejan en muchos aspectos con la mística española.

Todavía está por hacerse un estudio más a fondo del valor literario de los escritos de la Madre Laura, así como también ha faltado ahondar más en las vivencias místicas de la nueva beata antioqueña. Ahora que ha sido elevada a la gloria de Bernini, me parece que necesita menos hagiógrafos y más biógrafos y estudiosos e historiadores que se adentren en su periplo vital, histórico y espiritual.

Aunque es irremplazable la labor del recordado sacerdote claretiano Carlos E. Mesa, su gran primer biógrafo y editor de su autobiografía, todavía hay mucho por descubrir en la nueva santa. Hay que evitar que la comunidad por ella fundada o la iglesia antioqueña y colombiana se resignen a que su figura se diluya en fervores pasajeros de devoción o en búsqueda de nuevos milagros. Más que curaciones y favores, el gran milagro que sustenta su santidad fue ella misma.

Y su vida, su ejemplo, la comunidad religiosa que fundó, el aporte que introdujo a la labor misionera de la Iglesia, sus escritos. Santa Laura Montoya, que desde ya debería ser entronizada como la "patrona de los indios", todavía está por descubrir.