India: los secuestran para casarlos

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Por María alejandra castillo | Publicado el 04 de marzo de 2018
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India: los secuestran para casarlos
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Jovenes fueron secuestrados y casados a la fuerza en Bihar (India) durante el 2017.

en definitiva

Los matrimonios por secuestro en el que hombres son secuestrados por mujeres y luego son obligados a casarse, son un intento de los más vulnerables por ascender socialmente.

“Cállate. ¿Porqué lloras? Solo te estamos casando, no te vamos a matar”.

Varias horas antes de que escuchara esas palabras, Vinod Kumar, un ingeniero de 26 años que trabaja en una planta de acero, salió por la mañana de su casa (ubicada en el Estado de Bihar, tercero con el mayor número de secuestros del país) y abordó un tren en Bokaro. Se bajó en las afueras de Patna cinco horas después, para asistir al matrimonio de Sanjeev, un colega suyo.

Lo que Kumar no sabía cuando se fue de fiesta, es que sería secuestrado y obligado a casarse con una mujer que nunca había visto en su vida. De ella no sabía ni el nombre.

La India es un país que se conoce, entre otras cosas, porque los matrimonios son concertados. Es un asunto de clase. Pero, por lo general, cuando se habla de una unión arreglada, se piensa más en una práctica en la que la mujer es la parte obligada del matrimonio

Vinod padeció en diciembre del año pasado la denominada práctica, “pakadua vivah” (matrimonio por secuestro), fenómeno que está aumentando en Bihar y por la que incluso varias mujeres han sido arrestadas.

Esta es una tendencia que va en aumento. En 2017, 3.404 jóvenes fueron secuestrados, 334 más que en 2016, año en el que se registraron 3.070. En 2014 fueron 2.500 casos, más del doble de los 1.337 que se presentaron en 2009.

La razón

Los motivos que impulsan a las mujeres a secuestrar para formalizar un matrimonio son de carácter monetario -de clase- y religioso.

Por una parte está la tradición ancestral del dote, lo que implica que para concertar un matrimonio la familia de la novia le debe entregar a los parientes del futuro esposo bienes materiales.

Una costumbre arraigada en el ADN de un país en el que las mujeres tienen la obligación de casarse para poder cumplir con determinados roles sociales y no convertirse en una carga para sus familias.

Nacido de la pobreza

Para entender porque hay mujeres que están secuestrando a los hombres, lo primero que toca tener claro es que el país está organizado socioeconómicamente por castas.

El sistema de castas (que es la forma de estratificación social influenciada por la religión hindú), se estableció hace más de 3.000 años y aún se aplica. Primero están los Brāhmanas o sacerdotes; le siguen los chatrías o guerreros, y en un tercer escalón están los vaishias (comerciantes y artesanos).

Y en la base están los shudrás o esclavos (la servidumbre), y por último los intocables, que ni siquiera pertenecen a una casta.

Así, con una estratificación social tan rígida y vertical, no es difícil imaginar que los hindúes sólo se pueden casar con personas de su misma clase.

De acuerdo con el sociólogo de la Universidad de Caldas, Rodrigo Santofimio, este apego por pautas premodernas es un reflejo del alto componente cultural y religioso en el país, a pesar de que los dirigentes de la India actual instauraron un sistema democrático y laico.

Además, los intocables siguen siendo la clase más marginada de la sociedad, –aún cuando discriminar a una persona sobre la base de su casta está prohibido por la ley–.

De acuerdo con el antropólogo y doctor en sociología de la Universidad Nacional, Fabián Sanabria, en la India los matrimonios se realizan entre las personas de la misma estratificación social.

“En ese país tu estás en la casta que el karma te conduce a estar, entonces más te vale que dentro de ese karma logres consolidar una familia porque fuera de ella no lo podrás hacer”, añadió.

Los matrimonios por secuestro lo que hacen, entonces, es buscar una salida de ese mundo de castas en el que la India se encuentra sumergido y es, de acuerdo con Sanabria, la forma en la que personas más vulnerables están tratando de recomponer un sistema social condicionado por el factor religioso.

“Las personas más pobres están buscando que no sea solo el factor religioso el que condicione la posición social”, concluyó.

La noticia de Vinod ocupó los titulares nacionales e internacionales porque el video del momento en el que llora desconsolado y ruega a su nueva familia política porque no lo obliguen a casarse se hizo viral.

Pero esta es una realidad que ha cobrado la libertad de miles de hombres que no anularon el matrimonio y que, por tradición, tendrán que vivir el resto de su vida con una perfecta desconocida.

