Centenario de Rocío Vélez de Piedrahíta: madre, novelista y cronista, una voz clave de la literatura colombiana
Durante años su nombre circuló en círculos literarios, pero no siempre tuvo el reconocimiento masivo que merecía. Observadora aguda, irónica y profundamente humana, dejó una obra que atraviesa generaciones y que hoy revive como una de las más versátiles de Antioquia.
Periodista de la Universidad de Antioquia, especialista en periodismo digital en la UPB con 30 años de experiencia. Locutora y programadora de RCN Radio, reportera en Hora 13 Noticias y periodista en EL COLOMBIANO desde su página web hasta la sección de Tendencias de la que actualmente soy editora.
Ante todo, Rocío Vélez de Piedrahíta era una madre de familia, un ama de casa que también fue escritora y música, pero quien nunca sintió que era famosa o una escritora popular. “Era una mamá que publicaba libros”, dice su hija Carmen Piedrahíta Vélez quien añade que ella se dio cuenta de que su mamá era escritora cuando llegaba del colegio y la veía –en el pequeño escritorio de la biblioteca de su casa– tecleando en su máquina de escribir, pero se dio cuenta de que era una autora importante tras la publicación del libro Terrateniente (finalista del Premio Nadal de novela en 1978, considerado el premio más antiguo de España reservado a los mejores autores que escriben en español ).
Y estamos hablando del legado de Rocío Vélez de Piedrahíta porque este año se celebra el centenario de esta escritora antioqueña nacida en 1926. Su hija aclara que no es el 27 de febrero, tal y como aparece en algunas biografías digitales, sino el 5 de noviembre, según su cédula.
Rocío Vélez es uno de los nombres que rescató del olvido la Universidad Eafit cuando años atrás, su editorial, con Claudia Ivonne Giraldo a la cabeza, la incluyó en una colección de Bibliotecas de autor. Ella representaba una de las voces femeninas más importantes de la literatura local y la idea era condensar su obra que estaba dispersa por muchas partes.
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Para Juan Luis Mejía Arango, abogado, escritor, académico, exministro de Cultura y exrector de la Universidad Eafit, a la obra de Rocío Vélez le faltaba más reconocimiento y por eso, “por iniciativa de Claudia Ivonne se quería recoger la obra de autores importantísimos antioqueños que no tuvieron mucho eco en las editoriales comerciales y para evitar que esos escritores quedaran en el olvido fue que Claudia propuso esas colecciones, primero con Mario Escobar y luego con Rocío Vélez de Piedrahíta”.
Por esto, la familia está profundamente agradecida con la Universidad Eafit, porque no dejaron que la olvidaran, “la valoraron, la tuvieron en cuenta y dejaron que su obra estuviera viva, inclusive cuando estaba bien, ya mayor, pero ella se daba cuenta, le hicieron un homenaje, eso yo lo agradezco mucho”, detalla Carmen.
La herencia literaria de Rocío Vélez de Piedrahíta
Mejía Arango recuerda cómo Rocío Vélez es la continuadora de una saga familiar, “porque ella era nieta de Lucrecio Vélez Barrientos –el escritor del siglo XIX que publicaba bajo el seudónimo de Gaspar Chaverra– es decir, a pesar de que ella tuvo toda una formación clásica tenía esa vena literaria y tuvo la fortuna de que su esposo la apoyaba en eso”.
Aquí Carmen es enfática en afirmar que su padre, Ramiro Piedrahíta, respetó y apoyó siempre el trabajo de su madre y en una época machista en la que se daba poca visibilidad a las mujeres, Rocío siempre se sintió apoyada por su marido. “El la motivó y se sentía muy orgulloso de que ella escribiera, incluso fue su primer lector y le corregía la ortografía, sí, mi mamá tenía muy mala ortografía (risas), pero ella decía que lo importante era la idea y la estructura y que la ortografía se corregía después”.
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Rocío Vélez de Piedrahíta fue la primera mujer miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua y la primera mujer antioqueña en lograr esa hazaña. Fue columnista de los periódicos EL COLOMBIANO y El Mundo y colaboradora del Magazín Dominical de El Espectador y también del Suplemento Dominical de EL COLOMBIANO desde 1983 como datan nuestros archivos (la siguiente es la imagen de uno de sus primeros escritos en donde habló de La cultura antioqueña y la pérdida del liderazgo).
Su literatura abarca cuentos como El hombre, la mujer y la vaca y El pacto de las dos Rosas y también las novelas La tercera generación, La cisterna, Terrateniente, Por los caminos del sur, Muellemente tendida en la llanura y Los que se van no vuelven. Otras obras de su autoría son: Entre nos, Literatura en la Colonia: de Rodríguez Freile a Francisco José de Caldas, El sietecueros de Lía, Breve historia de Medellín, Marco Fidel Suárez y Luciano Pulgar y El diálogo y la paz mi perspectiva.
