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Tenemos que cerrar esta brecha como sociedad. Y podemos empezar por aumentar la representación de mujeres del mundo STEM.
Por Rosana Arizmendi Mejía - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Es la proporción que, según la UNESCO, se da en los roles de liderazgo de los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) a nivel mundial. Una mujer, nueve hombres. A pesar de que somos el 50% de la población, de que globalmente en la educación primaria y secundaria ya se alcanzó la paridad de género, y de que en las universidades, a nivel pregrado, somos más. ¿Por qué, entonces, no somos cinco de diez, sino una de diez? Por muchas razones; entre ellas, la leaky pipeline —tubería con fugas—, que aquí resumo:
A los 6 años, las niñas (no los niños) tienden a dejar de pensar que son brillantes (revista Science, 2017). Luego, en primaria y secundaria, esta creencia se complementa con la poca (casi nula) representación de mujeres científicas en los libros, la historia, los medios de comunicación; además, las normas socioculturales que refuerzan las expectativas de género —las mujeres son mejores para artes, humanidades o educación— y la percepción de que las carreras STEM son “de hombres”, hacen que las niñas y jóvenes piensen que, efectivamente, ese mundo no es para ellas; por eso, actualmente solo son el 30% y el 36% de los estudiantes de pregrados y postgrados STEM. Si después de la universidad, estas mujeres eligen continuar la carrera académica, la realidad es que reciben menos financiación para investigar, citan menos sus publicaciones y les pagan hasta un 20% menos que a los hombres. Además, si deciden ser mamás, tienen más obstáculos para volver tras la licencia de maternidad: el cuidado de los hijos, que sigue siendo mayoritariamente femenino, la falta de horarios flexibles y de espacios para cuidar a los niños en el lugar de trabajo, y licencias de paternidad mucho más cortas, hacen que su ritmo de publicaciones baje, resultando en que se vayan quedando atrás. Por eso, más mujeres que hombres prefieren dejar la academia (tenemos un 40% más de probabilidad de hacerlo, Nature 2025) o no acceder a cargos de mayor responsabilidad. El resultado: una mujer, nueve hombres.
Gravísimo. Porque: 1) es una cuestión de inequidad; 2) los campos STEM son fundamentales para el desarrollo social, la innovación y el crecimiento económico basado en el conocimiento (no es sino ver a Suecia o Japón), y, mientras menos mujeres trabajemos/lideremos en estos ámbitos, más despacio avanza Colombia; 3) es innegable que como humanidad enfrentamos retos ultracomplejos que solo pueden abordarse si hay diversidad de perspectivas, preguntas y maneras de resolver problemas; si menos mujeres participan en la búsqueda de estas soluciones, se está perdiendo una oportunidad sin precedentes para salir de las múltiples crisis que nos atraviesan.
Tenemos que cerrar esta brecha como sociedad. Y podemos empezar por aumentar la representación de mujeres del mundo STEM en los medios, las escuelas, los libros, y nuestras conversaciones. Por eso, y a propósito del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, les invito a buscar el trabajo de científicas colombianas para que luego conversemos de él. Aquí algunos nombres, de unas muy tesas: Silvana Montoya Noguera, Laura Sierra Zapata, Pilar Cossio Tejada, Paula Zapata Ramírez, Isabel Restrepo Correa, Natalia Botero Acosta, Carolina Ortiz Guerrero, María José Sanín Pérez. ¡Salud!