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La historia de Punto de cruce, la exposición de Ana Isabel Díez que cuestiona los roles de género

La artista, considerada como una de las grandes del arte antioqueño contemporáneo, tiene una nueva exposición en la Galería La Cometa en El Poblado. Esta es su historia.

  • Ana Isabel Díez ha sido ganadora del Premio de Pintura de la III Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Florencia, Italia. FOTO Cortesía La Cometa
    Ana Isabel Díez ha sido ganadora del Premio de Pintura de la III Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Florencia, Italia. FOTO Cortesía La Cometa
  • Así luce la nueva exposición de Díez. FOTO: Cortesía La Cometa
    Así luce la nueva exposición de Díez. FOTO: Cortesía La Cometa
hace 2 horas
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Nubes, agua, montañas. Recuerda Ana Isabel Díez que eso fue lo que vio en las imágenes de una ecografía de útero que se realizó en febrero de 2010. “En ese momento dije: ‘Yo, como mujer, tengo un paisaje interior, y es uno que solo me pertenece a mí’”, cuenta la artista, considerada una de las maestras antioqueñas del arte contemporáneo. Díez, que se mueve entre la escultura, el dibujo y la pintura, está estrenando Punto de cruce, su nueva exposición en la sede de Medellín de la Galería La Cometa.

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Los Museos de Arte Moderno de Medellín y Bogotá, el Museo de Antioquia, el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo, el Museo de Coral Gables en Estados Unidos y el Museo del Traje en España son solo algunos de los lugares en los que se han expuesto sus obras. Y, contrario a lo que muchos podrían pensar, Díez es ingeniera de profesión.

“Lo primero que sentí fue el arte. Desde muy pequeña dibujaba y, afortunadamente, mis padres nunca me limitaron en eso. Sin embargo, en esa época el arte se veía más como un hobby. Cuando llegó el momento de escoger una carrera, también me gustaban mucho las matemáticas, así que decidí estudiar ingeniería con la idea de mantener el arte como una actividad paralela. Durante un tiempo fue así: alimenté ambas cosas. Pero llegó un momento en que el arte se volvió más grande que lo otro y tuve que darle su lugar”, contó en conversación con EL COLOMBIANO.

Eso coincidió con que, junto a su esposo, tuvo que mudarse a España, donde comenzó a tomar clases, primero en una academia y luego con un profesor de pintura. Ana regresó a Colombia convencida de que lo que quería era ser artista. Ya en Medellín orientó su trabajo a darle hondura a su obra: “Sí necesitaba conectarme con un contexto intelectual que me permitiera presentar una propuesta sólida, contemporánea”. En ese camino obtuvo el título de doctora en Arte de la Universidad de Antioquia y, atando cabos de todo lo que había desarrollado en esas últimas décadas, escribió —o, más bien, pintó— la premisa de su obra, que gira en torno a dos asuntos claros: la mujer y el paisaje.

Como antecedente está, por ejemplo, el proyecto que surgió a partir de aquella experiencia con la que arranca este texto. Las imágenes de la ecografía de útero la inspiraron a realizar piezas que, como ella explica, “eran básicamente unos cuadros redondos basados en imágenes de histeroscopia (un procedimiento ginecológico en el que, con ayuda de una cámara, se examina el útero). Eran pinturas que reproducían esas imágenes, pero también empecé a realizar videos intervenidos a partir de ellas”.

“Para mí la naturaleza es femenina y, muchas veces, una me sirve como metáfora de la otra para desarrollar mis propios lenguajes”, explica Díez, quien en Punto de cruce, su nueva exposición en Medellín, continúa desarrollando y problematizando esa relación. En total son tres piezas las que se exhiben en La Cometa: dos óleos y una instalación, en las que se destacan plantas y una extensa lona verde, aquella que se utiliza para cubrir la vista en zonas en construcción y que, en el caso de la instalación, tiene bordada la palabra “Vozque”.

Punto de cruce es una serie que Díez viene desarrollando desde su doctorado, que inició en 2019 y culminó en 2022. Esta propuesta, asegura la artista, pone sobre la mesa la pregunta de qué ocurre cuando una sociedad construye la identidad masculina a partir del rechazo de lo femenino. Para abordar ese interrogante, la antioqueña recurre al bordado, una práctica históricamente vinculada a la mujer. Trabaja con el punto de cruz, haciendo alusión a los cromosomas femeninos (XX), y crea una nueva puntada (XY), dando origen al título de la serie. Estos bordados, como se puede ver en una de las obras expuestas, se realizan sobre la tela verde asociada a lo masculino, con el fin de unir dos universos que socialmente se han planteado como opuestos y abrir así una conversación sobre desigualdad, roles y violencia de género.

El trabajo de Díez ha sido reconocido a nivel nacional e internacional. En 2015, la antioqueña estuvo nominada al Premio Luis Caballero, el galardón más importante de las artes plásticas en Colombia, por su obra EN-BOLA-ATADOS. Esta pieza es una montaña de bolas de tela creadas por mujeres que participaron en una serie de talleres conducidos por la artista y una psicóloga.

Así luce la nueva exposición de Díez. FOTO: Cortesía La Cometa
Así luce la nueva exposición de Díez. FOTO: Cortesía La Cometa

“Lo que se pretende en este taller es reflexionar sobre aquellos asuntos que nos cargan, nos hacen daño y nos duelen, especialmente en el caso de mujeres víctimas de violencia. Se trata de reconocer todo aquello que representa sumisión, estar subyugada a alguien, y las distintas formas de violencia, no solo física, sino también emocional y psicológica. A medida que cada persona identifica esas situaciones, comienza a rasgar la tela. Es un acto profundamente catártico, porque se asocia ese gesto fuerte de romper la tela con la idea de arrancarse algo del corazón, de romper con aquello que ha hecho daño. Pero mi intención no es que nos quedemos en la ruptura. No es suficiente romper o permanecer rotas. Al contrario, se trata de recomponerse: así como tenemos el poder en nuestras manos para destruir, también lo tenemos para crear”, cuenta Ana, quien llevó a cabo recientemente estos espacios en la Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín 2025.

En estos años de trabajo, la artista ha concluido que una obra de arte invita, ante todo, a la reflexión. Esa es una de las ventajas de estas expresiones al abordar temas sensibles como la violencia de género. “A veces siento que funciona como una especie de carnada: las personas se acercan por curiosidad, por el material, por el bordado, por las puntadas o por las palabras. Pero luego, al detenerse, empiezan a encontrarse con las reflexiones que están detrás. Y eso es lo más enriquecedor: que se establezca una conversación con la obra”, explica. Sus planes, concluye, apuntan a seguir creando, no para excluir, sino para reconciliar a través de la mirada.

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