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El caso de Alemania refleja tendencia en Europa: crisis económicas se transforman en crisis políticas. Menos poder adquisitivo, el estancamiento del crecimiento e incertidumbre sobre el futuro alimentan el apoyo a partidos populistas y radicales.
Olaf Scholz, el canciller alemán, se vio obligado a convocar elecciones anticipadas para el 23 de febrero próximo y abre así un nuevo capítulo de incertidumbre en la mayor economía de Europa y uno de los más sólidos y estables de ese continente.
Lo que comenzó como una crisis económica ha desembocado en una tormenta política en Alemania. Tras décadas de ser un referente de estabilidad y crecimiento (Angela Merkel, logró mantenerse en el poder durante más de 16 años, Scholz apenas si lleva 3 años), el gigante europeo enfrenta un estancamiento que se ha prolongado ya demasiado y tiene a punto de tumbar de manera anticipada el gobierno del socialdemócrata Scholz.
El modelo de crecimiento de Alemania parece agotado: los teutones atraviesan su peor crisis económica desde la segunda guerra mundial, desde el 2019, su PIB ha permanecido prácticamente estancado. Su industria automotriz está en crisis, ha desencadenado miles de despidos, por la competencia china y una política energética errática que se agravó con la ruptura con Rusia por la guerra en Ucrania.
La producción industrial ha caído un 15% desde 2018, mientras que la fuga de capital asciende a 300.000 millones de euros en los últimos tres años. A eso se suman el cierre de las plantas nucleares y la interrupción del suministro ruso, que han encarecido la energía, así como la amenaza de nuevos aranceles por parte de la administración Trump.
La crisis económica se ha encadenado entonces con una crisis política. El gobierno de coalición de Olaf Scholz, conformado por el SPD (socialdemócratas), los Verdes y el FDP (liberales), se desmoronó en noviembre de 2024 tras intensas disputas internas sobre el gasto público y en particular sobre la idea de reformar la norma que restringe el endeudamiento estatal.
Todo eso llevó a Scholz a convocar las elecciones anticipadas para dentro de 15 días.
El descontento ha impulsado a los partidos que están a la derecha de Scholz, en particular el CDU, los demócrata cristianos de la excanciller Merkel, y a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que ha sabido capitalizar con su discurso radical el temor a la desindustrialización y la crisis migratoria.
Friedrich Merz, un político de vieja data que se ha consolidado como líder del CDU, se perfila como el próximo canciller de Alemania. Su estrategia combina promesas de reducción de impuestos y endurecimiento de las políticas migratorias, en un intento por frenar el ascenso de la AfD, que ya supera el 20% en las encuestas y se ha consolidado como la segunda fuerza política del país. Merz ha descartado cualquier alianza con la ultraderecha, pero su retórica en materia migratoria ha comenzado a asemejarse a la de ellos, con propuestas como restringir el derecho de asilo y reforzar los controles fronterizos.
Por otro lado, el SPD de Scholz atraviesa una caída vertiginosa y podría quedar relegado al tercer lugar, un retroceso notable para el partido que hasta hace poco lideraba el gobierno.
La pregunta es ¿qué hará Merz para frenar el avance de la ultraderecha de AfD? Los expertos coinciden en que deberá elegir entre formar una “gran coalición” con el SPD o buscar un pacto con los Verdes, una alternativa que no acepta su partido y que podría derivar en un gobierno disfuncional, alimentando aún más el ascenso de los partidos radicales.
Un gobierno débil en Alemania agravaría los retos del país. Justo en momentos en los que Berlín deberá proteger su industria exportadora ante el proteccionismo de Trump y asumir un papel clave en la recuperación económica de Europa, el financiamiento de Ucrania y el fortalecimiento de la OTAN.
El caso de Alemania refleja una tendencia más amplia en Europa: las crisis económicas están transformándose en crisis políticas. La pérdida de poder adquisitivo, el estancamiento del crecimiento y la incertidumbre sobre el futuro están alimentando el apoyo a partidos populistas y radicales, que ofrecen respuestas simples a problemas complejos.
Si bien un gobierno liderado por la CDU podría evitar un ascenso directo de la extrema derecha al poder en el corto plazo, el hecho de que el discurso de la AfD haya comenzado a moldear el debate político es una señal de alerta. Alemania, al igual que otras democracias europeas, se enfrenta a una prueba de resistencia: encontrar soluciones económicas eficaces sin ceder a la tentación del autoritarismo y el aislacionismo.