Mundial 2026

El carnaval que rompió la calma: así se vivió el banderazo de Colombia antes de Ghana

Cientos de colombianos cambiaron la tranquilidad de Kansas City este jueves previo al duelo de Colombia frente a Ghana por los dieciseisavos a final del Mundial 2026.

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Comunicador Social-Periodista bilingüe (inglés y español). He trabajado en Radio Bolivariana, RCN y Telemundo. Hago parte de EL COLOMBIANO. Recibí premios Ovations de la NBC. Lideré el sitio web hispano de NBCOlympics.com para los Olímpicos de Beijing 2008, edité y establecí el contenido de video original para la programación en web de la Selección Mexicana en Medios Digitales de Telemundo. Responsable de la gestión editorial de la portada de yahootelemundo.com. Enviado especial al Mundial de Rusia 2018, la Copa América en Chile 2015, los partidos de clasificación al Mundial de la Selección Colombia, la Asamblea General de la ONU en 2009, y el rescate de los 33 mineros en Chile.

hace 28 minutos

Cientos de compatriotas se agolparon en el hotel de concentración para darle la voz de aliento, la misma que recibió en Ciudad de México, Guadalajara y Miami.

En medio de la soledad de las calles de esta ciudad, los cánticos, las vuvuzelas, los tambores y la parafernalia se tomaron las calles, lo que asombró a las autoridades y la gente local. Incluso el tranvía y los carros de bomberos pasaban y paraban y se unían con sus pitos y sirenas a la alegría tricolor.

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Mientras tanto, en una de las ventanas del hotel había una bandera tricolor y los aficionados especulaban que esa era la habitación de James.

Incluso varios americanos curiosos se unieron al festejo. Había banderas de todos los tamaños, pelucas y camisetas. Una comunión especial para que Colombia sintiera una vez más ese cariño que se ha convertido verdaderamente en el jugador número 12 en este Mundial.

“Y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez”, era uno de los cánticos y no se equivocaban porque verdaderamente será así y este viernes Colombia será nuevamente local en el estadio de Kansas desde las 8:30 p.m., cuando enfrente a Ghana.

El día en que Kansas City se vistió de tricolor

Kansas City, jueves. El silencio habitual de las calles de Kansas City, una ciudad acostumbrada a su propia calma y a un ritmo de vida apacible, se rompió en mil pedazos este jueves. No fue un tornado ni una alerta de emergencia; fue un huracán amarillo, azul y rojo. Cientos de colombianos se encargaron de sacudir la tranquilidad de esta urbe estadounidense a pocas horas del crucial duelo ante Ghana por los dieciseisavos de final del Mundial 2026.

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La cita clandestina, que pronto se convirtió en un festival a cielo abierto, tuvo un epicentro claro: el hotel de concentración de la Selección Colombia. Hasta allí se agolpó una marea humana dispuesta a entregarle al equipo ese último aliento, esa inyección de energía que ya se ha vuelto una hermosa costumbre en esta cita mundialista. Lo que pasó en Ciudad de México, Guadalajara y Miami no fue una excepción; era el preludio de lo que se viviría hoy aquí.

Un carnaval que asombró a los locales

De repente, la soledad gris del asfalto se inundó de parafernalia. Los cánticos populares, el retumbar de los tambores y el agudo e inconfundible sonido de las vuvuzelas se adueñaron del ambiente. Las autoridades locales y los residentes, que miraban al principio con desconcierto desde las aceras, no tardaron en contagiarse de la fiesta.

El asombro mutó en complicidad: el tranvía de la ciudad detuvo su marcha por unos instantes para sumarse al bullicio con su campana, y hasta los carros de bomberos que pasaban por la zona encendieron sus sirenas, fundiéndose en un solo eco de alegría con el pueblo colombiano. Incluso, varios estadounidenses curiosos, contagiados por la vibrante energía, terminaron saltando y celebrando al lado de los fanáticos.

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Había banderas de todos los tamaños, pelucas extravagantes y camisetas de todas las épocas. Una comunión especial y única diseñada para que los jugadores sientan que, sin importar la distancia geográfica, nunca están solos. La hinchada se ha convertido, verdaderamente, en el jugador número 12 de este Mundial.

La ventana de la ilusión

En medio del desorden organizado, las miradas de la multitud se clavaron de repente en la fachada del hotel. En una de las ventanas del piso alto, una bandera tricolor colgaba de manera impecable. El detalle desató la locura y la especulación entre los aficionados:

“¡Esa es la habitación de James!”, gritaba un hincha emocionado, mientras decenas de teléfonos apuntaban hacia el vidrio con la esperanza de captar el saludo del “10”. Si era o no su cuarto, poco importaba; la ilusión ya estaba sembrada.

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Hacia el final de la tarde, un solo grito unísono retumbó entre los edificios de Kansas: “Y ya lo ve, y ya lo ve, ¡somos locales otra vez!”.

Y no se equivocan. El fútbol dirá su última palabra este viernes a partir de las 8:30 p.m., cuando ruede el balón frente a Ghana. Pero antes de que se jueguen los 90 minutos, la hinchada ya ganó su propio partido: Kansas City ya habla español y, por unas horas, se transformó en un rincón más de Colombia.

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