Antioquia

Liana vive en la primera casa que se imprimió en Suramérica

Una impresora de cemento llegó hasta la Unión y en apenas una semana levantó las paredes de su primera vivienda propia.

Loading...

Estudió Comunicación Social y Administración de Negocios en la Universidad Eafit. Llegó a El Colombiano en 2022 para escribir crónicas y reportajes, y ahora hace parte del Área Metro. Antes trabajó haciendo pódcast.

10 de enero de 2026

Cuando la inmensa estructura metálica instalada en el lote rural comenzó a moverse y a verter la mezcla grisácea, Liana Ocampo no pudo contener el llanto. No era miedo a la máquina, sino el desahogo de años de espera.

“Desde el primer poquito de cemento que empezó a derramar la máquina, a mí me empezaron a correr las lágrimas de alegría”, recuerda esta psicóloga de 39 años.

Frente a sus ojos, y a una velocidad imposible para la albañilería tradicional, se materializaban los muros de su vivienda, la que sería la primera casa impresa en 3D de Suramérica.

Hoy, en la vereda Chuscalito de La Unión, la vida de los Ocampo transcurre entre muros que parecen sacados de una película de ciencia ficción, pero que se sienten tan cálidos como cualquier hogar paisa.

Liana, su esposo Felipe y sus hijos –Pablo de ocho años y Martín de tres–, ya no viven apretados en la casa de sus suegros, donde pasaron un lustro ahorrando y planeando su independencia. Ahora son los protagonistas de un piloto experimental liderado por Cementos Argos, Comfama y la Alcaldía de La Unión, que busca responder una pregunta clave para el futuro de la región: ¿pueden los robots ayudarnos a cerrar el déficit de vivienda?

Durante cinco años, Liana y Felipe vivieron “semi internos” donde los padres de él para ahorrar. El sueño de la casa propia parecía lejano, enredado entre créditos y trámites legales de un lote familiar que debieron sanear antes de poder siquiera imaginar los cimientos. “Uno sueña, uno atrae, pero hay que ayudar”, dice Liana.

Tocó las puertas de Comfama para postularse a un subsidio, pero el camino no fue lineal; en un primer intento fueron rechazados por un papel faltante. Sin embargo, en enero de 2024 recibieron una visita técnica que cambiaría su suerte, y para mayo, el subsidio fue adjudicado. Fue entonces cuando les propusieron ser parte de algo inédito: ser el piloto para construir la primera vivienda con una impresora 3D en La Unión, Antioquia, Colombia y Suramérica.

Lea también: Sorprendente: conductor de un camión de carga quedó ileso tras el volcamiento de su vehículo en la vía El Santuario - Granada, Oriente antioqueño


Pero la máquina solo levanta paredes, vigas y columnas, que no es poco, pero tampoco todo. “Nosotros todo lo hemos hecho con las manos, le hemos hecho el paisajismo, le hemos sembrado árboles... somos nosotros quien guadañamos”, cuenta Liana con orgullo. Incluso durante los días de la impresión, su padre y su esposo estuvieron al pie del cañón, pala en mano, ayudando a los ingenieros y operarios a sortear las dificultades del terreno y la lluvia. “Nos disfrutamos el momento desde que llegó la impresora hasta que se la llevaron... sentirnos tan privilegiados de ser los primeros”, afirma.

La casa de las “veticas”

La vivienda de los Ocampo rompe con la estética convencional de la vereda, pero se integra a ella. Sus muros no son lisos ni de bloque revocado; tienen una textura acanalada, producto de la superposición de capas de concreto, una sobre otra, como si fuera una manga pastelera gigante de alta precisión.

Para Liana, esas marcas no son un defecto, sino la identidad de su hogar. “La casa es espectacular, es divina. Esa es su esencia, que se le noten las veticas de la impresión”, describe. La casa de 63 metros cuadrados tiene dos habitaciones, una cocina amplia, sala-comedor, baño y patio. Pero lo que más contentos tiene a sus habitantes es la comodidad.



El diseño, desarrollado por el Taller de Diseño de Comfama y ejecutado por la tecnología de Argos, es bioclimático. Los muros impresos son dobles, con una cámara de aire en el medio que funciona como aislante térmico y acústico. En las noches frías de La Unión, la casa conserva el calor, y en los días soleados, se mantiene fresca. “El techo es muy alto... podemos pensar más adelante en un mezzanine”, proyecta Liana, quien asegura que la vivienda, aunque humilde, “tiene todo lo que tú necesitas para vivir bien”.

Por otra parte, en una región atravesada por fallas geológicas como la Andina, surge la inquietud cómo se comporta una casa “impresa” ante un temblor. “Nuestro diseño tiene dos inputs importantes: el diseño arquitectónico que lo tiene cualquier vivienda y el diseño estructural que está asociado a este sistema constructivo, obviamente cumpliendo con la normativa colombiana. Nuestra vivienda es sismoresistente, pero para que eso se cumpla hay que hacer un buen diseño de esa mezcla de cemento, arena y aditivos para que el material tenga las capacidades mecánicas”, explica Wilmar Echeverry, director de Investigación y Desarrollo de Cementos Argos.


Eficiencia: 14 horas para levantar un hogar

Más allá de la anécdota familiar, el proyecto arroja cifras que podrían redefinir la industria de la construcción en Colombia. Según Argos, la eficiencia fue uno de los grandes titulares del piloto.



Mientras que en una obra tradicional de mampostería levantar los muros de una casa de estas dimensiones podría tomar semanas y requerir una cuadrilla numerosa, la impresora 3D logró un rendimiento sorprendente. “Los muros de cada vivienda (63 m²) se imprimieron en 14 horas, distribuidas en tres días, con un rendimiento cercano a 6 m² por hora”, confirmó la compañía cementera.

