Han pasado tres años desde que el primer ministro chino, Xi Jinping, realizó su primer viaje oficial fuera del gigante asiático. Lo que se puede decir con certeza, transcurrido ese tiempo, es que además de que no fue una casualidad, el destino que eligió el mandatario significa hoy para la República Popular China una prioridad en su geopolítica: África.
En 2009, China ya era el principal socio comercial del continente. Y ya en 2012, un año antes de que Xi iniciará su gira, el comercio de los chinos con naciones africanas era el doble que el estadounidense.
Son cada vez más las críticas que se ciernen sobre los millonarios contratos de empresas chinas con gobiernos africanos, en el sentido de siempre: que nada de esos recursos se queda en África y que, como históricamente ha ocurrido en dicha región, toda esa incursión del gigante asiático allí queda reducida a mera explotación.
Características del nexo
¿Está China solo buscando lo mismo que las naciones europeas en siglos pasados? ¿Dejará en África una estela de precariedad, violencia y exclusión? En diálogo con EL COLOMBIANO, Enrique Posada, director del Instituto Confucio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, matizó dicha visión.
“Los vínculos de China con África no son nada nuevos, y desde Mao hay presencia del gigante asiático allá. Pero este auge reciente de las inversiones chinas en dicho continente obedece a la demanda de commodities, en especial petróleo, que es lo que más codicia en su desarrollo industrial”, explicó.
“Pero China no quiere ser vista como un imperio neocolonial —que ellos mismos sufrieron con Reino Unido— que viene solo a llevarse los recursos. Los chinos siempre han fomentado la cooperación con el tercer mundo, y en este sentido proponen una alianza estratégica de materia prima a cambio obras de infraestructura, vivienda, hospitales, servicios públicos, tecnología, industria”, matizó.
Esta propuesta no parece ser mal vista en el continente que vio nacer a la humanidad. Según una encuesta de BBC, en promedio, China tiene una imagen positiva en África del 70 por ciento, mientras que EE.UU. y la UE no pasan del 30 por ciento.
En el fondo, hasta críticos como el abogado congolés Emery Kalamba, opuesto a proyectos mineros chinos en la región, admiten a medios como Vice que “si en muchos casos los recursos no se quedan acá, no es culpa de China, sino de quien los administra aquí en África y decide cómo usarlos”.
En este sentido, para Posada “está en los líderes africanos aprovechar esa invitación de China para cooperar en todos los renglones, y no frustrar eso por la corrupción local”.