Política

Carolina Restrepo y su forma de mandar en el ICBF

Por sus decisiones y posturas, la directora del Bienestar Familiar divide opiniones. Sus críticos la tildan de soberbia, pero en la entidad destacan su liderazgo.

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hace 2 horas

En los pasillos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) nadie habla de la llegada de Carolina Restrepo como un simple cambio de directora. Desde que se sentó en la silla, ha movido contratos, equipos, programas y hasta la forma en que se nombran a los niños y a las niñas. Y mientras más mueve, más ruido hace, pues su estilo pendenciero ha sido un marca en las redes sociales, donde responde a quienes la critican como si no fuera una funcionaria pública.

Llegó diciendo que venía a “ordenar la casa”. Anunció revisiones de contratos, de funcionarios y de operadores, y avisó que no piensa ceder ante presiones para dejar a alguien o a algún negocio cómodo dentro de la entidad. “Contrato que no esté soportado, funcionario que no tenga funciones, sale”, dijo en agosto. Y no hablaba de una oficinista; el ICBF tiene más de 10.000 funcionarios de planta, más de 15.000 contratistas y unas 40.000 madres comunitarias.

Esa revisión, según contó, le ha servido para encontrar “ruedas sueltas” en la contratación y en el manejo de la plata. “Ustedes no saben la corrupción que estamos encontrando acá”, dijo. Hasta ahora, sin embargo, esas afirmaciones no han venido acompañadas de nombres ni de cifras concretas.

Lo que sí ha puesto nombre y apellido a la polémica es su manera de hablar. Restrepo se ha vuelto incómoda para quienes rechazan sus posturas más radicales, sobre todo cuando cambia rótulos con los que buena parte de la sociedad estaba familiarizada. Uno de los más sonados tiene que ver con las familias; según ella, no existen en plural, porque en el país solo hay un tipo de familia, la conformada por padre, madre e hijos, sin embargo, luego aclaró que, aunque las personas que conforman un hogar pueden variar (padres, madres, abuelos, tíos, cuidadores, amigos e incluso mascotas), para el instituto lo fundamental es el cuidado del menor y que “familia hay una, la de cada uno”.

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Ese tono contestatario la ha llevado a una especie de juicio permanente en redes sociales, donde se defiende sin filtros institucionales. Su cuenta de X (antiguo Twitter) se volvió una arena de toma y dame con cualquiera que la cuestione. A un usuario que se presentaba como investigador académico le escribió: “Don Camilo, ya que se presenta como ‘investigador académico’, le sugiero empezar por un cursito de inglés”. Sus críticos dicen que es soberbia, provocadora y distante.

Dentro del Instituto, en cambio, la percepción es otra. Quienes la conocen hablan de una persona cordial, amable y respetuosa que saluda, agradece y explica que su interés es trabajar por la niñez y la adolescencia. Para lograrlo, repite, necesita un equipo comprometido que ame lo que hace y que además tenga experiencia en cada proceso. Aunque no es pedagoga ni agente educativa ni madre ni madre comunitaria, reconocen en ella a la líder con un carácter fuerte que la entidad necesita hoy. Pero es justo ahí donde se enfocan sus críticos.

Las peleas por las palabras

Una de las primeras discusiones fue por el uso de la palabra “niñas”. Desde la Regional Huila circuló una instrucción para usar “niños y adolescentes”, y Restrepo entró a mandar; en las comunicaciones oficiales se usaría “niñez”, porque, según ella, ese término ya incluye a niños y niñas. A muchos no les gustó nada. Los críticos dicen que nombrar a las niñas no es capricho, sino reconocer que viven violencias y desigualdades distintas y que, si no se nombran, se vuelven invisibles.

La funcionaria respondió atizando aún más la discusión: “Me cansan las feministas de cartel. Las que creen que el feminismo es una pañoleta, un color o una consigna. El feminismo es mucho más que eso”, dijo.

Insiste en que nadie le va a imponer usar ciertas expresiones y que hablar de “niñez” no es borrar a las niñas. El asunto llegó hasta la Defensoría del Pueblo, que pidió explicaciones al ICBF sobre el lenguaje y la necesidad de mantener el enfoque diferencial.

Luego de eso, vino la polémica por el mural de “Resistencia Chiquita”. En un recorrido por las instalaciones, Restrepo se paró frente a una pared con dibujos y mensajes y se preguntó cómo era posible que usaran a los niños para transmitir ciertos mensajes. Al leer “Aquí estuvo la resistencia chiquita”, reaccionó: “Esto es absolutamente abusivo”.

