El elemental origen de las cosas de Medellín

  • FOTO JAIME PÉREZ MUNEVAR
    FOTO JAIME PÉREZ MUNEVAR
Por John Saldarriaga | Publicado el 18 de noviembre de 2017

Las estatuas del Libertador Simón Bolívar las encontramos en la mayoría de parques y plazoletas, al punto que nos resultan más familiares que la cara de una tía.

Por eso, es fácil que cualquier persona, sin pensar mucho en ello, crea que han existido desde que el mundo es mundo. O al menos, desde que el guerrero, al final de la última batalla, dio la espalda al campo sembrado de cadáveres, pasó una estopa por el acero de su espada para retirarle esa fastidiosa sustancia viscosa y roja, la enfundó en su cinto y dio dos espuelazos en los ijares de su caballo Palomo y se fue al galope.

Sin entrar en detalles tales como si ese caballo en efecto era Palomo u otro, digamos que las estatuas y bustos de Simón Bolívar se tomaron su tiempo para quedar instaladas de manera definitiva en los espacios públicos de las ciudades.

Cuenta Germán Suárez Escudero, integrante de la Academia Antioqueña de Historia, que la primera imagen de Bolívar a la que se le rindió tributo no era de bronce ni de piedra ni de concreto. Ni siquiera de yeso. Era la talla de una cabeza del venezolano hecha en madera, la cual ponían sobre una mesa en la entrada del templo de la Candelaria. Los estudiantes de colegios desfilaban frente a ella y depositaban flores ante su quieta mirada de palo. Según él, eso fue un culto tardío, de finales del siglo XIX.

Como dato curioso, mencionemos que al historiador Suárez Escudero le sonrió la suerte un día: encontró en 2010 esa talla en madera del Libertador en una tienda de antigüedades de Medellín, olvidada entre baratijas centenarias, y la adquirió por un precio de risa, que no revela.

La primera estatua del Libertador pegada en un lugar público no fue ni siquiera en Medellín: fue en Santa Rosa de Osos, es una obra del escultor de ese municipio Waldo Rodríguez y fue inaugurada el 24 de Agosto de 1894. Su costo fue de $400. Para la realización de ella le sirvió de modelo un retrato del Libertador enviado por uno de sus amigos. Estos datos los suministran Jorge Cárdenas y Tulia Ramírez de Cárdenas en su libro La Evolución de la pintura y la escultura en Antioquia.

El amoblamiento de una ciudad, dice el historiador, es un tema importante, al que pocos le prestan interés.

La primera plaza pública es la de la Candelaria. En la Colonia se llamó Plaza Mayor; en la Independencia, Plaza de Zea y, cuando acordaron instalar el busto de Pedro Justo Berrío, en 1895, se llamó Plaza de Berrío.

Para mencionar un solo asunto más, digamos que según Mario Arango Jaramillo, Augusto Peinado Navarro y Juan Santa María, en su libro Comunicaciones y correos en la historia de Colombia y Antioquia (Bogotá, Ed. Gente Nueva), el primer correo llegó a Medellín el 1 de octubre de 1777, según informe del Jefe de la Real Administración de Correos de Medellín, Antonio Abad del Valle.

“Primeramente doy en data, en 1 de octubre del año 1777, tres tomines de oro pagados a Juan Antonio Correa, conductor de ordinario que vino desde el sitio de Yolombó en dicho día con las correspondencias que se dirigieron para dar principio al establecimiento de la renta de en esta villa de Medellín”.

Seis historias, de seis primeras cosas de Medellín.

PRIMERA PLAZA DE MERCADO CUBIERTA

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La primera que construyeron en Medellín es la Placita de Flórez. Abrió sus puertas hace 126 años. Fue inaugurada el 25 de enero de 1891.

Su nombre fue puesto en honor a Rafael Flórez, quien donó el terreno donde fue construida.

El historiador Germán Suárez Escudero dice que, antes de esta, el mercado se hacía en la Plaza Mayor, que después tomó el nombre de Parque de Berrío. Eran toldos diseminados por ese cuadrado de tierra en los que campesinos y comerciantes vendían hortalizas, carnes y abarrotes.

Según la página electrónica de la Placita de Flórez, este establecimiento fue la primera Plaza de mercado cubierta que se edificó en Colombia.

