Los globos desinflados de Petro con la “paz total”
El que prometía ser el proyecto político más importante de su mandato, terminó dilapidado por las promesas incumplidas del propio jefe de Estado.
Periodista especializado en temas de crimen organizado, terrorismo y conflicto armado. Creador del podcast Revelaciones del Bajo Mundo. También soy escritor y dramaturgo, autor de las obras teatrales “La Trilogía del Mal” y “Estallido”.
La “paz total”, la estrategia que Gustavo Petro les presentó a los colombianos como el principal proyecto político de su gobierno, terminó ultrajada por el propio presidente de la República, en medio de sus promesas vacías, la falta de compromiso de sus subalternos, un clima político adverso y criminales que solo aprovecharon los beneficios de ser voceros para expandir su fortuna y control territorial.
El plan fue difundido con anuncios grandilocuentes en la campaña presidencial de 2022, buscando atraer los votos de los más ilusos. “A los tres meses de ser presidente, se acaba el ELN en Colombia, porque se hace la paz”, profirió Petro durante una entrevista, el 14 de marzo de 2021.
Ahora apenas faltan cuatro meses para que concluya su mandato, y no ha logrado concretar un acuerdo de paz con el ELN ni con ningún otro grupo criminal importante.
El globo más reciente sobre la “paz total” lo lanzó el jefe de Estado el 13 de abril de 2026, como reacción al escándalo de la cárcel de Itagüí, donde varios presos, incluyendo voceros de las bandas criminales del Valle de Aburrá en la mesa de paz, armaron una parranda vallenata dentro del penal.
“Los señores que hicieron la fiestica salen de la cárcel, entran es a otra, trasladados. Salen de Itagüí, se acabó el tema”, ordenó Petro frente a su gabinete. Lo dijo para mostrarse fuerte ante sus electores, tal vez, pero ya pasaron dos semanas y a ninguno de esos peces gordos los han movido de prisión.
Este no es el único embuste del mandatario con relación a la mesa de diálogos con las bandas del Aburrá. El 19 de diciembre de 2024 designó a Diego Murillo Bejarano (“don Berna”) como gestor de paz para ese proceso.
El exjefe de “la Oficina” requería unas condiciones especiales para participar, dado que está preso en Estados Unidos, y la Cancillería no hizo el trámite requerido ante el Buró de Prisiones de ese país para que pudiera asistir a las reuniones por teleconferencia.
Fue un mero nombramiento de papel, que en su momento anunciaron ante la prensa como “un gran avance hacia la paz urbana”.
La inexistente mesa con las AUC
Uno de los globos más absurdos que ha lanzado Petro en cuanto a la “paz total” es el de la mesa de diálogos con los excomandantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), con la cual prometió “darle cierre” a los procesos de la Ley de Justicia y Paz con los paramilitares (2006).
El jefe de Estado anunció la instalación de las conversaciones en octubre de 2024 e incluso se abrazó en un acto público en Montería con el narcotraficante y exjefe paramilitar Salvatore Mancuso.
A 18 excomandantes los nombró gestores de paz, pero en junio de 2025 ellos mismos renunciaron a esa designación y suspendieron la mesa, criticando el desinterés del Gobierno en los diálogos.
Entérese: EE. UU. alerta en la ONU sobre la “inestabilidad” en Colombia y el deterioro de la seguridad
La Casa de Nariño insistió, al parecer buscando fustigar a la oposición política con supuestas denuncias que iban a ventilar los paramilitares, y en octubre del año pasado relanzó dicho espacio, advirtiendo que ahora sí lo tomaría en serio. Para certificarlo, Petro nombró a dos de sus alfiles para que coordinaran y evaluaran el avance de la mesa: Angie Rodríguez, entonces directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre); y el ministro del Interior, Armando Benedetti.
Este último le puso picante al nuevo intento, con esta frase: “Esos gestores de paz se han comprometido con decir la verdad. Verdad que estoy seguro que va a asombrar a Colombia y sobretodo a la verdadera clase política que estuvo en el establecimiento con ellos, que además es cómplice de varias muertes y masacres”.
El 24 de octubre de 2025 hubo una reunión en Valledupar, justo el mismo día en el que Benedetti se enteró de que el Departamento del Tesoro de EE.UU. lo incluyó en la Lista Clinton, junto a Petro.
En ese preciso momento se diluyó la mesa. Nunca más se volvieron a reunir las partes, y Angie Rodríguez, la otra delegada de la Casa de Nariño, hoy es una de sus principales detractoras.
Puede leer: El mapa del fracaso de la Paz Total: las mesas que resisten y las que no
La conversación con los antiguos comandantes de las AUC nació muerta.
Fallida ley de sometimiento
En la primera legislatura de su mandato, el Gobierno Petro presentó al Congreso un proyecto de ley de sometimiento de bandas criminales, es decir, de aquellos grupos que no tienen origen rebelde.
El primer mandatario vendió la idea como un paso esencial para desarmar a todas las bandas urbanas del país, comenzando por las de Buenaventura, el Valle de Aburrá y Quibdó.
El proyecto se hundió y nunca más lo volvió a presentar, argumentando “falta de ambiente” en el Congreso y priorizando otras iniciativas, que tampoco se aprobaron, como las reformas a la salud y tributaria.
Uno de los factores que más incidió en el desgano para volver a presentar la ley fue la inestabilidad en el Ministerio de Justicia, que ha tenido cinco jefes de cartera en lo que va del mandato. El tercero de ellos, el exfiscal General Eduardo Montealegre, prometió que llevaría la ley de sometimiento al Legislativo una vez más, pero apenas duró cuatro meses en el cargo. Se marchó sin avanzar nada.
A esta lista de globos pinchados se suman una mesa de paz con “los Pachenca” que nunca despegó; la de las bandas de Buenaventura que está inactiva; y la del Clan del Golfo en Catar, que poco progreso y muchos gastos ha dejado.
El Gobierno pactó Zonas de Ubicación Temporal de Combatientes con el Clan del Golfo, el Estado Mayor de los Bloques y Frente (EMBF), los Comuneros del Sur y la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB). A la fecha, no ha implementado ninguna.
Tampoco disminuyó la violencia en Colombia. Los actos de terrorismo, el secuestro, los desplazamientos forzados, el reclutamiento infantil y el confinamiento se incrementaron, así como las muertes de miembros de la Fuerza Pública en la línea del deber.
El abogado Michel Pineda, director de la Corporación Compromiso Colombia, y quien en un principio participó en los acercamientos para las mesas de paz con las bandas del Valle de Aburrá y los exjefes de las AUC, reconoció que el proyecto de la “paz total” se quedó en los anuncios.
Le recomendamos leer: Caguancitos 2.0: ¿cómo las disidencias ganan terreno con la ‘paz total’?
“Hubo buena voluntad de parte de Petro, pero sus subalternos boicotearon cada intento. El ministro Montealegre, que dejó tirado el proyecto; el canciller Luis Gilberto Murillo, que no ayudó con los trámites para los gestores de paz encarcelados en el extranjero; y el primer comisionado de paz, Danilo Rueda, que solo se reunía con sus favoritos”, opinó.
En la misma entrevista de 2021 con la revista Semana, en la cual prometió desarmar al ELN en tres meses, Petro declaró: “Mi Gobierno es para hacer la paz. Si no hicimos la paz, que me tumben. Es más, yo mismo renuncio”.
Fue otro globo lanzado al aire en nombre de la “paz total”, que también se desinfló.