Quienes duermen poco se sienten más solos y menos inclinados a involucrarse con otros, evitando el contacto tal como lo hacen personas con ansiedad social. Es más, esa falta de sueño hace a las personas menos atractivas socialmente.
También, las personas que duermen bien y entran en contacto con alguien privado del sueño, comienzan a sentirse solas igualmente, un caso claro de contagio del aislamiento social.
Estas situaciones son sugeridas por hallazgos de un estudio publicado en Nature Communications, en el que participaron cientos de personas y según los autores son los primeros en mostrar una relación de doble vía entre la pérdida de sueño y el aislamiento social, arrojando nuevos datos sobre la epidemia global de la soledad.