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Cerca de 600 refugiados llevan cinco años confinados a la espera de que Australia les dé asilo.
Son 22 kilómetros cuadrados y la desesperación está en todas partes. Esa es Nauru, una isla del Pacífico ubicada a 3.000 kilómetros de Australia, donde esta nación mantiene a los solicitantes de asilo que fueron interceptados en el océano cuando intentaban llegar a tierra firme para pedir refugio en el país.
No lograron su cometido. Se quedaron atrapados y viven en tiendas de campaña o comunidades con otros refugiados como ellos. Son de Bangladés, Birmania, Lebanon, Irán, Sri Lanka, Siria o Somalia y se fueron de sus países por las guerras, la falta de oportunidades o la persecución contra los católicos.
Kazem* es uno de ellos, un iraní que se convirtió del islam al cristianismo. “En mi país, si haces eso, lo primero a lo que te enfrentas es a la tortura y a la prisión. A la larga, te enfrentas a la muerte”, cuenta. Él escapó junto a su esposa y desde 2013 está en la isla esperando asilo.
Personas como Kazem huyeron porque sintieron que no podían seguir sumidos en el conflicto, pero, aunque...