Cultura

“La música nos conecta y nos ayuda cuando las palabras no son suficientes”, Juan Manuel Orjuela, neuropisquiatra

Cerebrofonía, el primer libro de Juan Manuel Orjuela, explica la relación del cerebro con la música, y su importancia.

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Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.

hace 7 horas

La música se valora cada vez más por los números: las reproducciones que alcanza una canción, las ventas millonarias de los conciertos, los puestos en las listas, en fin. Pero los números están lejos de hacerle honor a la inmensidad de la música, a la importancia que tiene para la experiencia humana. Se quedan cortos.

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Diversos estudios científicos han demostrado que, entre otras cosas, la música favorece la sincronización emocional y conductual, puede mejorar las habilidades de escucha y producción de lenguaje, y ayuda a regular las emociones y a fortalecer los lazos sociales cuando se vive de manera compartida. Cantar, por ejemplo, reduce los niveles de cortisol, una de las principales hormonas del estrés, cantar en grupo tiene efectos cohesivos.

“El canto coral promueve la liberación de oxitocina y reduce los niveles de cortisol. La oxitocina es una neurohormona fundamental para el apego, entendido como la necesidad de cercanía, y participa tanto en la lactancia como en el orgasmo. Es el ‘pegamento’ de la sociedad”, escribió Juan Manuel Orjuela en su libro Cerebrofonía, música, neurociencias y salud mental.

Juan Manuel Orjuela es bogotano, neuropsiquiatra y tiene una maestría en neuromúsica. Lleva más de 10 años investigando la relación de la música y el cerebro y publicando artículos académicos al respecto. Hace un par de años una editorial le sugirió escribir un libro en un lenguaje mucho más cotidiano y menos técnico, para compartir eso que sabe de la música, el cerebro, y las emociones, y escribió Cerebrofonía.

El libro, publicado a finales de mayo por la editorial PanHouse, recorre un camino largo para explicar por qué somos una especia musical, que pasa en el cerebro con la música y como la música puede usarse como parte fundamental en diversos tipos de terapia. EL COLOMBIANO habló con Juan Manuel.

Cerebrofonía es una forma de traducir a un lenguaje muy cotidiano todo lo que pasa en el cerebro con la música...

“Sí, el libro tiene tres partes básicas. La primera es un poco explorando los orígenes de la música en el humano y como eso se representa, por ejemplo, en el cerebro de los niños, que viene con un precableado para entender la música.

La segunda parte es justamente entender qué es lo que pasa en la relación de la música y el cerebro, es decir, cuáles partes se activan cuando tú escuchas una melodía, el beat de una canción o te sincronizas con la danza. Ahí, una parte muy gruesa del libro es entender cuál es la relación de la música y las emociones desde el punto de vista biológico. Pero el libro no se queda sólo en la descripción, sino en cómo llevar este conocimiento de lo clínico, a lo terapéutico. Por eso incluyo ejemplos de pacientes con Alzheimer, con Parkinson, con depresión. El conocimiento siempre se termina derivando hacia los usos que se le puede dar en diferentes patologías neuropsiquiatricas.

La tercera parte del libro aborda las sinestesias, los psicodélicos y las terapias de sonido. Fue un reto escribirlo, encontrar un equilibrio entre lo académico, lo divulgativo, lo autobiográfico, lo clínico y lo experiencial”.

¿Qué tanto se estudia este tema en el país y en el mundo?

“Eso es muy importante porque dentro de mi perfil, yo soy médico neuropsiquiatra, y en Colombia somos más o menos unos 8 o 10 neuropsiquiatras”.

Muy poquitos...

“Si, muy poquitos. Pero además yo tengo un máster en neuromúsica y soy docente de neuromúsica. Entonces tengo como esa integración de ambas partes. Y digamos que muchos pacientes hoy en día, tanto con enfermedades neurológicas como psiquiátricas, están buscando no solamente ayuda farmacología, que tu les mandas una pastilla, sino también tratamientos no farmacológicos que sean efectivos, que tengan evidencia, por ejemplo, meditación, mindfulness, yoga, etc. Y la música o la musicoterapia muchas veces entran en un terreno que es necesario para los pacientes.

Te pongo el ejemplo de los pacientes con Alzheimer. En el mundo hay más de 50 millones de personas con demencias y de esas, más de la mitad tienen Alzheimer. Muchos de ellos cuando llega la tarde, las 5 o las 6 de la tarde, se empiezan a agitar muchísimo, es algo que se llama síndrome del ocaso, y es muy difícil porque tienes que utilizar medicamentos. Ahí, el uso de la música es genial para reducir la agitación. En el libro menciono también lo del tango, que es espectacular, el año pasado estuve en un evento en Cali y veía como a la gente con Parkinson le iba muy bien bailando tango por el tipo de tempo, por el ritmo y la manera de bailar.

