HISTÓRICO
SOBRE DÓNDE ESTAMOS
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Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGEL | Publicado el 19 de abril de 2013

Estación Geografía, en la que suben y bajan personas que saben del uso, apropiación y domesticación de montañas, montes, colinas, oteros, ríos, rías, meandros (para ver las posibilidades de las vegas), esteros, deltas, riachuelos, arroyos, lagos, mares, lagunas, océanos, corrientes, mareas, costas, valles, depresiones, altitudes, climas, vientos (que incluyen huracanes, alisios, torbellinos, etc.), puntos cardinales, paralelos y meridianos. Incluyendo en estas formas y atributos de la tierra el conocimiento de la fauna, la flora y los metales. Y la geometría, claro, para el diseño y viabilidad de infraestructuras que hagan posible el desarrollo de un país. Y podría seguir hablando de ventajas comparativas, de recursos renovables y no, de etnografía, antropología y hasta del cielo, porque la geografía es lo que nos contiene (no se sabe de alguien que se haya desarrollado en el espacio) y la única posibilidad que tenemos, pues todo lo da la tierra (lo que comemos, vestimos y usamos), incluido el lenguaje y la idea de D’s. Por esto es importante Bereshit (el Génesis).

Desde que aparecen las sociedades geográficas en el mundo, a mediados del siglo XIX y principios del XX, ya la geografía no es solo para trazar rutas y saber dónde están las ciudades, los accidentes geográficos y la posibilidad de un buen puerto, sino para enterarse qué es la tierra, para qué sirve y cuál es el posible desarrollo del hombre en ella.

Para ello Alexander von Humboldt funda la geografía científica en Colombia (1800), en compañía de Francisco José de Caldas. Von Humboldt deja un enorme documento (Viaje a las regiones equinocciales) y Caldas, que logra editar ocho ediciones de un periódico geográfico, finalmente es fusilado por andar haciendo pólvora, obligado. Un asunto de visión política.

Hace unos años salió un libro titulado La riqueza y la pobreza de las naciones (David Landes ) y ahora leemos Por qué fracasan los países (Daron Acemoglu-James A. Robinson).

Ambos libros coinciden en la conciencia y uso de la geografía, porque un país no es rico o pobre por los recursos naturales que tenga sino que se enriquece o empobrece por la domesticación que haga de su territorio, lo que implica gente que, al conocer el dónde está, sepa pensar en qué hacer y se apalanque en instituciones que funcionen.

Pero si no sabemos dónde estamos ni en relación con qué, si desconocemos quiénes somos, vamos por la tierra como animalitos que ni siquiera se enteran de que están vivos. Y en esta falta de conciencia, en la que se cree que todo se resuelve gritando, el tiempo nos traga. Y la tierra.

Acotación: Antes de soñar un país, hay que conocerlo. Sin tener ni saber con qué, todo sueño es una frustración. Acabo de escribir una novela, Tanta gente (una de las historias de la colonización antioqueña). Y en ese trabajo se da uno cuenta de que un país es saberlo primero. O no saberlo y dejar que se lo lleven.