Donald Trump es un mandatario de extremos, difícil de predecir y a quien poco parece importarle la palabra de sus asesores y organismos de seguridad. Esto se evidenció una vez más esta semana tras una serie de decisiones en la Casa Blanca que provocaron un revolcón en Medio Oriente y una tormenta en Estados Unidos.
A Trump no le bastó con anunciar el miércoles que retirará las tropas estadounidenses de Siria, alegando lo que para él es un triunfo en la guerra contra el Estado Islámico (EI) –conjetura cuestionable para algunos–, sino que el pasado jueves se conoció que también retirará parte de las tropas de Afganistán. Decisiones que coincidieron con la renuncia del secretario de Defensa Jim Mattis, general (r) de 68 años y cuatro décadas de...