Entonces la música sí es algo relevante y necesario porque son estrategias no farmacológicas que le están ayudando a las personas, y no sólo en enfermedades neurológicas, sino también para ansiedad. Después de la pandemia quedamos con una epidemia de ansiedad y las tasas aumentaron muchísimo en todo el mundo”.

¿Cómo funciona la música en estos casos?

“La terapia de sonido es fundamental, el uso de cuencos tibetanos, del koshi, en el libro incluí códigos QR con ese tipo de sonidos y frecuencias que pueden llegar a modificar algunos aspectos fisiológicos o neuropisiológicos que explican por qué eso te puede bajar el cortisol, regular la oxitocina y ayudar a modular el sistema nervioso”.

Para eso hace falta aprender a escuchar bien, con atención...

“Si, nosotros tenemos una relación circular con la música. Cuando digo circular, es que nosotros tenemos dos tipos de vínculos con la música. Uno que es el receptivo, cuando tú escuchas pasivamente música. Y el otro que es activo y es cuando tú tocas un instrumento.

La música es como un regulador de ánimo. Si estas emputado, cargado, en vez de irte a pelear con el que te cruces, te encierras en tu cuarto o te pones audífonos y escuchas algo que a tí te drene la ira. Los mismo con la música triste, que es necesaria para encontrarse con una tristeza más sana, autoreflexiva, que genere autoconocimiento, introspección. Yo recomiendo eso, consumir música de acuerdo al estado emocional que tenemos”.

¿Qué pasa cuando uno toca un instrumento? Es importante aprender música aunque uno no vaya a vivir de la música...

“Si, tocar un instrumento, sea el que sea, una pandereta, un triángulo, cualquier actividad que implique tocar un instrumento genera neuroplasticidad: las neuronas se conectan diferente, se refuerzan las redes cerebrales, y eso protege, por ejemplo, contra la demencia”.

¿Hay una música que sea mejor o más apropiada que otra?

“No creo que haya una universalidad en términos de lo que la música te genera a nivel emocional y por eso yo recomiendo que cada uno haga lo que yo llamo un Botiquín musical, que hagas playlists con diferentes intenciones emocionales. Por ejemplo, una playlist que a ti en tu caso particular, te lleve a experimentar tristeza, otra que te genere alegría, motivación, otras que te ayuden a drenar la rabia en fin”.

Hay una relación entre la música y el lenguaje, es decir, el cerebro está preparado para la música...

“El lenguaje tiene varias características que se comparten con la música. Por ejemplo, el lenguaje es secuencial y la música también. Un cuadro o una obra de arte es un todo, pero en una canción puedes escuchar una secuencia a través del tiempo. Lo otro es que tanto la música como en el lenguaje tienen frases o formas de escribirse que son compartidas, por ejemplo, en el lenguaje yo tengo inflexiones tonales, hago cadencias, subo el tono, bajo el tono, en el lenguaje hay música, y en la música hay una sintaxis, un orden que deben tener las notas, las melodías, las cadencias, para que tenga una estructura, igual que el lenguaje, eso es algo que se comparte.

Esa relación es muy bonita explicarla desde lo que pasa en los niños que empiezan a aprender música y es que adquieren más habilidades de lenguaje que otros. Básicamente, la música potencia las habilidades del lenguaje porque potencia la capacidad del cerebro para producir información secuencial”.

Hay gente a la que no le gusta la música...

“Hay gente que definitivamente no le gusta la música o tiene aversión por la música, o tiene más activo el canal verbal que el musical, pero en el libro comento algunos casos de personas con amusia, que es una incapacidad congénita para detectar ciertos tonos o ritmos, y eso nos aleja de la música muchas veces, aunque que no compromete tu inteligencia, ni tu capacidad para aprender.

Otros tienen algo que es la anhedonia musical. Personas que a veces pueden tener un bajo hedonismo musical entonces, simplemente no disfrutan tanto la música como los que somos apasionados por ir a conciertos, por gritar, por cantar. Hay otros casos de personas con lesiones cerebrales que les quitan la capacidad para disfrutar la música”.

Hay sonidos insoportables también...

“Si, no solamente está el tema de no sentir placer por la música, esa anhedonia que decíamos antes, sino que también otras personas tienen este aspecto de la aversión a los sonidos, esto le pasa mucho a las personas que tienen rasgos autistas, y se llama hiperacusia, y es que se molestan con sonidos que pueden ser cotidianos, por ejemplo, cuando la gente mastica o los sonidos de la calle, la ambulancia, la moto acelerando, esos sonidos cotidianos los sienten amplificados, por eso se llama hiperacusia, y eso puede llegar a ser muy incómodo, yo tengo pacientes que tienen que estar con audífonos de cancelación de ruido. Eso activa otras regiones cerebrales más involucradas con la amígdala cerebral que es una estructura que detecta la amenaza o activa respuestas de lucha o huida. Yo siempre he dicho que por eso hay gente que puede entrar a un bar y si la música no le gusta, no es afín o suena muy duro, se activa una respuesta instintiva de huida, entonces termina uno yéndose del sitio porque la música lo saca.

