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Cultivar lechugas, pepinos y rábanos no es nada inusual, salvo que esta vez la huerta fue uno d ellos parajes más inhóspitos del planeta: la Antártida.
Y eso fue lo que hicieron científicos alemanes en un invernadero en esa región. Los sembraron, cosecharon y... se los comieron.
“Sabían como si los hubiera cogido frescos del jardín”, expresó en una declaración Bernhard Gropp, director de la estación alemana en el llamado continente blanco.
El invernadero del tamaño de un contenedor fue instalado en febrero a unos 400 metros de la estación, en la capa de hielo Ekström. Este cultivo-laboratorio les provee a los científicos alemanes de verduras durante largas estadías en la zona.
Pero la intención no es solo esa. Ese contenedor, denominado Eden ISS,...