HISTÓRICO
UNA PREGUNTA PARA LOS EXPRESIDENTES
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    UNA PREGUNTA PARA LOS EXPRESIDENTES |
Por ÓSCAR TULIO LIZCANO | Publicado el 23 de febrero de 2013

No es una queja del común, los analistas también han advertido la grave situación de pobreza en la que viven muchos colombianos. ¿Por qué algunos países son más prósperos que nosotros y han logrado reducir la desigualdad social y otros factores que influyen significativamente para lograr su prosperidad? Los gobiernos de turno tienen grande responsabilidad en esa problemática.

Al parecer nosotros tenemos que resignarnos a ocupar el tercer puesto de los países más desiguales del mundo. Algunos estudiosos del tema atribuyen las causas a cuestiones culturales. Hay quienes, por ejemplo, afirman que la pobreza en África tiene que ver con sus creencias sobre brujería y magia, y su resistencia a la implementación de nuevas tecnologías. Otros, más osados, responsabilizan a la religión que nos trajeron los conquistadores españoles. Para ello, usan como referente a los Estados Unidos, donde la reforma protestante tuvo un papel clave a la hora de facilitar la riqueza, contraria a la religión católica cristiana y romana, que exige paciencia y resignación.

¿Por qué fracasan los países? Así se titula un libro escrito por dos norteamericanos: Daron Acemoglu y James A. Robinson. Es una rigurosa investigación sobre los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, en la que demuestran que las cuestiones mencionadas anteriormente y otras bastante populares, no son las causas de las desigualdades, sino que éstas obedecen a lo que hacen nuestros gobernantes, a las políticas económicas que implementan. Son los gobernantes los que definen la prosperidad de los países. El argumento toma fuerza en nuestro país, al considerar que por muchos años hemos tenido un régimen presidencialista.

Todavía es más sorprendente cuando uno lee los comentarios de varios premios Nobel de Economía, que han opinado al respecto. Coinciden todos en que este fascinante libro se centra en la evolución conjunta de las instituciones políticas y económicas, como también en que el progreso de un país obedece a si sus dirigentes son buenos y malos.

Dentro de las numerosas razones para soportar su tesis, traen ejemplos de países y ciudades. Se refieren, por ejemplo, a la ciudad de Nogales, en EE.UU, que está dividida con una cerca de alambre. En una parte de ella, los adolescentes van al colegio, la mayoría de los adultos tienen estudios de secundaria, su vida es sana y buena parte se muere de viejos. Tienen todos sus servicios de luz, alcantarillado y sus calles pavimentadas, y una seguridad envidiable.

En cambio, al otro lado de la alambrada, está la otra parte de la ciudad, llamada también Nogales (Sonora), ubicada en una parte relativamente próspera de México. Pocos van a estudiar, la mayoría de adultos no tiene estudios de secundaria, hay altos índices de mortalidad, y en muchos sectores no hay acceso a los servicios públicos; los robos y muertes son el pan de cada día y sus habitantes viven a diario con la corrupción y la ineptitud de los políticos.

Se preguntan los autores y, por supuesto, nosotros, ¿cómo pueden ser tan distintas las dos mitades de lo que es, esencialmente, la misma ciudad? No hay diferencias en el clima, la situación geográfica, ni los tipos de enfermedades presentes en la zona. Sus orígenes son similares, comparten las mismas costumbres, disfrutan de la misma comida y música.

En Colombia sí que podemos establecer profundas diferencias entre departamentos y ciudades. Pero Colombia es una y en su historia política están los rostros de los responsables. ¿Qué responsabilidad tienen los expresidentes? Valdría la pena una respuesta de su parte.