Antioquia

Nuevo ‘bipartidismo’ sacude el tablero político en Antioquia: así quedaron las fuerzas

En una marcada tendencia desde 2010, la derecha agrupada en el CD y la izquierda —primero el Polo y luego el Pacto— ahora son las fuerzas dominantes. Partidos tradicionales y el centro quedaron diluidos.

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Hago parte del área Metro, equipo que cubre Medellín y Antioquia. Interesado en las transformaciones urbanas y la infraestructura. Siempre en búsqueda de una historia. Abogado y periodista, magíster en escrituras creativas.

14 de marzo de 2026

Las elecciones del domingo pasado confirmaron una tendencia que desde hace 16 años viene reconfigurando el tablero en Antioquia. Mientras el uribismo amplió su caudal electoral, el Pacto Histórico se erigió como la segunda fuerza del departamento —superando incluso a Creemos de Federico Gutiérrez—, consolidando un avance en el fortín de la derecha nacional. Ambas colectividades, que en un fenómeno espejo crecieron un 75% frente a los comicios a la Cámara de 2022, polarizaron el tablero y redujeron a participaciones residuales al bipartidismo tradicional y al centro político.

¿Es un nuevo ‘bipartidismo’ el que ahora domina el espectro? Aunque analistas políticos y académicos debaten la nueva configuración del mapa electoral, lo cierto es que los números gruesos y desmenuzados de las legislativas confirmaron el predominio nacional y regional de los dos movimientos, la caída libre de liberales y conservadores y la desaparición de las curules que antes detentaban movimientos de centro.

Para Felipe Murillo Carvajal, magíster en Ciencia Política y Sociología, a pesar de que el país aún está en un escenario multipartidista y fragmentado, los resultados muestran de manera clara que el Pacto y el Centro Democrático afianzaron una disciplina partidaria que está recogiendo –y simplificando– el voto programático de los ciudadanos.

“Ambos partidos se han convertido en verdaderos «atajos cognitivos» para los votantes porque les ofrecen lo que están esperando”, señala (ver “Muchos partidos, dos brújulas”).

Andrés Sampayo, doctor en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, considera que Colombia podría estar entrando en una nueva etapa de su democracia en la cual cada vez es más evidente una reorganización del sistema político alrededor de dos polos ideológicos claros. “Ya no se trata del viejo bipartidismo entre liberales y conservadores del siglo XX, pero sí de una dinámica similar: una competencia política estructurada entre izquierda y derecha”, sostuvo.

Los datos clave del domingo

Algunas cifras de las elecciones del pasado domingo sostienen la premisa de la consolidación de un nuevo ‘bipartidismo’.

La hegemonía histórica de los partidos Liberal y Conservador llegó hasta las elecciones de 2010, cuando ambos conquistaron 11 de las 17 curules a la Cámara por Antioquia.

Desde entonces, su poder se erosionó de forma sostenida: cayeron a siete escaños en 2014, se estancaron en seis durante los dos periodos siguientes y terminaron por tocar fondo con solo cuatro plazas en la reciente jornada.

También sufrieron un retroceso al perder el control en el 46% del territorio departamental; de los 91 municipios donde obtuvieron mayorías hace cuatro años, el domingo solo consiguieron mantener predominio en 49.

Durante esos 16 años, las dos fuerzas que ahora imperan tuvieron un crecimiento sostenido.

El partido de Álvaro Uribe prácticamente duplicó su respaldo frente a 2022, escalando de 424.000 a 742.000 sufragios. Esta cifra marca su récord histórico en la Cámara desde su fundación en 2013, superando los hitos de 2014 (361.000) y 2018 (557.000). El avance territorial fue igualmente contundente: el Centro Democrático se impuso en 68 de los 125 municipios, triplicando su dominio frente a las 23 localidades alcanzadas hace cuatro años.

El Pacto Histórico, por su parte, rozó los 400.000 votos —frente a los 224.586 de hace cuatro años—, logrando una ventaja de 109.000 sufragios sobre el movimiento Creemos. Las cifras revelan un cambio en su base electoral: aunque mantuvo su solidez en enclaves tradicionales como Urabá (Apartadó, Carepa, Chigorodó y Turbo), el Bajo Cauca (Caucasia) y el Nordeste minero (Remedios), el grueso de su fuerza migró hacia los centros urbanos.

