El 20 de julio del año pasado, cuando Cuba reabrió su embajada en Washington y los gobiernos celebraban el fin de medio siglo de tensiones, muchas fueron las expectativas.
Restablecer oficialmente las relaciones diplomáticas entre la isla y Estados Unidos significó rápidamente que Raúl Castro se inaugurara con un sonado discurso en la Asamblea General de la ONU; que Barack Obama se presentara ante su Congreso y pidiera levantar el histórico embargo a La Habana (sin obtener resultados aún); que se permitiera de nuevo el correo postal directo, el uso de dólares y se diera aval a viajes individuales a la isla con fines educativos.
Sin embargo, otra parece ser la sensación de los ciudadanos. “Teníamos la esperanza de que con las embajadas íbamos...