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Por Nicolás Fernández Giraldo - @10ampro

Las tres batallas

Nos convencimos que vivimos mejor si nos conduce el Estado... más Estado es menos libertad y menos bienestar.

hace 3 horas
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  • Las tres batallas

Por Nicolás Fernández Giraldo - @10ampro

Ganamos una elección importantísima y ahora peleamos por consolidar ese poder en las instituciones. Importante, pero no es un triunfo real. Libramos tres batallas simultáneas, pero solo una subordina a las demás. La electoral es cíclica, se mide en votos y se ganó. Por poco, pero esquivamos un balazo mortal. La política es la pelea por el poder dentro de las instituciones: mesas directivas del Congreso, presupuesto, cargos, agendas legislativas. Es dura y muy ruidosa, por eso roba tanta atención.

Sin embargo, la que nos debe importar es la batalla cultural, es donde triunfan las ideas y los valores de una sociedad. Y debemos entender que el político rara vez crea esos valores, simplemente los vende a cambio de votos. Si pedimos seguridad, la ofrecen. Si pedimos subsidios, también. Y si no pedimos nada, delegamos poder absoluto en ellos. El poder real está en el ciudadano cuando impone una visión de sociedad. Subordinar no es despreciar. Sin el triunfo electoral, que ya tenemos, y sin resultados políticos ejecutados y bien comunicados, la batalla cultural se vuelve inocua. Los valores no se cambian con teoría ni citando a Hayek y Rothbard, se cambian, en parte, desde los resultados que la gente siente. Gobernar bien es un contrapeso efectivo frente al colectivismo que lleva décadas fuerte en lo cultural.

La historia muestra la importancia de ganar la batalla cultural. En 1996, Clinton anunció con palabras de Reagan que la era del “gran gobierno” había terminado. En Chile, la Concertación gobernó veinte años sin desmontar el modelo de los Chicago Boys. En la Argentina actual, sectores del peronismo hablan, ahora sí, de inflación. En todos los casos, el vencedor cultural obligó al adversario a hablar su idioma.

En Colombia ocurrió lo contrario. El colectivismo ganó la batalla cultural antes de ganar elecciones. Antonio Caballero repitió durante años que Colombia había sido siempre de derecha. Falso. Aquí gobernaron partidos de todas las estirpes, pero con las mismas ideas socialistas. Repetimos, sin notarlo, palabras como justicia social, brechas, dignidad, opresión. Hasta la derecha dice economía fraterna y subsidios. Y no son solo las palabras, ante cualquier situación pedimos que el Estado intervenga. Creemos que todas las necesidades son derechos que exigen ministerios para administrarlos. Nos convencimos que vivimos mejor si nos conduce el Estado. Y despreciamos la evidencia: más Estado es menos libertad y menos bienestar. Ya endeudamos varias generaciones futuras y tenemos una inflación que destruye el ahorro y la ilusión de un mejor mañana.

Estamos a tiempo de remontar. Comienza por nosotros, por exorcizar ideas colectivistas y curar el lenguaje con el que nos condicionaron. Sigue con familiares y amigos, hasta llegar a las aulas, las redes, los medios y las instituciones. Esta batalla no se gana optimizando el statu quo, se gana enalteciendo la agencia individual, exigiendo libertad y asumiendo el costo de su defensa.

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Por Nicolás Fernández Giraldo - @10ampro

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