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Por Andrés Restrepo Gil - opinión@elcolombiano.com.co

Visas, criminales y migrantes

07 de enero de 2025
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  • Visas, criminales y migrantes
  • Visas, criminales y migrantes

Por Andrés Restrepo Gil - opinión@elcolombiano.com.co

A inicios del año 2022, tres gobiernos impusieron visa como requisito de entrada para ciudadanos venezolanos: México, Costa Rica y Belice. Esta determinación vendría a ser parte de un engranaje de restricciones que otros gobiernos ya habían impuesto. Panamá, Honduras y Guatemala son países que, recientemente, impusieron a los nacionales venezolanos restricciones de ingreso mediante la exigencia de una visa. Este requisito, administrativo y clasista, se impuso como una muralla, enorme y difícil de evadir, para los migrantes venezolanos que deseaban salir de Venezuela, huyendo de una crisis que, por lo pronto y en un futuro cercano, no parece hallar resolución. Pero, por más altos y difíciles de esquivar, estos muros, bajo la forma de trabas administrativas, no previenen, ni dirimen la movilidad humana.

Ni las crisis se solventan con un requisito más, ni el deseo de tener una mejor vida mengua con la imposibilidad de adquirir un permiso, una visa. Lo que sí provocan dichas trabas y en lo que sí parecen particularmente efectivas es en la prolongación del camino para los migrantes y en la dilatación de sus trayectos, obligándolos a tomar otras direcciones y otras rutas, más peligrosas e inseguras. Una de estas rutas es el Tapón del Darién. Según Human Rights Watch, en su informe Este Infierno Era mi Única Opción, hay una estrecha relación entre el aumento de migrantes que hoy cruzan el Darién y las restricciones de movilidad que ayer se les impusieron. Entre enero del 2022, cuando México impuso la medida, y octubre del mismo año, el número de migrantes que cruzaron el Darién se multiplicó.

Los cruces por el Darién se empezaron a sistematizar desde el 2010. Y, aunque ha sido en los últimos años que se han presentado los grandes picos, hoy sabemos, gracias a los relatos de quienes lo intentaron atravesar y de quienes en efecto lo consiguieron hacer, lo que esa travesía implica. El libro Migrantes de Otro Mundo, un proyecto dirigido por la periodista colombiana María Teresa Ronderos, reúne una serie de historias que dirimen cualquier duda y despejan cualquier inquietud: en efecto, el Darién es el infierno. Y lo es, tanto para los venezolanos, que son la comunidad migrante más grande que lo atraviesa, como para los senegaleses, congoleses, burkineses, angoleños, haitianos, ecuatorianos, cubanos, chinos, indios, colombianos, ghaneses, eritreos, nepalíes, pakistaníes que también lo cruzan. Tan diversos son las nacionalidades de las personas que se adentran en la selva, como plurales los riesgos a los que, con sus trabas administrativas, los gobiernos los exponen y los grupos criminales los condenan: robos, asaltos, amenazas, violencia sexual, desapariciones y, por supuesto, la muerte.

Según Human Rights Watch, en el informe mencionado, muchos de quienes lo atraviesa ven en promedio entre 1 y 15 cadáveres en el trayecto que lleva desde Colombia hasta Panamá. No debe ser muy difícil imponer trabas burocráticas desde la comodidad de una oficina, cuando serán otros quienes deben cruzar una selva de muertos, si acaso desean hacer real el sueño humano y natural de querer vivir mejor.

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