El extremo de esto es la tortura musical. Se sabe que en diferentes contextos, en algunas cárceles como en Guantánamo, o en Afganistán, utilizaban canciones que eran culturalmente distantes para torturar a la gente, poniéndolas durante días a altísimo volumen”.

¿La música hecha con Inteligencia Artificial puede cambiar la forma en que escuchamos y nos relacionamos con la música? ¿Está muy temprano para saberlo?

“Creo que está muy temprano para saberlo, pero fíjate que lo que está pasando con la Inteligencia Artificial en el lenguaje y en las imágenes puede empezar a pasar con la música, y es que la IA tiene una forma de responder y de estructurar las cosas, y tu puede identificar que cosas han pasado por ChatGPT, porque es una forma de hablar muy homogénea, y la discusión ahí es que se está perdiendo la espontaneidad y la heterogeneidad de lo humano, la personalidad. Yo creo que eso podría pasar también con la música”.

Antes mencionó que estamos en una epidemia de ansiedad, ¿qué está pasando? ¿Cuál es el panorama?

“Por un lado, digamos que nunca antes habíamos estado tan expuestos a las redes sociales, y lo que ha pasado con estas nuevas generaciones es que se han venido moldeando a punta de un algoritmo que te invita a que todo sea corto, placentero y divertido, y eso se sabe que genera un refuerzo dopaminérgico en tu cerebro. Estas generaciones están teniendo un tema de impulsividad importante y de baja tolerancia a la frustración, pero también, digamos que la pandemia afecto mucho por el tema del encierro, los duelos, la misma infección por Covid se sabe que en algunas personas generó estados inflamatorios prolongados, lo que se llama Long Covid.

Pero también estamos hablando más de salud mental. Entras a redes y muchos artistas están hablando de depresión, ansiedad, y mucha gente se empieza a identificar con los síntomas y empiezan los algoritmos a mostrar una cantidad de síntomas que muchas veces no corresponden a síntomas clínicos.

Es una combinación de factores, pero al final, lo que estamos buscando desde la psiquiatría es, primero, hablar de estos temas, validarlos, identificarlos y darle estrategias a la gente para que puedan llevar su vida con hábitos, haciendo actividad física regular, comiendo sanamente, teniendo buenos hábitos de sueño y en ese caso la música es un complemento para regular las emociones”.

Usted dice en el libro que “la música es una de las formas más sofisticadas de la experiencia emocional que ha desarrollado nuestra especie”...

“Hay algo muy importante en la música y es que para muchas personas es difícil hablar o ponerle palabras a lo que siente, sobre todo en estas generaciones que confunden estar triste con estar nervioso, entonces la música es una gran herramienta para externalizar las emociones, para drenarlas, para hacer catarsis emocional y para sentir que algo de nosotros, por un lado se libera, pero por otro lado, una parte de nosotros se conecta.

Todos tenemos una conexión musical, todos tenemos una historia filogenética con la música, todos tenemos un cerebro que cuando nace lo que identifica son los tonos y los contornos melódicos de la mamá. La música conecta, la música es parte de la vida, el ritmo hace parte del sostén de la existencia, pero también la música nos ayuda mucho cuando las palabras no son suficientes”.

La música nos hace más humanos...

“Exacto, y fíjate que es muy bonito porque en los conciertos la gente tiende a tener conductas prosociales, es mucho más empática, tú te caes y te ayudan a levantarte, te abrazas con el de al lado que no conoces. Tú cantas y compartes el jubilo con alguien que nunca has visto en tu vida. La música o la experiencia social de la música cohesiona. Y al final eso es ir al origen de la música en la especie y es que las tribus que era más musicales fueron las que tuvieron mayor supervivencia y eso es lo que yo recomiendo muchas veces, vaya grite, salte, cante, siéntase parte de un todo, siéntase parte de una comunidad porque eso lo hemos perdido en esta era que estamos tan aislados. La música conecta desde los más profundo”.

Hablemos un poco de la relación de la música y el uso de psicodélicos en terapia...

“Hoy en día la psiquiatría está pasando por una revolución que es el uso de psicodélicos, incluso de cannabis, para tratar diferentes condiciones. La psilocibina, por ejemplo, que son estos hongos psilocibios, están mostrando en algunos contextos unas mejoras importantes en la depresión, y ahí la música es fundamental para que la persona tenga una experiencia que sea terapéutica, pero no es cualquier música. El último capítulo está dedicado a entender el rol de la música en los estados expandidos de conciencia”.