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Aprobación de Trump ronda un pobre 33% y toca mínimos históricos mientras persiste su discurso triunfalista

¿Qué explica la abrupta caída de popularidad de Donald Trump en su segundo mandato y por qué esa cifra contradice su narrativa oficial?

  • Aunque la economía no termina de despegar, y el galón de gasolina está por encima de los 4 dólares. Foto: AFP
    Aunque la economía no termina de despegar, y el galón de gasolina está por encima de los 4 dólares. Foto: AFP
hace 30 minutos
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Todos los presidentes parecen tener la percepción de la realidad, sobre todo en términos del amor que les tiene el pueblo, un poco alterada. Sin embargo, hay casos de casos, pues pocos han abierto una brecha tan grande entre las cifras y el relato como Donald Trump. Según el monitor de YouGov para The Economist, el 35% de los estadounidenses respalda su gestión, un 61% la rechaza y un 4% no toma partido. Por ejemplo, Reuters/Ipsos lo situó esta semana en 33% de aprobación —un mínimo de su segundo mandato—, Pew Research lo calculó en 34%. Solo le fue bien con Gallup, que le dio un 40%. Trump gobierna hoy con el respaldo de poco más de un tercio del país.

Quizá la crisis que lo ha traído hasta acá sea el tire y afloje en la guerra contra Irán, que nadie entendió muy bien por qué empezó. Se sabe que ambos países quedaron atrapados en un ciclo de enfrentamientos e intentos fallidos de alto el fuego, y un 61% de los estadounidenses duda de la capacidad del presidente para gestionar con sensatez una crisis internacional. Y esta guerra ha tocado los bolsillos de los estadounidenses; el galón de gasolina promediaba menos de 3 dólares; ahora ronda los 4. No es casual que la aprobación de Trump en materia de inflación y precios haya caído a -44 en agosto, el nivel más bajo de todo su mandato.

Los datos revelados por The Economist revelan que el problema de imagen de Trump también toca al partido Republicano y la posibilidad de ganar en las elecciones legislativas de mitad de mandato que se realizarán en noviembre, pues aunque la aprobación de Trump sigue siendo mayor en los estados que votan republicano, la insatisfacción se ha extendido incluso entre quienes lo eligieron en 2024. En Nevada, por ejemplo, su respaldo cayó de 52% en marzo a 47% en septiembre del año pasado, y ya es negativo. El desgaste tampoco es parejo entre grupos: los votantes blancos y varones siguen siendo los más propensos a aprobarlo, mientras los más jóvenes, las minorías étnicas y los graduados universitarios encabezan el rechazo. Incluso los votantes en edad de jubilación, un bloque tradicionalmente republicano, muestran ahora una indiferencia que sorprende a los propios estrategas del partido.

La distancia entre las cifras y las promesas

Y aunque es evidente que la gente no está contenta, Trump insiste con su retórica de triunfalismos y adjetivos; ha insistido en tener “la mejor economía que jamás hayamos tenido, con mucha diferencia”, pero en el segundo trimestre de este año, el crecimiento cayó a una tasa anual de apenas 1,5%, muy por debajo del 2,75% que heredó de Biden, en parte por el alza en los precios de la energía y el deterioro de la balanza comercial derivado de sus aranceles.

Trump prometió equilibrar el presupuesto federal por primera vez en 24 años; en cambio, la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que el déficit alcanzaría los 3,1 billones de dólares en 2036, y que la deuda pública llegaría al 120% del producto interno bruto, un nivel que superaría el récord de la Segunda Guerra Mundial. Prometió devolverle a Estados Unidos su vocación manufacturera, pero el empleo en ese sector, lejos de crecer, se ubica hoy 62.000 puestos por debajo del que existía cuando asumió. Prometió gasolina por debajo de los 2 dólares el galón; el precio llegó a 4,50 dólares a mediados de mayo y aún no baja de los 4. Prometió no tocar Medicaid, Medicare ni la Seguridad Social, y meses después impulsó una reforma que ya redujo en casi cinco millones el número de beneficiarios de Medicaid, con la mayor parte de los recortes programada, no por casualidad, para después de los comicios de noviembre.

Incluso donde Trump sí cumplió —los aranceles que prometió imponer—, el resultado ha generado tanto daño como anticiparon sus críticos. La Corte Suprema dictaminó que la mayoría de sus nuevos gravámenes eran ilegales y ordenó reembolsos por 166.000 millones de dólares, mientras la siguiente tanda arancelaria, ya impugnada en los tribunales, recaudaría apenas 121.000 millones en 2026.

Esa distancia entre el relato y el resultado también aparece en la vivienda y la salud, dos frentes donde Trump prometió alivio inmediato. Ofreció reducir a la mitad el costo de una casa nueva eliminando regulaciones; hoy una familia necesitaría un ingreso anual cercano a 120.000 dólares para acceder a la vivienda promedio, cuando el ingreso mediano ronda los 86.000. Prometió tasas hipotecarias del 3% o menos; se mantienen cerca del 7%, en gran medida por la presión que ejerce la creciente deuda pública sobre las tasas de largo plazo. Y aunque los republicanos abandonaron el intento de derogar la Ley de Cuidado de Salud Asequible, sus cambios encarecieron las primas de los planes de referencia en casi un 26% respecto al año anterior, justo lo contrario de lo que Trump anunció en su discurso sobre el Estado de la Unión.

Pese a los hechos, hijo de su tiempo, el presidente Trump insiste en superlativos como “nadie ha crecido (económicamente) así antes”, mientras tanto el costo de vida sube y las calles se llenan de protestas.

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