Pico y Placa Medellín
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La Pastoral Social, a través de un trabajo complejo y silencioso, logró que cientos de jóvenes involucrados en el conflicto hallen una vida digna
Sebastián*, asocia los primeros recuerdos de su vida con la palabra matar, sus primeros olores con el humo de la marihuana, sus primeras carreras con robar y no dejarse atrapar, y su primer gran discurso convenciendo a una convivir del Centro que le perdonara la vida, pues “les era más útil como hampón, cobrador de vacunas, microtraficante y controlador de ladrones”.
Hoy Sebastián, exjefe de uno de los combos del noroccidente de Medellín, es una suerte de ser inmortal toda vez que alcanzará su mayoría de edad vivo y más sorprendente aún, como ejemplo de superación y referente de buen comportamiento en los barrios donde cosechó miedo.
A sus 17 años se cree un “cucho” en eso de aprender a vivir. Lo suyo ha sido asunto extremo porque así se vive...