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En redes circulan mujeres con pechos tatuados. A través de una de ellas se revela esta historia.
A las 7:30 de la noche, Georgina Torres se acostó en una camilla, esta vez no para que un cirujano acabara con su cáncer de mama, sino para que una tatuadora dibujara dos ramas de cerezo y un columpio en el mismo lugar en el que tres años antes estaba su seno izquierdo.
Era el cuatro de abril de 2015, en México D.F., donde se encontró con Yamily Villagómez y Juan José Becerra, cómplices de este experimento simbólico que buscó convertir las huellas de una enfermedad tan avasallante como esta en un símbolo de lucha.
Ella fue la primera de las nueve mujeres que han hecho parte del proyecto Heart INK México, liderado por dos los jóvenes mexicanos que la acompañaron aquel día.
“Desde que vi mi cicatriz me pareció que era como una rama y yo decía...