Entre los muchos usos que se le ha dado a la construcción “hay algunas curiosidades, por ejemplo, durante algunos años fue cuartel de policía, sirvió como circo de toros y como tal fue escenario de corridas, también se le dio un tiempo a un grupo de religiosas para instalar un convento en una parte de la Plaza, fue patronato de obreros y escuela de niñas”.

La construcción actual se inauguró en 1955.

Se convirtió, desde los primeros años, en el mercado de las flores cultivadas por los campesinos del corregimiento de Santa Elena.

Por tal motivo, alrededor de este recinto se aglutinan numerosas floristerías, de campesinos de ese corregimiento. Como en los primeros años de la Placita de Flórez, dice el historiador Suárez Escudero, ella “no pelechó”, así que construyeron la de Guayaquil, inaugurada el 27 de junio de 1894, que estaba situada cerca de los edificios Carré y Vásquez, próximos a la actual Alpujarra.

Allí, el despegue de los negocios fue también lento en los primeros años. Mantenía a medio ocupar y quien tenía un puesto podía explayarse con sus productos y ocupar dos o tres espacios. Después, ambas plazas se fueron llenando de público.

PRIMER PUENTE Y PAREDÓN DE FUSILAMIENTO

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El puente más antiguo de los construidos sobre el río Medellín, que aún se conserva, es el de Guayaquil. Está diseñado formando un arco y hecho en ladrillo.

Fue construido entre 1878 y 1879, con argamasa, canto y cal.

Ha sido declarado monumento histórico. Este puente une la ciudad entre el Cerro Nutibara y el centro de Medellín. Fue uno de los lugares de ejecución para los condenados a muerte a finales del siglo XIX, pero no el único: también fusilaban en la Torre de la Justicia, en Ayacucho con Carabobo, en edificio distinto al Palacio Nacional.

Cuenta Germán Suárez Escudero que antes hubo otro puente, que mandó construir el general Tomás Cipriano de Mosquera, cerca a la actual calle Colombia, en 1842, porque se asombró de que no hubiera ni uno, a pesar del caudal del río tan fuerte y de que las tierras aledañas eran tan pantanosas, asuntos que hacían difícil cruzar el afluente en ciertas épocas del año.

Ese primer puente no estaba diseñado en arco ni hecho en ladrillo, sino que era plano y hecho en calicanto y madera.

Lo tumbaron en 1928 para poner en su lugar uno de hierro para el paso del tranvía de Robledo.

Con el puente comenzó la prosperidad de la margen occidental del río. También con terrenos inundables despreciables para la urbanización.

Ya en el siglo XIX se construyó un camino carreteable que cruzaba todo el valle, siguiendo la línea del río y varios puentes que lo atravesaban para comunicar los poblados de Otrabanda (Robledo, La América y Belén) con los de la villa.

PRIMER TEMPLO CATÓLICO Y PRIMERA DEVOCIÓN

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No pocas personas creen que el primer templo que se construyó en Medellín es el de la Veracruz. El historiador Germán Suárez Escudero dice que están en un error: la primera iglesia es La Basílica Menor de Nuestra Señora de la Candelaria o simplemente Iglesia de La Candelaria.

Y que precisamente la primera devoción a la Virgen María que llegó a Medellín es la de esta. Su construcción se hizo de 1768 a 1776.

Fue catedral de la Arquidiócesis de Medellín entre 1868 y 1931. En este año, el título se lo pasaron a la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción.

La Candelaria tiene una construcción colonial, de estilo neoclásico, planta rectangular, con tres naves y crucero. Su estructura levantada en muros de piedra y construida en cal y canto ha sido “remendada” a lo largo de su historia, con sustancias distintas a las originales.

El suyo es el primer reloj público de la ciudad.

El 8 de diciembre de 1970 el Papa Pablo VI le concedió al templo el título de Basílica Menor. La edificación fue declarada Monumento Nacional de Colombia el 31 de julio de 1998.