Si bien los materiales, por sus especificaciones, pueden ser más costosos, esos costos se compensan con lo ahorrado en tiempo.

El proceso utiliza una mezcla especial de concreto desarrollada en el laboratorio Future Tech de Argos, diseñada para ser lo suficientemente fluida para bombearse, pero con la capacidad de fraguar casi instantáneamente para soportar el peso de la siguiente capa. Esta metodología reduce tiempos y además ataca uno de los problemas endémicos de la construcción: el desperdicio.

La tecnología permitió “optimizar el uso de materiales, al imprimir únicamente lo necesario según el diseño” y “reducir residuos frente a sistemas convencionales”. En un sector que tradicionalmente genera grandes volúmenes de escombros y recortes, la impresión 3D opera bajo la lógica de la manufactura aditiva: solo se usa lo que se necesita.



Sin embargo, no todo fue sencillo. El piloto tuvo desafíos importantes, principalmente logísticos. “Las principales dificultades estuvieron asociadas a la logística para el desplazamiento de equipos en un entorno rural y el acondicionamiento del terreno para la impresión”. Trasladar una impresora de gran formato —un pórtico robótico traído desde la Universidad Nacional en Medellín— hasta una vereda en La Unión implicó un despliegue complejo.

Un laboratorio para el déficit habitacional

La casa de Liana y la de su vecina Flor —la otra beneficiaria del piloto y compañera de trabajo a quien Liana animó a persistir en el proceso— son faros de esperanza en un mar de necesidades. Antioquia enfrenta un déficit habitacional que supera las 570.000 familias, ya sea porque no tienen casa (déficit cuantitativo) o porque la que habitan es precaria (déficit cualitativo).

La Gobernación de Antioquia ha lanzado planes para combatir esta cifra, pero la construcción tradicional se enfrenta a costos crecientes de materiales y mano de obra. Aquí es donde la impresión 3D se perfila como una solución estratégica, especialmente para la ruralidad dispersa.

“La meta es construir 50.000 viviendas VIS y VIP a 2027”, señaló recientemente Eduardo Loaiza, gerente de Camacol Antioquia. Para lograr cifras de esa magnitud, la industrialización es clave. La impresión 3D tiene el potencial de reducir los costos totales de construcción hasta en un 30% una vez se masifique, disminuyendo la dependencia de mano de obra no calificada (que escasea) y aumentando la productividad.

Francesco Orsini, responsable de Hábitat Comfama, destacó la importancia de estas alianzas: “En Comfama creemos en el poder transformador de las alianzas y de la aplicación de nuevas soluciones para enfrentar el reto de la vivienda y del hábitat social”. Para la caja de compensación, no se trata solo de entregar un subsidio, sino de validar modelos que permitan construir en zonas donde la logística tradicional es costosa y lenta.

Lea también: La historia de Óscar: de vivir en la calle a ‘gerente’ de un asadero en Caldas, Antioquia


Con este hito en La Unión, Colombia entra oficialmente al club de países que apuestan por la Construction Technology (ConTech). Sin embargo, el enfoque local difiere del de otras latitudes.

Mientras Dubái apuesta por imprimir el 25% de sus edificios para 2025 con un enfoque en oficinas futuristas y lujo, y en Texas (EE. UU.) se imprimen comunidades enteras como Wolf Ranch con diseños arquitectónicos curvos para el mercado inmobiliario medio-alto, Colombia, al igual que México, está enfocando esta tecnología en la base de la pirámide.

El referente regional más cercano es el proyecto de Nacajuca, en el estado de Tabasco, al sureste de México, donde desde el 2021 se imprimen decenas de viviendas para familias en pobreza extrema.

¿Es el futuro o solo una curiosidad?

La pregunta obligada es si la casa de Liana será una rareza o la primera de muchas. Al consultar a Argos sobre la replicabilidad del proyecto, la respuesta fue contundente: “Sí. Uno de los principales objetivos del piloto fue validar su escalabilidad, y los resultados confirman que es replicable a mediana escala, especialmente en proyectos de vivienda social”.

La empresa confirmó que están evaluando nuevas oportunidades priorizando “zonas rurales o de difícil acceso” e iniciativas donde la velocidad y la sostenibilidad sean críticas. Además, el proyecto ha despertado interés internacional, con consultas de diversos actores sobre el modelo técnico desarrollado en Antioquia.

El contexto económico también juega a favor. Con el precio de la vivienda nueva subiendo un 252% desde 2010 y los salarios rezagados, la innovación tecnológica es una de las pocas vías para reducir costos reales y hacer la vivienda asequible nuevamente. Expertos del sector han señalado que la política pública debe incentivar la producción y reducir trámites; tecnologías como esta, que digitalizan y estandarizan la construcción, van en esa dirección.



Mientras los ingenieros analizan los datos de tiempos y resistencias, Liana se enfoca en los detalles que hacen hogar. Ya planea su jardín con los “semilleros de eugenios” que cultivó durante meses para el cerco vivo y disfruta de la luz que entra por las ventanas de su sala.

Para ella, quien define el proceso como una bendición en un año difícil, la tecnología fue el medio, pero el fin es la dignidad. Su experiencia derriba el mito de que la vivienda prefabricada o industrializada es de menor calidad. Por el contrario, vive en una estructura de alta ingeniería, sismorresistente y térmicamente eficiente.

“Es una casa humilde, pero tiene todo lo que tú necesitas para vivir bien”, concluye Liana. Ahí bien se podría resumir el potencial de una tecnología que, si logra escalar, podría permitir que miles de familias antioqueñas dejen de ver la casa propia como un sueño inalcanzable y empiecen a verla, literalmente, imprimirse ante sus ojos.