La radicalización del gobierno venezolano se hizo más palpable. Nicolás Maduro no solo le encomendó al nuevo vicepresidente, el gobernador de Aragua, Tareck El Aissami, luchar contra los “terroristas de la extrema derecha”, sino que cambió la jefatura de 11 ministerios con líderes chavistas ampliamente criticados por la oposición.
El presidente fusionó el Ministerio de Finanzas y Economía en uno solo y lo dejó a cargo de Ramón Lobo, un diputado radical; nombró como nuevo ministro de Petróleo y Minería al químico Nelson Martínez, con una larga carrera en Petróleos de Venezuela (PDVSA); designó como ministro de Educación y vicepresidente para las misiones socialistas a Elías Jaua, otro diputado del oficialismo, y como ministro de Cultura, a Adán...