La islamofobia no cesó con el fallo de la justicia Francesa

  • El intento de prohibición en Francia del uso del burkini, un traje que cubre el cuerpo y es usado por algunas musulmanas para nadar, generó enormes manifestaciones en el país. FOTO reuters
    El intento de prohibición en Francia del uso del burkini, un traje que cubre el cuerpo y es usado por algunas musulmanas para nadar, generó enormes manifestaciones en el país. FOTO reuters
Por mariana escobar roldán | Publicado el 29 de agosto de 2016

Aunque la decisión del Consejo de Estado francés de frenar la prohibición del uso del burkini en las playas, argumentando que “en ausencia de riesgo, la emoción y los temores provocados por los atentados terroristas (...) no bastan para justificarla legalmente”, la islamofobia persiste en Europa y se manifiesta con efectos “desproporcionados” sobre las mujeres.

Así lo señala Georgina Siklossy, de la Red Europea contra el Racismo, para quien el hecho de que varios alcaldes, como los de Niza, Fréjus y Sisco (de derecha), anunciaran que mantendrán sus órdenes de multar a las mujeres que usen burkini, es seña de la “discriminación múltiple que recae sobre las musulmanas”.

Y es que al “castigo de género” que de por sí ya tienen, se suman el étnico, el religioso y el de su vestimenta. “El pañuelo en la cabeza y las atribuciones negativas que le han dado desde la cultura hacen ver a las mujeres como un grupo homogéneo y ‘racializan’ la palabra musulmana”, reflexiona Siklossy.

La combinación de esos elementos, continúa, lleva a la exclusión de las mujeres. De acuerdo a un estudio que adelantó su organización en el último medio año y en 8 países de Europa, “aunque es difícil de demostrar por la poca información y por la falta de confianza en el sistema, que lleva a que las mujeres musulmanas rara vez se quejen o inicien procedimientos legales”, la discriminación en el mercado laboral y la violencia son frecuentes para ellas.

Desafortunado uso del velo

“El rechazo está a menudo relacionado con la percepción de “muslimness” (que en español traduciría “musulmaneidad”), y sobre todo con la ropa”, revela Siklossy, y pone como ejemplo la situación en Reino Unido, donde al 12,5 % de las mujeres pakistaníes se les pregunta sobre las aspiraciones matrimoniales y familiares en las entrevistas de trabajo, mientras este tipo se interrogantes solo se les presentan al 3,3 % de las mujeres blancas.

También en Alemania, el 18 % de las empresas llamaron a solicitantes con nombres que suenan alemanes a una entrevista, mientras solo el 13 % invitaron a los mujeres con nombres que suenan turcos. La situación se agrava para mujeres musulmanas usando un pañuelo en la cabeza para la foto de su hoja de vida. Solo el 3 % de ellas recibieron cita de una compañía, mientras en Bélgica, el 44 % de los empleadores aceptaron para el estudio que esa prenda influye negativamente en la selección de candidatas.

De otra parte, el documento también muestra la realidad de la violencia islamofoba. En los Países Bajos, más del 90 % de las víctimas de incidentes islamófobos reportados corresponden a mujeres musulmanas. En Francia, el 81,5 % de las mujeres víctimas de violencia islamófoba llevaban un símbolo religioso visible. En el Reino Unido, en el 54 % de los casos se mezclaron insultos o gestos verbales y físicos con violencia racista.

Libertad versus seguridad

Una prenda o un símbolo religioso no se puede asociar con el terrorismo. Este es un camino peligroso hacia la estigmatización de la comunidad musulmana y su prohibición jamás será eficaz en la lucha contra el radicalismo violento”, advierte Siklossy, y añade que una labor preventiva de lucha contra el terrorismo es el único camino “posible e inteligente”.

Las políticas desmedidas, que llevan a una especie de “esquizofrenia colectiva contra los derechos civiles”, terminan siendo más nocivas para la enorme distancia que separa a Occidente de Medio Oriente, dice Juan Ramón Martínez, internacionalista experto en derechos humanos de la Universidad del Rosario.

“El inadecuado manejo de medidas contra el terrorismo puede llevar a semillas de odio, que luego no sabemos cómo germinarán”, insiste el experto, y agrega que la prohibición del burkini, por ejemplo, logra enrarecer el ambiente de Europa, otorgándole el triunfo al terrorismo, que al fin y al cabo pretende que ese continente tenga que acudir a decisiones desesperadas.

La visión la comparte Hasan Turk, politólogo experto en Medio Oriente. “Es un insulto para la historia de Europa que, siendo la cuna de los derechos civiles, defienda esos absurdos”, opina, argumentando que retroceder en los valores del siglo 21 le quitará argumentos a los países que intentan llevar la democracia a donde escasea.

No obstante, como dice Carlos Humberto Cascante, director del Centro de Estudios de Medio Oriente y África del Norte, cuesta equilibrar libertad y seguridad en la balanza, “porque ambos se contradicen y están luchando entre sí, con el agravante de varias naciones se aproximan a elecciones en Europa y están usando este debate para nutrir la extrema derecha”.

Frente a ese dilema, Marcos Peckel, experto en terrorismo de la Universidad Externado, es contundente. “Siempre entre seguridad y derechos civiles tendrá que prevalecer la seguridad, objetivo principal de un Estado, por encima de cualquier otro derecho o deber, y aún más cuando está amenazado como Francia”.

Contexto de la Noticia

OPINIóN Conciliar al islam y a occidente

imam julián zapata
Cofundador Centro Cultural Islámico
“La burka no es un símbolo del Islam, en ninguna parte del Corán se menciona. Se trata de un traje tradicional de Pakistán, que algunos sectores fundamentalistas quieren volver ideología. El velo invisibiliza a la mujer y Europa tiene razón cuando dice que algunos símbolos son agresivos. Sin embargo, esas posiciones distintas hacen que se enfrenten dos fundamentalismos terribles, dos extremos: Que el símbolo de la burka genera islamofobia, pero que cuando se le pide a la gente que elimine símbolos, se genera la occidentofobia. Esos dos puntos hay que conciliarlos, y se consigue a través del diálogo”.
Mariana Escobar Roldán

Periodista del área Internacional de EL COLOMBIANO.

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