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El 73% de sus apoyos se concentró en el Valle de Aburrá y el Oriente cercano (Rionegro, La Ceja y Marinilla), un terreno dominado por el uribismo y que sirvió de plataforma para el ascenso del movimiento de Federico Gutiérrez en las pasadas elecciones regionales.



Esta semana, Juan Carlos Escobar, docente del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, nos dijo que esa nueva composición de la Cámara es el reflejo de una realidad nacional polarizada entre dos fuerzas consolidadas. Este fenómeno, argumentó, responde también al éxito estratégico de las listas cerradas, un esquema que permitió a los candidatos de ambos sectores capitalizar la disciplina de bloque y la potencia de sus marcas partidistas para asegurar sus escaños.

Los “atajos cognitivos”

Este esquema de polarización generó saldos negativos en todos los sectores, provocando no solo el declive de las colectividades Liberal y Conservadora, sino también el desplazamiento de figuras tradicionales que vieron naufragar su capital político y sus antiguos dominios territoriales como los conservadores Germán Blanco, Juan Diego Gómez y Nicolás Albeiro Echeverry; Juan Felipe Lemus, de La U; el liberal Luis Carlos Ochoa; y congresistas actuales como Berenice Bedoya y León Freddy Muñoz, de la Alianza Verde.

Del bloque tradicional solo lograron salvar sus cuotas los sectores de Carlos Andrés Trujillo y Julián Bedoya —ambos con maquinaria y cercanía con el Gobierno Petro—; al igual que el liberalismo de Envigado, que aseguró escaños con Camilo Gómez (Cámara) y Santiago Montoya (Senado). Por el conservatismo, la vertiente de los “marianos” mantuvo su vigencia: Luis Miguel López retuvo su curul en la Cámara con 45.850 votos, mientras Jonathan Tamayo permanece a la expectativa del escrutinio tras quedar a solo 1.487 sufragios de una silla en el Senado.

Según el politólogo Murillo, aunque Antioquia mantiene una marcada inclinación hacia la derecha, el surgimiento del Pacto hoy disputa el segundo lugar de relevancia en el escenario regional. “Esto demuestra que los electores están concentrando sus inclinaciones programáticas en el Centro Democrático y el Pacto Histórico, debido a su eficiente disciplina partidista”, explicó.

Según el experto, ambas colectividades ofrecen “atajos cognitivos” (shortcuts), herramientas que permiten al ciudadano identificarse rápidamente con una postura definida. En ciencia política, este concepto describe cómo los electores simplifican decisiones complejas mediante un apego psicológico a la marca partidista; esto les facilita adoptar posiciones coherentes sin necesidad de procesar cada debate técnico de forma individual.

La consecuencia directa es un centro político desdibujado. “Estos dos grupos políticos agrupan la mayor parte del espectro político y aunque aún haya otros partidos en disputa del poder, hay una preponderancia del CD y del Pacto como los dos partidos que logran recoger los intereses políticos y programar las personas”, añade Murillo.

Sampayo opina que en medio de estos dos polos, el llamado “centro político” está cada vez más lejos de consolidarse como una alternativa real de poder.

“La evidencia electoral apunta en esa dirección. El voto de opinión, tradicionalmente asociado al centro, se reduce de manera significativa en el Senado. Jennifer Pedraza es la única excepción visible, mientras que la mayor parte de las curules queda en manos de proyectos ideológicos definidos o de estructuras electorales consolidadas”, argumentó el doctor en Estudios Políticos.

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Añadió que “el debilitamiento del centro también se refleja en varios proyectos políticos. El Nuevo Liberalismo no logra consolidar una base electoral sólida en Bogotá, a pesar de tener alcalde, su representación nacional se reduce de manera significativa. A su vez, movimientos como Dignidad ven disminuir su presencia”.

Caída liberal y conservadora

Los atajos cognitivos sirven también para explicar por qué perdieron poder político las otroras poderosas casas liberal y conservadora.

La antesala electoral estuvo marcada por la incertidumbre en los sectores tradicionales, que anticipaban un voto castigo ante sus posturas ambiguas frente a la Casa de Nariño. La fractura era evidente: mientras algunas facciones se alinearon con las reformas gubernamentales, otras ejercieron una oposición cerrada.