“Resistencia Chiquita” es un colectivo de niñas que nació después del asesinato de Yuliana Samboní y que lleva años trabajando con arte, cultura y participación infantil para hablar de violencia de género y de lo que viven las niñas. Hasta el mismo ICBF había hecho actividades con ellas. Por eso, cuando mandó retirar el mural, llovieron las críticas. Quienes defienden al colectivo dicen que ella estaba borrando una forma legítima de participación infantil; la funcionaria, sin embargo, insiste en que los espacios del ICBF no pueden usarse para meter política con los menores.

El choque en el Congreso

Pero mientras afuera discutían por murales, adentro seguía hirviendo. En septiembre dijo que contratistas, operadores y terceros no podían pretender orientar las decisiones del Instituto “a punta de denuncias, rumores o campañas”.

“A mí no me meten los dedos en la boca y no me dejo usar de nadie (...) hay demasiados intereses y demasiado dinero en juego” y advirtió que sabe que a muchos no les conviene que las cosas cambien, “pues van a cambiar”, dijo.

El choque más duro llegó ese mismo mes, en un debate de control político en la Comisión Séptima del Senado. La discusión arrancó por el presupuesto y terminó enredada en la palabra “familia”.

La directora Restrepo anunció que cambiaría el nombre de programas como “Familias y Comunidades” y lo pasaría a singular. “De entrada les digo que los nombres van a cambiar, porque la familia es una. No son las familias”, dijo. Semanas antes ya había anunciado que el Instituto dejaría de hablar de niños, niñas y adolescentes para usar solo “niñez”.

El senador Duvalier Sánchez, de la Alianza Verde, fue uno de los que rechazó su postura. Le recordó que en Colombia hay hogares con mamás solas, papás solos, abuelas, tíos, de todo tipo, y que existe una defensa jurídica y una historia detrás de ese reconocimiento.

La llamó “provocadora y peligrosa”, dijo que su “soberbia” no le permitía entender esa realidad y le reprochó lo del mural y la forma en que se refirió al colectivo. “Usted nos viene a decir que eso no le importa, que solo hay una familia y punto”, cuestionó, y añadió que no debería imponer sus posturas ideológicas al frente del ICBF. La cosa subió hasta lo personal; Sánchez llegó a decir que a la directora le faltaban “calidad como persona y sentido de realidad” para dirigir el Instituto.

Restrepo respondió que, sin importar cómo esté compuesto un núcleo familiar, “independientemente de que usted le vea la calidad que quiera, de uno, dos, cinco, cuatro, tres, papá, mamá, mamá, papá, todos reciben el mismo nombre: familia”.

Ese contrapunteo fue usado por el congresistas en sus redes sociales, lo que expuso a la funcionaria a otra seguidilla de ataques por su postura y posiciones en ese debate. De ahí que el episodio terminara en una denuncia penal.

La denuncia en la Fiscalía

Restrepo llevó a la Fiscalía las amenazas, el hostigamiento y los mensajes que empezaron a circular en redes tras la controversia. En la denuncia pidió que se investigue si un video publicado por Sánchez, que según ella estaba editado y sacado de contexto, pudo ayudar a desencadenar esa reacción. Entregó el video, el registro original de la sesión, las transcripciones y una reconstrucción de las diferencias entre ambas versiones.

En el recurso, incorporó los mensajes que comenzaron a circular después en distintas plataformas. Entre ellos se encuentran comunicaciones intimidantes y publicaciones abiertas en las que terceros divulgaron la ubicación de la directora y manifestaron su intención de acercarse a ella o verla personalmente.

“Se divulga el lugar preciso en el que me encontraba y se anuncia, primero por una persona y luego por otra, la intención de acercarse a mí o de verme personalmente. Esa información, difundida ante miles de usuarios en medio de una reacción hostil, me lleva a temer por mi seguridad”, se lee en el documento.

Y en medio de tanta polémica, Restrepo tiene un escudo grande, el presidente Abelardo de la Espriella.

Tras las amenazas que ella denunció, el mandatario salió a respaldarla y advirtió que quien se meta con ella se mete “con el tigre”. Rechazó las intimidaciones contra la directora, aseguró que ella está combatiendo la corrupción. “La doctora Restrepo cuenta con todo mi respaldo. Quien se mete con un funcionario de mi Gobierno se mete con el Tigre”, escribió.

Para Duvalier la única amenaza es la del propio presidente. “Pintarse como tigre no quiere decir que las manchas del disfraz sean reales”, le contestó.

Con todo y eso, Restrepo sigue erguida. Insiste en que tiene más de 30 años de experiencia, que sabe manejar situaciones difíciles y que no llegó al ICBF a dejarse presionar. Dice que la plata de la entidad tiene que terminar en la niñez y que su administración va a revisar todo lo que encontró. Y en eso va, mientras adentro crece el afecto por su liderazgo.

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