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Como se esperaba, no hubo sorpresas al finalizar el año con la inflación, una de las principales variables económicas, que terminó el 2024 en 5,20%, en línea con lo previsto por los analistas del mercado.
Sin duda, es un dato positivo que confirma que Colombia siguió en la senda de reducción de precios, luego de la disparada del 2022, cuando el costo de vida llegó a 13,12% por la invasión de Rusia a Ucrania, que ocasionó traumatismos en las cadenas logísticas y de abastecimiento y por ende elevó los precios de las materias primas y de los insumos agrícolas. En el país, la mayor demanda de productos, que se había represado durante la pandemia del 2020, también ayudó a disparar los precios. En 2023 la inflación bajó 9,28%, y el año pasado se redujo otros 4 puntos, por los menores aumentos en los precios de los alimentos, entre otros.
No sobra insistir en que la inflación es el mayor impuesto que pagan los ciudadanos porque limita la capacidad de compra y deprime sus ingresos. Por esa razón, una de las tareas primordiales de los bancos centrales del mundo es combatirla. Y en el caso colombiano, el Banco de la República ha hecho la tarea con lujo de detalles, con una política monetaria restrictiva que comenzó a dar frutos a pesar de los impactos en el crecimiento económico.
Dos detalles que vale la pena destacar sobre el dato de inflación: uno, que el costo de vida castigó con menor fuerza a los colombianos de bajos ingresos, con una variación de precios de 4,94%, debido en gran parte al descenso en los precios de los alimentos, rubro al que destinan los mayores recursos, mientras que para las personas de ingresos altos la inflación fue de 5,51%.
Y dos, que la inflación en Medellín, de 5,66%, estuvo por encima del promedio, acentuando una tendencia que se viene notando en los últimos dos años de un particular aumento de los precios. Santa Marta, con 0,47%, fue la ciudad con más baja inflación, seguida de Barranquilla, con 3,34%.
¿Qué va a pasar en 2025? El Banco de la República ha puesto una meta de 3%, para lo cual tendrá que seguir con las riendas tensas y no bajar tan rápidamente sus tasas de interés como quiere el gobierno de Gustavo Petro. La pregunta es si eso será posible.
Recordemos que el Jefe de Estado siempre ha deseado bajar más rápido las tasas de interés porque quiere que circule más efectivo, que la gente compre, pero el Emisor le ha puesto el freno de mano precisamente para cuidar que la inflación no se desborde.
En la última junta de diciembre, el ministro de Hacienda quería que bajaran 0,75 puntos esas tasas, pero el Banco solo redujo 0,25%. Ese dato es importante porque en este enero se espera que Petro cambie a dos de los siete codirectores del Emisor, de manera que el Gobierno tendría por primera vez mayoría, toda vez que en 2023 ya cambió a uno más el Ministro de Hacienda.
Sin embargo, habrá que esperar. Por supuesto que el Gobierno podría nombrar a “técnicos de bolsillo”, pero también es cierto que el gobierno Petro ha tratado de ser relativamente responsable con los indicadores macroeconómicos. Inquieta lo que dijo el nuevo ministro, Diego Guevara: “Tenemos dos codirectores nuevos en enero que podrá nombrar el Presidente, y creo que eso nos va a permitir tener una política monetaria más consistente con el desarrollo del país, porque la política monetaria no solo es un asunto de los técnicos para controlar la inflación, sino que también tiene que ver con el crecimiento y la distribución”.
Un mensaje contundente de que quieren cambiar la línea de la junta del Banco. Y el problema se puede acentuar cuando las coyunturas políticas o electorales lleven a que el Presidente ponga en un segundo plano el equilibrio económico.
El 2024 terminó con tasas de interés del 9,50% y anuncios del Emisor de que mantendrá su cautela este año y seguirá con detenimiento el comportamiento del dólar, que se mantiene por encima de los 4.300 pesos y que es uno de los principales termómetros de la economía. El Banco también estará pendiente de la evolución de las finanzas públicas, que tienen el mayor reto ante la caída de los ingresos tributarios y los gastos desaforados del Gobierno. Si Petro quiere que se bajen más las tasas de interés, antes que buscar que dos personas nombradas a dedo por él le hagan la tarea, debería comenzar por apretarse más el cinturón.
Otro tema que será mirado con cautela es el incremento en los salarios. Petro autorizó un alza de 11%, incluyendo el subsidio de transporte, más del doble de la inflación del año pasado y casi cuatro veces la prevista para este año. Y hay otros factores que ejercerán presión, el alza en las tarifas de peajes, que se ha convertido en un dolor de cabeza para los usuarios que ven incrementos en estos pagos; la instalación de nuevas casetas con pocos kilómetros de diferencia y vías en un estado que no se compadecen con lo que se paga. A comienzos de este año subieron en más de un 50% algunos peajes, para desatrasarse del congelamiento que impuso el Gobierno el año pasado, pero la decisión volvió a ser reversada y quedó congelada por seis meses.
Son muchos los desafíos que se vienen para la economía del país y para el colombiano de a pie en este 2025.