Conozca 50|50 la casa de la cultura, el baile y la reflexión en Medellín
Continúa nuestra serie de escenarios en la ciudad con 50|50, en el Perpetuo Socorro, un espacio para la fiesta y el encuentro.
Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.
Uno de los lugares que visitó Bad Bunny en Medellín, cuando vino de gira a finales de enero fue 50|50, el centro de baile, cultura y reflexión que emergió entre talleres de mecánica, sobre la calle Palacé, en lo que se conoce como el Perpetuo Socorro, distrito creativo.
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Casi nadie lo supo, pero el Conejo remató allá, comiendo tripletas –un sánduche de tres carnes ícono de la gastronomía callejera de Puerto Rico–. Nadie planeó esa visita, nadie ni siquiera lo invitó. Bad Bunny llegó como llegan todos a Cincuenta, buscando lo que nadie más ofrece.
50|50 es la casa de lo itinerante, de lo emergente. La historia empezó en 2023, con Óscar Vásquez y Camilo Vandel, buscando una sede para su ya tradicional fiesta Bien bueno, llegaron a La Fábrica, una tostadora de cafés con sede en el Perpetuo Socorro, en un edificio de tres pisos. La Fábrica ocupaba el primero, en el segundo había un coworking y en la terraza del tercero, nada, por eso cada tanto la alquilaban para fiestas.
Ellos hicieron la suya, salió bien y los dueños de La Fábrica les propusieron asociarse para tomar en alquiler todo el edificio. Lo hicieron, pero sumando más proyectos a la iniciativa.
–Empezaron siendo como tres casitas (colectivos) que se juntaron, cada uno hacía su fiesta y fue como una bolita de nieve, que se fue creciendo –cuenta Daniel Uribe, gerente del proyecto.
Hoy, casi tres años después, 50|50 es un referente de la cultura alternativa de la ciudad. No es un bar, mucho menos una discoteca, no es un lugar que simplemente abre para poner música y vender licor. Cada actividad tiene un proceso de curaduría y cada género, por lo general, tiene un piso: en la terraza casi siempre es reguetón, en el segundo electrónica y en el primero, donde antes estaba el parqueadero, salsa. Esos son lo géneros de base, pero se extienden y se tocan con otros.
En Cincuenta pasa de todo, han acogido lanzamientos de discos, de marcas, fue la sede del Coffee Party de Feid, y por tres días fue un pedacito de Puerto Rico, por eso llegó Bad Bunny.
La idea nació en alianza con un puertorriqueño radicado en Medellín, el quería promocionar sus tripletas, y la fiesta servía como remate del concierto. Pero más allá de la visita de Bad Bunny, la anécdota da cuenta del espíritu del lugar, de su mirada atenta a lo que pasa en la ciudad.
El edificio es una especie de bodega de paredes grises, todo muy industrial, como a medio hacer, porque Cincuenta no quiere parecer nada, sino adaptarse a todo.
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–Esa ha sido nuestra apuesta, ir despacio, no tenemos afán de convertir esto en una estética, en algo de moda, este es un espacio que se adapta, que vos los podés vestir para cada evento –dice Óscar Vásquez, uno de los fundadores.
Es un sitio singular, los socios lo describen como un centro de baile, cultura y reflexión, hay fiesta de jueves a domingo, pero también hay espacios para visibilizar los talentos emergentes o para hacer actividades en colaboración o simplemente para ser sede de proyectos e ideas sin lugar fijo en la ciudad.
Aunque la oferta no es sólo de noche ni de fiesta. Poco a poco han empezado a abrir espacios para diversos talleres, charlas y más, en un formato que han llamado Buenas Prácticas.
50|50 es una suma de fuerzas, de propuestas, que empezó entre tres socios y ahora tiene más de veinte.
–Hemos hecho sociedad con la gente que vamos necesitando en el camino. Ha sido muy lindo trabajar así, porque el negocio no esta enseñando el camino, nos está llevando a algo más grande –dice Óscar.
La sede sigue siendo compartida con La Fábrica de Café, ellos ocupan una parte del primer piso y 50|50 lo demás, –el parqueadero, el segundo piso y la terraza– cada espacio tiene capacidad para 350 personas más o menos.
La apuesta del proyecto es perdurar, ser un sitio de encuentro permanente para la ciudad, sobre todo para los locales, para que los proyectos encuentre visibilidad, generen audiencia y se impulsen desde ahí.