El amor en los tiempos en línea

  • ilustración valentina león
    ilustración valentina león
Por miguel ángel lópez | Publicado el 06 de julio de 2016

Desde el auge del uso masivo del internet, la gente ha recurrido a diversos sitios para conocer personas. Primero fueron las páginas de anuncios, luego las redes sociales y ahora las aplicaciones con geolocalización.

Sea cual sea el método y por más seguridad que las plataformas intenten implementar, el riesgo de que alguien se haga pasar por otra persona para seducir a un usuario es alto, porque nunca se puede estar del todo seguro de quién está hablando al otro lado de la pantalla.

La psicóloga y sexóloga bogotana Carolina Guzmán afirma que “para hacer contacto con alguien, solo basta con un corto saludo y que el otro, en reciprocidad, se muestre interesado. No se hace necesario un componente visual para generar estos lazos. Recordemos que en los tiempos previos a las redes sociales, solía entablarse comunicación a través de las cartas, lo que se llamaban relaciones epistolares”.

A pesar de su mala fama, el internet ha sido el nido en el que se desarrollan muchas parejas, lo que demuestra que no solo hay personas desesperadas y malintencionadas. “Los riesgos son siempre los mismos en todos los contextos, sean presenciales o virtuales”, resalta Guzmán. “Lo importante es construir lazos afectivos con ese ser desconocido que será alguien cercano, quitarse esos miedos que aíslan y ser honestos”.

Una historia de encuentros y desencuentros

La soledad llevó a Laura a descargar Tinder, donde terminó conectada con Julián. El GPS de su celular decía que se eestaba a 30 km. Se aceptaron y se dejaron en la bandeja de parejas compatibles unos días antes de hablar, pero cuando lo hicieron, la conversación tuvo lo suficiente para prender una pequeña chispa...Tan pequeña que al otro día no alcanzó a alumbrar. Tres meses después, un 15 de diciembre, Laura estaba en Cartagena, cuando le llegó un mensaje. “¿Quién es este?”, se preguntó antes de reconocer a Julián en la foto. Luego hablaron por dos semanas, pero sin discutir la posibilidad de un encuentro. Celebrando el fin de año con sus primas en una discoteca de El Retiro, Antioquia y ella tuvo que salir del porque un alborotó llevó a las autoridades a lanzar gases lacrimógenos, afuera se tropezó de casualidad con Julián. Ambos lo tomaron como la señal para empezar su noviazgo.

Apoyo y amor desde Tinder


Después de saber que tenía VIH, Ricardo aprovechaba todo lo que pudiera hacer para no pensar en lo que sería su vida. Videojuegos, trabajo, gimnasio o Tinder, lo que fuera que no lo permitiera pensar mucho. Pasaba los candidatos de derecha a izquierda sin mucho interés, hasta que Juan, le escribió: “Señor, ¿cómo está?”. Hablaron brevemente y se agregaron a Whatsapp ya que los dos iban a borrar la aplicación. La conversación no se detuvo desde entonces, pero Ricardo no podía dejar de sentir que entre más le gustaba esta nueva persona, más rápido debía contarle de su condición. En una noche de trasnocho y mensajes de texto, se atrevió y la respuesta fue una pronta invitación a salir. Se conocieron en un bar del centro, se sonrieron, se besaron y se despidieron esa noche para no volver a dejar de hablar. Más de un año después siguen juntos como pareja.

Un matrimonio que empezó por un mensaje de Facebook

En 2007, una mujer le escribió a Fernando por Facebook. “Hola, ¿cómo estás? Me gustaría conocerte”. Él no le vio nada de malo y le respondió con su correo electrónico, diciéndole que lo agregara a Messenger. Esa misma noche hablaron cuatro horas seguidas. Paso a paso fueron avanzando, mientras la confianza crecía en ambos. Primero, superaron el chat para conversar por videollamada, luego las largas llamadas telefónicas y por último se conocieron. Desde ese día comenzaron a salir. A los tres meses ya eran novios y a los cinco años los declararon marido y mujer. Ahora van a cumplir 3 años de casados.

No siempre es lo que parece

Por Badoo, Karina conoció a su novio. Desde el principio sintieron una conexión muy fuerte, pero pasaron tres meses sin que se pudieran ver. Ella insistía en el encuentro, pero él tenía una excusa a la que ella no se sentía capaz de renegar: en el momento tenía tuberculosis y debían esperar a que él mejorara para poderse ver. Con tantas historias de perfiles falsos en internet, Karina poco confió en lo que le decía, pero a su vez no era capaz de dejar de conversar con él. Pero el momento esperado llegó y resultó ser exactamente la persona que le había mostrado desde el principio. Ahora llevan dos años juntos y su novio no se ha vuelto a enfermar.

Contexto de la Noticia

Miguel Ángel López

Periodista en incubación, pero con mucho que cacarear. Trabajo en el área de Interacción y Comunidad. Universidad de Antioquia.

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