HISTÓRICO
Umata y el desarrollo agrícola
Juan José Perfetti Del Corral | Publicado el 24 de julio de 2008
Recientes análisis y estudios han puesto de relieve el hecho de que el servicio de asistencia técnica en el sector agropecuario tiene como una de sus principales fuentes a las alcaldías; otros prestadores del servicio que tienen reconocimiento son los gremios y los profesionales especializados. El servicio de asistencia técnica agropecuaria de los municipios se presta a través de las denominadas Umatas o a través de otras dependencias municipales, como la oficina de Planeación o de Desarrollo Económico, que en parte han asumido las funciones de las Unidades de Asistencia Técnica Agropecuaria.

Lo que estos resultados quieren decir es que, sencillamente, las Umatas no han desaparecido del mapa institucional del agro colombiano; por el contrario, ellas constituyen una organización fuertemente arraigada en el quehacer diario de las distintas actividades sectoriales que emprenden los pequeños productores del campo, además de que los gobernantes locales han encontrado en ellas un importante instrumento para adelantar sus programas y proyectos de gobierno. Este hecho es muy significativo, pues las Umatas tienen una historia muy corta, ya que sólo se crearon a raíz del proceso de descentralización política y económica de mitad de los años ochenta del siglo pasado.

La idea de la creación de las Umatas nació del interés del gobierno Barco de establecer en Colombia una estructura de extensión y asistencia técnica agropecuaria similar a la que se tiene en Estados Unidos con las universidades regionales. En ese país se ha logrado crear, a nivel regional y local, un muy virtuoso y efectivo esquema de relacionamiento entre las universidades, los sistemas de extensión rural y los productores agropecuarios.

Durante todos estos años, el desarrollo de las Umatas ha tenido diversos apoyos del gobierno central. Estos apoyos se iniciaron con la estructuración y organización de las Umatas a través de un crédito externo que recibió el Fondo DRI. También, distintas gobernaciones les han brindado apoyo financiero. Sin embargo, a través del tiempo las Umatas han sido blanco de diversas críticas en razón a la politización de la que muchas de ellas han sido objeto en el pasado y a la falta de mayor cobertura en sus servicios.

No obstante las críticas y la puesta en marcha de iniciativas que, como los Centros Provinciales de Gestión Agroempresarial, han querido sustituir a las Umatas, la realidad concreta es que estas Unidades, por diversas razones, no sólo se resisten a desaparecer sino que están más vigentes que antes, pues en la actualidad el gobierno nacional no les brinda apoyo alguno, obligando con ello a que sean las propias autoridades municipales las que asuman la responsabilidad de su operación.

Infortunadamente, las Umatas enfrentan serias dificultades para poder consolidarse como parte de un esquema virtuoso como el que sirvió de inspiración a esta iniciativa. Ni a nivel nacional ni departamental están establecidos mecanismos o esquemas formales de cooperación, coordinación y apoyo entre los entes generadores de tecnología, como son las universidades y los centros de investigación y las Umatas. Esto lleva a que no se instituya un vínculo permanente que retroalimente, con nuevo conocimiento, el trabajo de los profesionales vinculados a estas instituciones. Ello limita la capacidad técnica de los servicios de asistencia técnica. Igualmente, los generadores de conocimiento e información se pierden de un valioso vínculo con los productores que les pudiera hacer más pertinente su trabajo.

Antes que continuar tratando de acabar con las Umatas, pareciera que lo mejor es que el sector agropecuario acepte la incuestionable realidad de su pertinencia y se ponga en la tarea de organizar un esquema de transferencia, extensión y asistencia técnica en el que dichas organizaciones hagan parte fundamental del mismo.