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El expresidente Lula da Silva se escudó en el sindicato de Sao Paulo a la espera de definir una fecha de entrega.
El fin de Luiz Inácio Lula da Silva de los podios de la política sucedió resguardándose entre símbolos de un pasado de caudillo, de héroe de oprimidos.
Sus últimas horas de libertad, antes de que se cumpliera el plazo de entregarse a la justicia brasileña, las pasó en São Paulo, la ciudad a la que llegó en los años 50 con seis hermanos, padres analfabetas y un futuro que no pintaba muy distinto al de un joven lustrador de botas con apenas quinto de primaria.
Abrazado por amigos políticos y seguidores que lloraban su inminente detención, Lula dejó vencer ayer el tiempo de rendición a las autoridades en la sede de un sindicato metalúrgico, industria en la que se inició como operario de máquinas y líder gremial.
Ahí mismo, hace medio siglo,...