Dote: la práctica obligada

De acuerdo con Ashok Priyadarshi, un profesor en Nawanda (India), el “pakadua vivah” es una consecuencia directa de la figura del dote y una medida desesperada de las familias pobres que no tienen suficiente para arreglar un matrimonio “apropiado” a sus hijas.

“Las familias de la novia se encuentran bajo una carga material muy pesada mientras arreglan una unión. En una sociedad tradicional y patriarcal como la de Bihar, los matrimonios se han convertido en una empresa para los padres del novio”, agregó Priyadarshi.

De acuerdo con Sanabria, en occidente la concepción del matrimonio se ha asociado como una unión que se debe llevar a cabo por amor, pero recuerda que en términos estrictos esta es una institución social en donde se intercambian bienes y servicios.

“Dentro de la concepción religiosa y social que tienen en la India, una mujer que no se casa es como una mujer abandonada que tiene un mal karma porque no contribuirá con la reproducción y la generación de lazos sociales”, señaló.

Curiosamente, la práctica del dote se prohibió el 20 de mayo de 1961, a través de un documento que llevó por nombre la Dowry Prohibition Act (Acta de prohibición del Dote), pero la costumbre sigue.

“Con el secuestro de hombres las familias de las mujeres están generando toda una posibilidad económica. Entonces, si no se casan jóvenes, ¿Cuánto podrían llegar a valer? A los hombres hay que casarlos para que las mujeres puedan tener una posibilidad social. Si no se casa no valdrá nada”, añadió Sanabria.

Otras prácticas en el mundo

La dote, los matrimonios arreglados e infantiles, la mutilación femenina, los cuellos de avestruz (especie de alianzas matrimoniales que llevan en el cuello las mujeres Ndebele (Sudáfrica), son todas prácticas que aun subsisten en el mundo.

En un mundo como el de hoy, en el que nunca antes se había volcado tanto la atención hacia los Derechos Humanos y las libertades individuales, ¿Cómo caben este tipo de prácticas?

Por una parte, si bien es cierto que desde el punto de vista occidental este tipo de fenómenos culturales resultan abiertamente condenables, también son un reflejo de que las sociedades no van al mismo ritmo. Las cosas no se pueden ver entre claros y oscuros, hay matices de diferentes tonalidades.

“No podemos quedarnos únicamente con una mirada desde acá. Con la de sociedades modernas e incluso hipermodernas como la llaman algunos. No se trata de apoyar y mucho menos respaldar estas practicas, pero sí de entender desde dónde vienen”, añadió Santofimio.

Es necesario tener presente que los derechos humanos “son una invención occidental y para otras culturas no occidentales estos son un cuento que no tiene ningún sentido”, dijo Ángela Caicedo, asesora responsable de la audiencia de mujeres de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz.

En Kenya por ejemplo, la mutilación genital es un rito para el paso de las mujeres hacia su vida adulta, y es la forma en la que sus padres garantizan su futuro y el de sus hijas. La ablación y el matrimonio son prácticamente lo mismo.

Esta es una tradición realizada por siglos entre las culturas africanas y de la que Nancy Tomee, una adolescente de 17 años proveniente de la tribu Kopot (Kenia), logró librarse en 2011.

“Mis padres quieren que pase por la cortada para que me puedan casar, por el dote”, le dijo Nancy al periódico británico The Guardian. De acuerdo con una de las líderes del grupo keniano, Abandonando el cuchillo, Rohda Lodio, tradicionalmente los hombres han querido que sus esposas estén circuncidadas para que no tengan relaciones extramatrimoniales. Es por eso que una niña sin circuncidar, difícilmente logrará casarse.

“Yo se que la circuncisión es mala pero ¿Quien se va a casar con ella si no lo hace? Yo quiero que ella se case porque nosotros no tenemos vacas entonces el dote que nos den por ella es nuestra única opción. Si ella se corta y se casa tendremos vacas para educar a sus hermanos”, dijo Regina Tomme, su madre.

Si bien es cierto que esta y otras prácticas a nivel mundial generan desconcierto e incluso indignación, persisten pese al rechazo. En la India los secuestros de hombres ha ido en aumento y de acuerdo con Sanabria continuarán aumentando.

Esta es una evidencia de la necesidad que tienen millones de personas por escapar de una estratificación social condicionada por el Karma.

Contexto de la Noticia

Periodista de la sección de Actualidad de EL COLOMBIANO

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