Entre esas obras hay varios puntos que destacar. Para Mejía Arango es su interés por la literatura infantil, “por acercar la literatura a las nuevas generaciones, no solamente como escritora, sino como guía, también su participación siempre en el concurso de literatura infantil en Enka y todo eso es una faceta muy importante”.
Carmen añade que esa Guía de literatura infantil debería ser una lectura obligatoria en los colegios “porque otra de las características de mi mamá y de sus intereses eran los cuentos infantiles y ese libro es una guía no solo para alumnos, sino también para profesores, para que los niños lean con calidad”.
Un carácter muy propio el de Rocío Vélez
Al hablar del estilo de escritura de Rocío Vélez de Piedrahíta convergen varios puntos. “Escribía con mucha ironía, mucho humor, era una persona observadora hasta morir y fue muy defensora de las mujeres y eso lo vine a descubrir hace como siete años, porque ella no hablaba de eso, pero en sus textos habla de las mujeres de la familia, las que trabajan en las casas y tiene unas descripciones muy detalladas de esas cosas que hay detrás de bambalinas, que nadie observa”, cuenta Carmen.
Para Esteban Duperly, actual Jefe de la editorial Eafit –que actualmente tiene siete libros de Rocío publicados y que se pueden conseguir en la librería Acentos de la universidad o en las librerías independientes de Medellín–, ella era una gran escritora, supremamente versátil, “a mí su prosa me fascina, es ingeniosa, ligeramente irónica y escribía con mucho humor”.
Juan Luis Mejía resalta que, desde el punto de vista literario, era una mujer que no se contentaba con lo escrito hasta ese momento sino que trataba de renovarse y reinventarse, “y por eso uno no puede clasificar en un solo género o un solo estilo sus escritos y además tocó temas importantes como la colonización antioqueña en el Bajo Cauca con Terrateniente, por ejemplo”.
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Pero otra faceta que destacan de Rocío Vélez es el haber sido una mujer de paz. Ella fue comisionada en el proceso de paz impulsado por Belisario Betancur entre 1982 y 1986. De ahí nació una de las más recientes publicaciones de la editorial Eafit, el libro El diálogo y la paz, mi perspectiva, que como aclara Dupely no es ni una novela ni un cuento, “sino que son las memorias de ese proceso de paz. El libro apareció por primera vez en 1988 con Tercer Mundo Editores y nosotros lo reeditamos. Es un libro muy valioso que presentamos el año pasado en la Fiesta del Libro para mostrar la autora versátil que era ella y que es un recuento de ese proceso, escrito con su prosa, un libro muy sui generis”.
Cuenta Carmen que justo ese texto la hizo entender por qué llamaron a su mamá para esta misión, “porque el que se interesaba en política era mi papá, pero es que aquí Belisario Betancur necesitaba alguien que escribiera, que con sus ojos viera lo que los demás no veían y lo registrara. Este libro está lleno de anécdotas y de la parte humana de un proceso como este. Ella describía qué había en la mesa desde una botella de coñac hasta la comida, cómo dormían, cómo era todo alrededor, era toda una narradora que también le añadió un poco de humor a este relato”.
Cuando le preguntaron a Rocío por qué escribió ese libro dijo en su momento que la confusión que hubo sobre las comisiones fue total, “y para un lector cuidadoso de prensa, inexplicable porque no hubo acuerdos ni pactos secretos. Pero se creó la suspicacia de que había datos escondidos y se tejieron cuantas leyendas se pueda imaginar; se distorsionó una opinión ávida de ser distorsionada”.
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Tanto para su hija como para Mejía Terrateniente es una de sus grandes obras, “la novela la armó ella pero entrevistó a cantidades de ganaderos y varias personas que secuestraron en esa época. Mi tía estaba casada con un ganadero en el Cesar y ella iba mucho allá y habló con muchos de estos finqueros”, en la primera edición de este libro los nombres de los protagonistas son diferentes por seguridad, pero ya en la segunda ella les pidió permiso para poner los originales, “porque ella entrevistó a mucha gente que contó su experiencia con la violencia”.
Roció Vélez de Piedrahíta murió en enero de 2019 y dejó un legado vital para la literatura antioqueña. “Nunca se sintió famosa, tenía su grupo de amigos intelectuales y sabía que en Medellín la conocían los escritores, pero hasta ahí”, concluyó Carmen.
Que sea este centenario la oportunidad de conocer a una voz literaria local que fue mucho más grande de lo que ella misma imaginó.