Agentes del FBI rodearon el lunes, como si se tratara de un narcotraficante o el criminal más buscado del país, la oficina de Michael Cohen, el abogado personal del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Bajo órdenes urgentes del Departamento de Justicia, los federales entraron a su despacho para decomisar todo tipo de evidencia que pudiera dar luces sobre dos casos.
En primer lugar el del presunto pago de 130.000 dólares por parte del magnate a la actriz pornográfica Stormy Daniels, lo que podría configurar fraude bancario o delito electoral. Y en segundo lugar, el supuesto recibo de 150.000 dólares por parte de la campaña presidencial de Trump provenientes de empresarios rusos y ucranianos.