Suroeste tiene el 18% de asesinatos en Antioquia, ¿qué hay detrás?
Un estudio reveló que son siete grandes estructuras las que se disputan el control criminal, sobre todo en las fincas cafeteras. También hay 14 grupos locales.
Comunicador social de la Universidad Católica Luis Amigó. Trabajé como periodista en Qhubo y El Mundo. Apasionado por los deportes, las estadísticas, los temas judiciales y de movilidad. Un curioso por buscar los detalles de la noticia.
Hablar del Suroeste antioqueño como la subregión más violenta del departamento, superada levemente por el Valle de Aburrá, podría sonar extraño en el pasado. Pero ahora, de acuerdo con las estadísticas de la Policía Nacional, es una realidad, a raíz de los 81 asesinatos registrados en 17 de sus 23 municipios.
Los asesinatos del Suroeste, con corte al 31 de marzo, están por debajo de los 92 del Valle de Aburrá y superan los 79 del Oriente, que tuvo un incremento del doble a raíz de las disputas que allí se viven.
Un estudio del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga (ICP), de la mano de la fundación alemana Konrad Adenauer (KAS), mostró algunas de las causas que convirtieron al Suroeste en la de más homicidios del departamento.
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Uno de los puntos a los que hace referencia es que hay una importante disputa entre grupos criminales por “control territorial orientado a la explotación de rentas ilegales, disputas por microtráfico y extorsión”.
El principal botín de los delincuentes tendría que ver con el dominio de la venta de estupefacientes, tanto en tiempos de cosecha como en los que no, ante la presencia de forasteros ansiosos de consumirlas.
Las estructuras
La estructura dominante en este conflicto es el Clan del Golfo, mediante su subestructura Edwin Román Velásquez Valle, que llegó desde el Occidente antioqueño para entrar en disputa con los grupos consolidados en este territorio para dominar la criminalidad.
Esto ha hecho que con el paso del tiempo, desde 2023, las cifras de homicidio hayan venido en aumento año a año, generando mayor sensación de inseguridad en los municipios, principalmente en los ubicados en la cuenca del río San Juan y en Jericó, Tarso y Támesis.
“La subregión pasó del 2,93% de los homicidios del departamento en 2010 al 18,63% en 2025. La tasa proyectada es de 76,8 homicidios por cada 100.000 personas y supera la del Valle de Aburrá, pese a tener una población menor”, dice el informe.
Pero no es el único grupo armado, puesto que en esta subregión, derivados del Clan del Golfo están la banda de la Carne Rancia y la de La R.
La primera de ellas es liderada por Andrés Felipe Morales Marín, alias Carne Rancia, mientras que la otra tiene como cabecillas a los hermanos Vargas Benítez, Medardo –alias Sangre o El Cura– y Abelardo –alias La R–.
“Entre 2019 y 2020 se produjo una división en el Bloque Suroeste del Clan del Golfo, en un contexto del incremento de homicidios, provocando el surgimiento de dos nuevas organizaciones”, indica otro aparte de este informe.
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De hecho, se señala que antes de esta división hubo una estabilidad en la cantidad de asesinatos en esa subregión, pero con la incursión desde 2019 de la Edwin Román, empezó el repunte paulatino de los asesinatos.
También se tiene conocimiento de la llegada de grupos criminales desde el Valle de Aburrá, como las bandas La Miel, Los Triana, San Pablo y La Terraza, siendo esta última denominada en este territorio como La Oficina de Andes o Halcones del Suroeste.
Finalmente se habla de 14 estructuras creadas por clanes familiares en los territorios, los cuales operan algunos de manera independiente y otros apoyan en la logística al Clan del Golfo, principalmente.
Los municipios más violentos
De acuerdo con este reporte policial, de los 81 asesinatos que se han presentado en 2026, en Ciudad Bolívar han ocurrido 16 casos. Le siguen en la lista Andes con 14 asesinatos, con corte al 31 de marzo.
Estas son las únicas dos localidades en las que se ha pasado de la decena de casos, pero en Titiribí y Urrao se han presentado de a seis casos en cada uno. Para el caso de Titiribí, el incremento de los asesinatos –ya que el año pasado iba solo un caso– se vio impulsado, en gran parte, por la masacre registrada el pasado 25 de febrero, donde fueron asesinadas tres personas.
Las víctimas de estos hechos fueron el mulero Nicolás Caro Ángel, Juan Stiven Zapata Guzmán y Santiago Lopera Ríos. El primero era el hermano menor de Santiago Caro Ángel, alias Tony, presunto cabecilla de la banda San Pablo, y los otros dos eran empleados de oficios varios.
En Pueblorrico, Salgar y Jardín se han presentado cinco asesinatos, Tarso lleva cuatro, en Concordia y Amagá han ocurrido de a tres. Betania, Betulia, Fredonia y Jericó vieron como la violencia les quitó de a dos de sus habitantes. El listado de municipios con asesinatos se cierra con Angelópolis, Támesis y Venecia, que contabilizan de a uno.
Los ejes de la disputa
De acuerdo con el estudio del ICP, la construcción de las conexiones Pacífico 1, 2 y 3, que suman 293 kilómetros de vías, hacen que los grupos criminales quieran aprovechar esos carreteables para el tráfico de drogas y armas, además de las extorsiones y los hurtos a conductores.
“Su presencia y despliegue al Suroeste antioqueño refleja la expansión decidida del Clan del Golfo en una zona geoestratégica por su conexión con el andén Pacífico, el Eje Cafetero y el sur del país”, indicaron desde este informe.
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La minería no se queda por fuera de la torta que se quieren disputar los grupos armados, puesto que con las nuevas exploraciones que se están haciendo en la subregión, estructuras como el Clan del Golfo quieren realizar una especie de invasión similar a la que hacen en Buriticá (Occidente antioqueño).
“Incluso si finalmente no avanzan los proyectos de explotación formal de minerales, el potencial de extracción ya es conocido y ante esta situación es presumible que algunos grupos se van a querer involucrar”, indicaron.
Finalmente quedan rentas tradicionales de disputa como la venta de estupefacientes, caracterizada por la llegada de forasteros a las fincas para extraer café.
2025, el año más violento
Todo esto llevó a que en el 2025 ocurrieran 320 asesinatos, según las cifras de la Policía Nacional, la cantidad más alta en esta subregión en toda su historia. La cifra incluso superó a 2020 y 2021, que fueron los otros años en los que se superó la barrera de los 300 casos, con 312 en 2020 y 306 un año más tarde.
La situación es más preocupante si se compara con los números de hace 15 años, cuando se registraron 81 asesinatos en todo el año, en los 23 municipios. La primera vez que se superó el centenar fue en 2012 con 166 asesinatos y para el 2015, con los 237 muertos, se rompió la barrera de los 200.