El conservador Juan Diego Gómez, quien fracasó en su intento de retornar al Senado, sintetizó la crisis en una entrevista antes de las elecciones: “Hay congresistas (conservadores) que en Antioquia se presentan como defensores del departamento, pero en Bogotá son más petristas que los propios hijos del presidente”. Gómez señaló directamente a Carlos Andrés Trujillo, “quien, siendo presidente del Partido Conservador, lo llevó a ser partido de gobierno, lo cual fue una vergüenza para los conservadores y para los antioqueños”.

Un fenómeno similar ocurrió en el liberalismo con el grupo de Julián Bedoya. Su aliada, la actual representante María Eugenia Lopera, dio el salto al Senado con 126.000 votos, la tercera mayor votación de su colectividad. Lopera, quien votó a favor de la reforma a la salud, fue exaltada públicamente por el presidente: “Felicito a María Eugenia Lopera; ojalá se respire en Colombia una nueva María Cano”, publicó Petro en X.

Para el profesor Murillo, pese a que liberales y conservadores son los partidos más consolidados y antiguos del país, se han movido con cierta facilidad en el espectro ideológico en las últimas décadas para asegurar participación en los gobiernos nacionales. Y eso, a su parecer, ha sido un arma de doble filo, “porque no le dejan claro al elector cuál es su postura programática, que es algo que sí logran el Pacto y el Centro Democrático. Tienen muchísimas facciones internas donde los elementos programáticos pueden variar tanto al interior que el elector no tiene muy claro si votar o no por ellos”.

Un gerente de una campaña al Senado nos dijo que esperaban sacar muchos más votos y conseguir una curul porque hicieron trabajo de base con los líderes territoriales, reuniones en los municipios y correrías por otros departamentos; sin embargo, quedaron marginados ante el nuevo espectro político: “No entendemos lo que pasó todavía. Se hicieron las gestiones en el territorio, se hizo la tarea, pero sentimos que nuestros votantes, en medio de su ira, optaron por tirarse a la derecha y votar por el CD”.

Muchos partidos, dos brújulas

por: Felipe Murillo Carvajal. Magíster en Ciencia Política y Sociología

Colombia atraviesa una reconfiguración política. Las pasadas elecciones al Congreso de la República mostraron el liderazgo de dos fuerzas políticas: el Pacto Histórico y el Centro Democrático. Muchos comienzan a hablar del inicio de un nuevo bipartidismo que reemplaza a la hegemonía que, históricamente, llevaban el Partido Liberal y el Partido Conservador, ¿pero realmente nos encontramos ante un nuevo bipartidismo en Colombia?

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La respuesta es no, aunque sea por el momento. Y la razón tiene todo que ver con la respuesta a esta pregunta: ¿cuántos partidos efectivos compiten en la arena legislativa en Colombia? Y el número efectivo de partidos que nos da el índice de Laakso y Taagepera es de 7.6, lo que significa que, en las elecciones legislativas del pasado domingo, el voto aún se distribuye en múltiples fuerzas políticas sin una concentración dominante.

Y es que si bien el Pacto Histórico y el Centro Democrático se llevaron la mayor cantidad de votos y con ello el mayor número de curules, estas elecciones muestran que aún estamos lejos de un nuevo bipartidismo. Otros partidos como el Liberal, el Conservador, la Alianza Verde, la U, Cambio Radical y hasta Ahora Colombia, tuvieron una votación que les otorgó una participación relevante en el Congreso y que los hace absolutamente necesarios para alcanzar mayorías.

En ese sentido, y a pesar de que aún estamos en un escenario multipartidista y fragmentado, los resultados muestran de manera clara que el Pacto Histórico y el Centro Democrático afianzaron una disciplina partidaria que está recogiendo –y simplificando– el voto programático de los ciudadanos. Ambos partidos se han convertido en verdaderos «atajos cognitivos» para los votantes ya que les ofrecen lo que están esperando. El Pacto Histórico ofrece pizza y entrega pizza. El Centro Democrático ofrece hamburguesa y entrega hamburguesa. ¿Qué ofrecen los demás partidos? ¿Qué ofrece, por ejemplo, el denominado centro político? Es algo que ni los votantes ni este tipo de partidos ha descifrado.