“Seguiré enfocada en la travesía de mi propia existencia”: Mónica Meira sobre Travesía por la zona tórrida, su nueva exposición en Medellín
Con más de cinco décadas de trayectoria, Meira presenta una exposición en la que reafirma al paisaje como centro de su búsqueda artística. EL COLOMBIANO conversó con la artista.
Periodista de la Universidad de Antioquia. He trabajado como fact-checker en La Silla Vacía y ahora hago parte de la sección de Tendencias de El Colombiano.
Aunque es de origen argentino y nació en Londres, Mónica Meira, al igual que su obra, es colombiana. Considerada una de las maestras de la pintura contemporánea del país, suma ya más de cinco décadas de trayectoria, en las que se ha movido entre el dibujo y el grabado, y ha explorado distintos estilos y temáticas.
El paisaje es el tema central de Travesía por la zona tórrida, su más reciente exposición en Medellín, disponible en la Galería La Cometa. Son 18 piezas, realizadas en los últimos cinco años, las que integran esta muestra, en la que Meira se aproxima al páramo y al territorio, que considera “una construcción cultural heredada de modos históricos de mirar y ordenar el espacio, atravesados por la presencia humana. Pintarlo es una forma de pensar desde la experiencia de reorganizar un lugar a partir de la percepción y la memoria”.
Fue en los años cincuenta cuando llegó a Colombia, donde más tarde estudiaría arte en la Universidad de los Andes y participaría en sus primeras exposiciones colectivas. En su trabajo, en el que se destaca el uso del acrílico –como ocurre en las piezas de esta exhibición–, suelen ser protagonistas la figura humana y la naturaleza: es frecuente encontrar, en medio de montañas, lagos o escenarios majestuosos, siluetas que, si bien a veces plantean una relación del ser humano con el entorno en el que está inmerso, en otras ocasiones generan la impresión de ser un simple espejismo plasmado en el lienzo.
EL COLOMBIANO conversó con la artista sobre esta exposición y sus proyectos por venir.
¿Cómo fue el proceso artístico y conceptual de Travesía por la zona tórrida? ¿Desde cuándo venía trabajando en esta serie de pinturas y dibujos?
“Mi proceso artístico y conceptual parte de una mirada al paisaje y a la naturaleza como estímulos para la libre interpretación de un tema que ha sido recurrente a lo largo de la historia del arte y que, de alguna manera, ha definido cada época.
Podría decir que comencé esta serie durante la pandemia, cuando nos encerraron a todos. Fue entonces cuando surgió la serie de los páramos, impulsada por el deseo de estar rodeada de naturaleza”.
¿Cuál es el lugar que ocupa el paisaje en su trayectoria y en el arte en general?
“En mi trayectoria, el paisaje ha sido fundamental para desarrollar mi propio lenguaje, mi universo creativo. Me ha permitido transformar una superficie plana, con pinceles, lápices y pasteles, en un espacio real y convincente, en una ilusión convertida en realidad. A través de él es posible expresar vivencias, momentos, sueños y memorias; son, en el fondo, paisajes de la mente.
En el arte en general, el paisaje ha sido una búsqueda personal que se transforma y se reinventa con cada artista”.
En sus primeros años como artista hizo una exploración muy interesante del cuerpo humano y después pasó al paisaje. ¿A qué se debió esa transición? ¿Qué herramientas artísticas y conceptuales le aportó esa primera etapa?
“El cuerpo humano, al igual que el paisaje, el retrato o la mitología, ha sido un tema desarrollado a lo largo de la historia del arte, definido por cada época, movimiento o artista según sus intereses y búsquedas.
En los años ochenta hubo una obsesión por toda clase de ejercicios, clases, danzas y aeróbicos para mantener la línea y alcanzar un cuerpo ideal. A partir de ese contexto empecé a preguntarme cómo se podría lograr un cuerpo perfecto a través del dibujo o la pintura. Comencé a estudiar distintas épocas y artistas que se habían enfocado en ese propósito y las diversas maneras de interpretarlo: los frisos egipcios, el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci –donde buscaba la proporción perfecta en la anatomía humana–, los desnudos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, las esculturas griegas, entre otros referentes.
Desde entonces empecé a trabajar en la idea de desarrollar un cuerpo ideal y a preguntarme en qué contexto situarlo. Una serie de bañistas en la playa marcó el inicio de esa etapa y, al mismo tiempo, introdujo el paisaje como fondo y referente.
A partir de ahí continuaron los paisajes, que siempre han estado presentes en mi obra. Creo que cada etapa, a lo largo de mis 50 años de trayectoria, ha contribuido a definir mi propio universo y mi lenguaje artístico”.
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¿Qué temáticas y formatos le interesa seguir explorando?
“Por el momento seguiré enfocada en la travesía de mi propia existencia, a través de la búsqueda de una expresión visual vinculada al paisaje, los páramos y la naturaleza en general.
Me interesan todos los formatos, desde los grandes hasta los pequeños; cualquier dimensión que me permita conmover y detener la mirada del espectador, para que pueda entrar en la obra y recorrerla”.
¿Cuáles son sus obsesiones como artista actualmente?
“Continuar trabajando arduamente, pues el tiempo se agota. Quisiera dejar mi propio testimonio artístico y lograr que el espectador se detenga, mire y reconozca una obra mía”.