LA PRIMERA FUENTE, EN VERDAD, ES LA SEGUNDA

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Fue una tallada en piedra cucarrona, instalada en el actual Parque de Berrío e inaugurada por Antonio Mon y Velarde el 2 de febrero de 1785. No se sabe qué pasó con esa. Después, en 1853, trajeron una de Nueva York, metálica. Estuvo allí un tiempo y la pasaron para la Plazuela San Francisco (hoy San Ignacio). Cuando pusieron la estatua de Santander allí, trasladaron la fuente para la Placita de la América y, por último, al frente de la iglesia de la Veracruz, en el Centro, donde está hoy.

EL LIBERTADOR LLEGÓ A CABALLO A MEDELLÍN

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La primera estatua del libertador instalada en Medellín es la del Parque de Bolívar.

Fue inaugurada el 7 de agosto de 1923. El parque había sido inaugurado 31 años antes.

Su elaboración se resolvió en 1919.

Es una obra del escultor italiano Giovanni Anderlini, fundida por el también escultor italiano Eugenio Maccagnani.

En este caso, se trata de una escultura ecuestre, es decir, representa al Libertador de cuerpo entero montado a caballo, como si estuviera en una batalla.

El pedestal es de mármol blanco. Fue diseñado por el arquitecto belga Agustín Goovaerts, quien realizó varias obras en Medellín, como el Palacio de la Gobernación de Antioquia, hoy Palacio de la Cultura.

El del pedestal es un modelo sobrio y clásico, acorde con la estatua. Sus medidas son 3.40 de base, 2.20 de altura y 1.40 de ancho.

Es rectangular, pero los extremos terminan en forma redonda. Tiene cornisas en la parte superior y en la inferior un zócalo. Posee en las paredes de los cuatro lados grabadas unas leyendas que fueron escogidas por Cadavid Restrepo y la Junta del centenario. Fue colocado este pedestal de mármol sobre una plataforma de piedra y ladrillo.

Esa estatua, situada en el centro del Parque, sirve de lugar de encuentro y hasta es testigo de representaciones teatrales.

EL PRIMER BARRIO COMENZÓ A POBLARSE EN EL SIGLO XVII

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El primer barrio de Medellín es San Benito.

Situado en el costado oriental del río Medellín, entre la Avenida Colombia y la Avenida de Greiff, este sector comenzó a ocuparse en el siglo XVII.

De acuerdo con el historiador Germán Suárez Escudero, “hombres afrodescendientes de Medellín trabajaban en el río cargando plátanos, maderas, guaduas, y vivían en ranchitos por esa zona. Fue el primer sitio de Aná, a partir de 1640”.

La historia del templo de San Benito de Palermo tiene raíces que llegan también a finales del siglo XVII. Fue reconstruido a principios del XX con estilo Neorrománico: es una edificación de ladrillo monocromático, con abundancia de arcos sobre los vanos de puertas y ventanas, y con torres en los lados de las fachadas. Quien entra es recibido por una imagen de san Pascual Bailón.

El Pasaje Boyacá fue en otros tiempos fue la calle principal de Medellín y llevaba el nombre de Calle Real.

En el Barrio San Benito están, además del templo, la Universidad San Buenaventura, la Oficina Regional del Trabajo, la Escuela Nacional Sindical, la casa natal de Francisco Antonio Zea y la Placita de Zea.

Con los cambios de la ciudad, en la actualidad es más comercial que residencial. Allí están asentados depósitos de materiales de construcción, fábricas de cocinas, ventas de baldosines y baños, y mueblerías.

Actualmente sufre un deterioro social y arquitectónico. Es lugar de indigencia y de expendios de drogas.

Contexto de la Noticia

radiografía La Nomenclatura es cosa vieja

Y en cuanto a la nomenclatura urbana, ¿desde cuándo existe?

El historiador Roberto Luis Jaramillo, coautor del texto Cartografía urbana de Medellín 1790–1950, sostiene que en Medellín hay nomenclatura desde tiempos coloniales. Aunque ha cambiado. En el siglo XIX, en plena época republicana, muchos fueron modificados por nombres de próceres y batallas de Independencia, así como personajes de la historia.

El columnista Ernesto Ochoa Moreno, en una nota titulada Las calles de Medellín (2), publicada en EL COLOMBIANO el 19 de noviembre de 2010, establece que “en 1934 la nomenclatura se volvió numérica”.

John Saldarriaga Londoño

Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

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