Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
La Pastoral Social, a través de un trabajo complejo y silencioso, logró que cientos de jóvenes involucrados en el conflicto hallen una vida digna
Sebastián*, asocia los primeros recuerdos de su vida con la palabra matar, sus primeros olores con el humo de la marihuana, sus primeras carreras con robar y no dejarse atrapar, y su primer gran discurso convenciendo a una convivir del Centro que le perdonara la vida, pues “les era más útil como hampón, cobrador de vacunas, microtraficante y controlador de ladrones”.
Hoy Sebastián, exjefe de uno de los combos del noroccidente de Medellín, es una suerte de ser inmortal toda vez que alcanzará su mayoría de edad vivo y más sorprendente aún, como ejemplo de superación y referente de buen comportamiento en los barrios donde cosechó miedo.
A sus 17 años se cree un “cucho” en eso de aprender a vivir. Lo suyo ha sido asunto extremo porque así se vive o sobrevive en las vorágines de las comunas pobres de la ciudad, en las que los jóvenes esperan más la muerte que la vida misma.
Como consumidor de drogas, jefe de combos, puñalada va puñalada viene, balaceras interminables y robos, Sebastián se degradó...