Un reloj parado, una lavadora que chorrea agua y un muñeco sin cabeza encuentran una segunda oportunidad en las manos de los reparadores, expertos artesanos que le ahorran dinero y le devuelven memorias a sus clientes. La Twittercrónica recorrió algunos de los talleres de estos personajes.
El recorrido inicia en una sala de urgencias... para juguetes. A lo largo del escritorio de Alejandro Escobar hay pedazos de cabello, piernas, ojos y hasta cráneos; aunque parezca una escena de masacre en realidad es allí donde han vuelto a la vida los cientos de muñecos que ha reparado en los 25 años de su labor como “doctor” de juguetes en la Clínica de Muñecos Arlequín, en el barrio Laureles. La experticia de sus manos ha mejorado desde Barbies decapitadas...